El Sudeste Asiático ante la competencia en el Indo-Pacífico

La pugna entre Estados Unidos y China define el entorno estratégico de la región y reduce el margen de acción de los países de la ASEAN

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La ASEAN reúne desde octubre de 2025 a once Estados tras incorporar a Timor-Leste y concentra más de 680 millones de habitantes y un PIB nominal cercano a 3,9 billones de dólares BRENDAN SMIALOWSKI/Pool vía REUTERS
La ASEAN reúne desde octubre de 2025 a once Estados tras incorporar a Timor-Leste y concentra más de 680 millones de habitantes y un PIB nominal cercano a 3,9 billones de dólares BRENDAN SMIALOWSKI/Pool vía REUTERS

El Sudeste Asiático es una de las regiones donde la competencia entre Estados Unidos y China se expresa con mayor claridad. La redistribución de poder entre ambas potencias y sus visiones contrapuestas del orden regional aumentan la presión sobre los Estados de la región y constriñen su margen de acción. Sin embargo, éstos no permanecen pasivos. Sus gobiernos articulan estrategias propias y diferenciadas para adaptarse a un entorno cada vez más competitivo y restrictivo.

La Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) reúne desde octubre de 2025 a once Estados, tras incorporar Timor-Leste. Con más de 680 millones de habitantes y un PIB nominal cercano a los 3,9 billones de dólares en 2024, es un actor económico de primer orden. Sus miembros, no obstante, difieren significativamente en cuanto a nivel de desarrollo, intereses marítimos, regímenes políticos y relaciones exteriores.

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A su vez, China viene siendo desde 2009 el principal socio comercial de la ASEAN y ocupa, para la mayoría de sus miembros, una posición central como mercado, inversor y proveedor de infraestructura. Por su parte, Estados Unidos sigue siendo un socio comercial importante y desempeña un papel decisivo en materia de seguridad regional.

Washington mantiene alianzas formales con Filipinas y Tailandia y una cooperación estrecha en defensa con Singapur, sin alianza formal. Vietnam, Indonesia y Malasia diversifican sus socios de seguridad, mientras Camboya y Laos mantienen relaciones especialmente estrechas con China.

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Así, es la competencia global entre Estados Unidos y China lo que estructura, en lo regional, el entorno estratégico de la ASEAN. Por ello, las crecientes expectativas de alineamiento que plantean a los países de la región el reto de gestionar un difícil equilibrio, mientras la heterogeneidad interna limita la capacidad de la organización para articular consensos, que suelen adoptar fórmulas de mínimos.

Un claro ejemplo se encuentra en el Mar de China Meridional. Allí se muestra cómo el entorno geopolítico constriñe el margen de acción regional, evidencia los límites de la ASEAN y confirma su valor para sostener la interlocución y preservar agencia propia. Su relevancia deriva de sus recursos pesqueros y energéticos y de su función como corredor marítimo.

En 2024, según CSIS, por los ocho principales estrechos vinculados a este espacio circularon bienes por un valor que podría alcanzar los 6,4 billones de dólares. Asimismo, según datos de la Administración de Información Energética estadounidense, en 2023 transitaron por estas aguas 10.000 millones de barriles de petróleo y derivados, además de gas natural licuado equivalente a unos 190.000 millones de metros cúbicos de gas natural.

En la zona se superponen disputas territoriales sobre formaciones marítimas y reclamaciones sobre los derechos que estas pueden generar. Filipinas, Vietnam, Malasia y Brunéi mantienen reclamaciones superpuestas, y Taiwán conserva una reclamación histórica vinculada a la República de China, aunque su posición actual debe distinguirse de la de Pekín.

Justamente es la reclamación de China la que tiene mayores implicaciones controversias regionales, dado que se haya articulada mediante la “Línea de los Nueve Trazos”, sin coordenadas precisas y superpuesta con zonas económicas exclusivas de varios Estados.

En este mes se cumplió una década del laudo emitido en 2016 por un Tribunal Arbitral constituido conforme al Anexo VII de la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar y administrado por la Corte Permanente de Arbitraje en el procedimiento iniciado por Filipinas contra China en 2013.

Sin pronunciarse sobre la soberanía territorial, concluyó que los derechos históricos reclamados por China dentro de esa línea carecen de efecto jurídico cuando exceden los previstos por la Convención. Pekín rechazó el procedimiento y el laudo, y mantiene una presencia sostenida mediante guardacostas, embarcaciones oficiales e instalaciones construidas y militarizadas en varias formaciones marítimas.

Para las potencias intermedias y los Estados pequeños de la región, el Derecho del Mar es esencial para preservar la libertad de navegación, proteger zonas económicas exclusivas, ordenar la explotación de recursos y dificultar cambios unilaterales del statu quo mediante la coerción.

El caso también expone los límites de la ASEAN: su heterogeneidad y los distintos grados de exposición a China dificultan la articulación de respuestas comunes firmes. Aun así, la organización mantiene canales de diálogo y en mayo de 2026 reiteró su compromiso con avanzar hacia un Código de Conducta efectivo, sustantivo y conforme al derecho internacional.

Por otra parte, los Estados del Sudeste Asiático aplican estrategias diversas ante este entorno. Vietnam amplía sus vínculos con Estados Unidos, Japón, Corea del Sur y la Unión Europea sin convertir esa apertura en una alianza formal ni descuidar la relación con China.

Malasia aprovecha la reorganización de las cadenas de semiconductores para atraer inversión y avanzar hacia actividades de mayor valor añadido, mientras recurre a proveedores chinos para desplegar su segunda red 5G.

Filipinas, ante una presión marítima más directa, refuerza la cooperación de seguridad con Estados Unidos y Japón. Indonesia utiliza sus recursos minerales y su peso económico para atraer socios y desarrollar la industria de baterías, dentro de una política exterior que reivindica el no alineamiento.

Son respuestas distintas, orientadas a ampliar opciones y evitar que una dependencia sectorial determine el conjunto de la política exterior. Al mismo tiempo, otras potencias y actores regionales también conceden mayor importancia estratégica al Sudeste Asiático.

Japón ha intensificado su relación con la ASEAN mediante inversión, infraestructura y cooperación marítima, incluido el Acuerdo de Acceso Recíproco con Filipinas, en vigor desde septiembre de 2025. Tokio defiende asimismo la libertad de navegación y el respeto al derecho internacional marítimo.

Corea del Sur ha elevado su perfil en comercio, manufactura avanzada, economía digital, cadenas de suministro y defensa; en 2024 fue el quinto socio comercial de la ASEAN y su séptima fuente de inversión extranjera directa. La Asociación Estratégica Integral ASEAN-Corea del Sur, establecida ese año, ofrece un marco para profundizar la cooperación en seguridad y ámbitos emergentes.

Taiwán, con menor margen diplomático, articula su “Nueva Política hacia el Sur”, centrada en comercio, inversión, tecnología, educación y movilidad de talento para diversificar mercados.

Para Argentina y América del Sur, la región adquiere también mayor importancia económica. Entre enero y mayo de 2026, el comercio argentino con la ASEAN dejó un superávit de 2.173 millones de dólares, con exportaciones de 3.850 millones. En 2025, la ASEAN fue el principal destino de la harina, los pellets de soja y el maíz argentinos.

Los Estados del Sudeste Asiático operan en un entorno cada vez más restrictivo. La ASEAN ofrece una infraestructura diplomática difícil de reemplazar, aunque todavía limitada. Su reto para la próxima década será fortalecer la cooperación entre sus miembros, sostener posiciones comunes cuando sea posible y seguir articulando una voz regional propia frente a crecientes presiones y tensiones producidas por la competencia en el Indo-Pacífico.