Ya no queda nada para que se inicie la visita del papa León XIV a la Argentina. Creo que cada uno de nosotros, cada persona que vive en nuestro territorio, tiene el corazón dispuesto para recibirlo. Durante muchos años anhelamos la visita del papa Francisco a su tierra natal. Ahora tenemos la posibilidad de recibir a su sucesor, y creo que debemos hacerlo con la misma alegría y con la capacidad de abrirnos a lo que viene a decirnos.
No será una visita solamente para los fieles católicos. Algunos de los grandes temas que viene planteando León XIV nos interpelan a todos. La paz, en un mundo atravesado por conflictos, el cuidado de la ecología y los desafíos que plantea la inteligencia artificial, sus valores éticos y sus límites, son cuestiones que atañen a la conciencia y a los intereses de toda persona de buena voluntad.
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Quizás por eso el lema elegido para esta visita resulta tan significativo: “Todos, todos, todos, vayan y anuncien”. Es una invitación que no deja afuera a nadie. El Papa viene a encontrarse con el pueblo argentino, con sus distintas realidades, sus preocupaciones y también sus esperanzas.
Es auspicioso también ver cómo, para hacer posible este encuentro, se ha unido el trabajo de distintos sectores. Con el previo acuerdo y acompañamiento de la Santa Sede, participan el gobierno nacional, los gobiernos provinciales que recibirán al Santo Padre, la ciudad de Buenos Aires y los municipios involucrados de la ciudad de Córdoba y Luján. También es importante que las invitaciones se hayan extendido a personas y espacios diversos.
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En un país donde tantas veces nos cuesta encontrarnos, esta dinámica que la visita de León XIV va suscitando puede ser, en sí misma, un mensaje. Ojalá estos días nos ayuden a descubrir nuevamente la necesidad de juntarnos, de encontrarnos y de ser comunidad.
Seguramente veremos multitudes en las calles, familias reunidas, jóvenes, personas mayores y gente de distintos lugares compartiendo una misma expectativa. Pero el verdadero desafío será que ese encuentro no termine cuando el Papa suba nuevamente al avión.
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Ojalá su visita deje en la Argentina el deseo de seguir buscando aquello que nos une. No significa pensar todos igual ni dejar de lado nuestras diferencias. Una comunidad no se construye eliminando las distintas miradas, sino aprendiendo a convivir y a trabajar juntos aun cuando no coincidamos en todo. Una Argentina que muestra su mejor rostro y que está dispuesta a participar con alegría de la venida del Santo Padre.
Tenemos una gran oportunidad por delante. No solamente la de ver y escuchar a un Papa después de tantos años, sino la de recibir un mensaje que puede ayudarnos a mirar un poco más allá de nuestras diferencias.
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Ya estamos listos para recibirlo. Ojalá también estemos dispuestos a escucharlo.
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