
En un contexto de corrección de precios relativos en la economía argentina, en el que se ajustan distorsiones acumuladas durante décadas de inflación crónica y subsidios, las empresas enfrentan márgenes de rentabilidad cada vez más comprimidos.
La apertura gradual, la mayor competencia externa y la necesidad de ganar eficiencia interna convierten a la productividad no en una opción, sino en una condición de supervivencia. Las pyme, que representan la columna vertebral del tejido productivo nacional, deben transitar hacia modelos de producción y gestión que agreguen valor real en cada eslabón: desde los procesos internos de trabajo hasta la distribución y la comercialización de bienes y servicios.
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La productividad no se mide solo por producir más con menos recursos, sino por eliminar desperdicios y generar valor que el cliente esté dispuesto a pagar. En ese marco, entran en juego conceptos probados globalmente que las pyme pueden adoptar de forma escalonada y con bajo costo inicial.
Las pyme, que representan la columna vertebral del tejido productivo nacional, deben transitar hacia modelos de producción y gestión que agreguen valor
Una forma de ordenar esa transición es combinar disciplina operativa, gestión de calidad y una digitalización pragmática, alineadas con un diagnóstico inicial y una hoja de ruta que permita sostener mejoras en el tiempo.
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Lean Manufacturing y eliminación sistemática de desperdicios
Taiichi Ohno, padre del Sistema de Producción Toyota (TPS) y creador del pensamiento Lean, lo resumía con claridad: “Todo lo que hacemos es observar la línea del tiempo, desde el momento en que recibimos una orden hasta el punto en que recogemos el dinero. Y reducimos esa línea temporal eliminando los desperdicios que no aportan valor”.
En una pyme argentina, esto implica mapear el flujo completo (Value Stream Mapping) e identificar las siete grandes pérdidas:
- sobreproducción,
- esperas,
- transportes innecesarios,
- sobre procesamiento,
- inventarios excesivos,
- movimientos inútiles,
- defectos y talento subutilizado.

Aplicar Just-in-Time (JIT) y Kanban permite producir solo lo que demanda el mercado y liberar capital inmovilizado en stocks. En un escenario de tasas de interés altas y financiamiento caro, reducir inventarios es dinero fresco en caja. Combinado con 5S (orden y limpieza) y Kaizen (mejora continua), esto puede generar resultados rápidos: Ohno insistía en que “si no hay estándar, no puede haber Kaizen”. Sin estándares claros, cualquier mejora tiende a ser efímera.
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Calidad, mantenimiento y prevención de errores
W. Edwards Deming, referente de la calidad total, enseñaba que “la calidad no cuesta, libera”. Herramientas como Poka-Yoke (a prueba de errores) y TPM (Mantenimiento Productivo Total) involucran a los operarios en el cuidado de máquinas, reducen paradas no planificadas y elevan el OEE (Overall Equipment Effectiveness), un indicador clave de productividad.
Six Sigma y su ciclo Dmaic (Definir-Medir-Analizar-Mejorar-Controlar) complementan el enfoque Lean al atacar la variabilidad con datos. Para las pyme, la combinación Lean Six Sigma puede ser especialmente útil cuando el foco es estabilizar procesos, reducir reprocesos y sostener calidad.
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Digitalización e Industria 4.0: adopción pragmática
La transición no se limita a herramientas tradicionales. La integración con tecnologías modernas es un componente relevante: un ERP accesible (como Odoo) unifica planificación de materiales (MRP), producción, finanzas y ventas. Sensores IoT habilitan mantenimiento predictivo.
La Inteligencia Artificial y la analítica predictiva ayudan a anticipar demanda y optimizar rutas de distribución. El gemelo digital permite simular cambios sin detener la planta.
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La Inteligencia Artificial y la analítica predictiva ayudan a anticipar demanda y optimizar rutas de distribución
Peter Drucker, referente del management moderno, advertía: “Hasta que no sepamos gestionar el tiempo, no podremos gestionar nada más” y “es más productivo convertir una oportunidad en resultados que resolver un problema”.
En Argentina de 2026, la oportunidad está asociada a la corrección de precios relativos: energías y logística con valores más reales obligan a ser más eficientes; y la apertura exige competir en calidad y precio con importados.
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Pendientes estructurales de la competitividad local
Persisten brechas:
- bajo nivel de productividad laboral comparado con países OCDE,
- alto “costo argentino” (energía, logística, impositivo y regulatorio),
- escasa adopción tecnológica en pyme,
- informalidad y dificultades de acceso a financiamiento para inversión productiva.
- La volatilidad macrohistórica generó una cultura de supervivencia más que de excelencia.
- Muchas empresas crecieron bajo proteccionismo y ahora deben reaprender a competir.
La volatilidad macrohistórica generó una cultura de supervivencia más que de excelencia
En este marco, agregar valor se vuelve estratégico: no solo en producción, sino en diseño, logística eficiente, experiencia de cliente y sostenibilidad (economía circular). Quien no eleve su productividad quedará fuera del juego: márgenes comprimidos no toleran ineficiencias.
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Hoja de ruta práctica
- Diagnóstico inicial: VSM más medición de OEE.
- Base cultural: 5S más Kaizen diario con involucramiento de todo el equipo.
- Optimización operativa: SMED (cambios rápidos), JIT y Poka-Yoke.
- Gestión integrada: implementar ERP simple más KPI visuales.
- Transición digital: IoT básico, analítica y automatización selectiva.
- 6. Enfoque estratégico: Lean 4.0 más sostenibilidad para diferenciarse.
La frase de Ohno sigue vigente: “El peor de todos los problemas es no tener problemas”. Las empresas que no sientan la presión competitiva hoy y no actúen, mañana pueden no tener margen para reaccionar. La productividad es la herramienta que permite a las pyme argentinas no solo sobrevivir a la corrección de precios relativos, sino liderar un nuevo ciclo de crecimiento con mayor valor agregado.

La transición competitiva exige pasar de una lógica de “hacer más con más” a “hacer mejor con menos, agregando valor en cada paso”. Las que lo logren capturarán los frutos de una economía que, lentamente, se normaliza.
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No es necesario abordar todos los procesos ni todas las herramientas al mismo tiempo ni de forma conjunta. Lo necesario es abordar los procesos y seleccionar qué procesos y herramientas de mejora se van a implementar. No hacerlo tiene un costo muy elevado. Encararlo tiene un beneficio tan elevado como su omisión.
El autor es Analista Económico y director de Focus Market
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