A partir de los 20 meses, 8 de cada 10 niños suelen pasarse a la cama. Foto: Archivo Atlántida / Para Ti Mamá.
A partir de los 20 meses, 8 de cada 10 niños suelen pasarse a la cama. Foto: Archivo Atlántida / Para Ti Mamá.

"¡Al fin solos!".
"¡Cómo extrañaba dormir boca abajo!".
"Voy a poder mirar tele hasta la hora que quiera".
Y sí, el tiempo pasa, y llegó el momento en que tu pequeño empezó a dormir en su propia habitación. Y ustedes felices, porque no hay nada más lindo que ver crecer a un hijo. Aunque de pronto, una noche, y otra, y otra…. ¡comenzó a dormir entre ustedes dos nuevamente!

Según la pediatra Celeste Celano, las estadísticas arrojan que 8 de cada 10 niños, suelen tener este hábito a partir desde los 20 meses, que es cuando tienen cierta autonomía motriz.

La especialista cuenta que el niño que se pasa de cama, tiende a hacerlo sistemáticamente todas las noches, generando un hábito. Esto por supuesto varía en función de algunos factores personales ya que cada chico tiene diferentes etapas de sueño que lo llevan a distintos despertares nocturnos.

Cuando despiertan por las noches e identifican que están "lejos de mamá y papá" es cuando, generalmente, van corriendo a la otra habitación. "Este tipo de conductas o hábitos tiene una intrínseca relación con la dinámica familiar, los horarios de trabajo de los padres, la asistencia o no a guarderías, horarios escolares y rutinas en general", indica la profesional.

Cuando despiertan por las noches e identifican que están ‘lejos de mamá y papá’ es cuando generalmente van corriendo a la otra habitación.

MOTIVOS POSIBLES

Los más frecuentes, esperables y no patológicos suelen ser varios: miedo a la oscuridad, inseguridad, soledad o simplemente el deseo de querer pasar más tiempo con papá y mamá.

"Es tarea de los padres y eventualmente del pediatra, descubrir los motivos. El diálogo y el juego son dos herramientas clave para detectar o visualizar las causas", sostiene la asesora. Y continúa: "Cada uno conoce a su hijo y lo conveniente es buscar un espacio de diálogo en familia para que se pueda expresar y manifestar lo que le sucede". Para la experta, esta es una manera de interiorizarnos en su mundo e identificar los problemas con mayor facilidad.

PLAN DE ACCIÓN

Una vez identificado el motivo, hay que trabajar para erradicar esta práctica porque, por un lado, puede perjudicar el desarrollo del pequeño, haciéndolo más dependiente e inseguro, y por el otro, obstaculiza la relación de pareja, que también necesita tiempo y espacio para su propia intimidad.

"No hay razones para preocuparse sino más bien razones para ocuparse de criar niños sanos e independientes. Lo más importante es reconocer que los cambios no suceden de un día para otro y siempre requieren de constancia y paciencia", señala Celano, quien aconseja que por más difícil que sea, lo ideal es regresarlo a su cama cada vez que se pase.

Por las noches esto cuesta porque los papás estamos cansados. Por eso es importante anticiparse y trabajar el tema con el niño durante el día, reforzando la confianza en sí mismo y su autoestima. Y concluye: "En el caso de que lloren o no quieran volver a su cama, una forma de recobrarles la seguridad es quedarse un ratito con ellos, cantarles una canción o hacerles saber que no están solos".

INCENTIVOS

Si bien no hay una serie de ítems específicos para evitar esta situación, la Dra. Celano nos da algunos consejos para que quieran dormir en su habitación:
• Que tenga sus juguetes y objetos cotidianos para que se sienta familiarizado con el espacio.
• Colgale sus dibujos en las paredes.
• Aplicá el uso de premios: cada vez que duerma solo, al otro día hagan algo que le guste, como jugar en la plaza un rato más, o ver una película juntos.

Por Milagros Mignaquy / Asesoró: Dra. Celeste Celano, pediatra del Sanatorio Modelo de Caseros, M.N. 127.066.

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