
Ya llegaron al mercado y listos para usar en cada familia, los robots humanoides Optimus con un desarrollo inspirado en la biología humana y que, afirman, tendrán la capacidad de estar en casa, enseñar a los niños y hasta jugar con ellos. El prototipo Baby Grok es actualmente más ligero y presenta interacciones seguras y entretenidas. La velocidad de los avances tecnológicos, ya logró superar la dureza tosca de los robots tradicionales, y sus diseños cuentan con formas dinámicas de texturas suaves y acolchonadas. Contaran con la programación de nuestros gestos, olores, gustos y la sonoridad de las prosodias familiares. Podrán identificar hasta las micro expresiones faciales y el tono de voz, detectando así los signos de estrés, las frustraciones y enojos de nuestros pequeños. Estos sistemas inteligentes, lograrán activar estímulos sensoriales como sonidos blancos y fragancias relajantes para ayudar a calmar y restaurar así, su equilibrio emocional.
Podríamos imaginar que, hasta los predicamentos del cambiado del pañal, el momento de la comida, el entretenimiento y la hora del sueño de nuestros hijos ¡ya no serán una pesadilla! ¡Cómo no quedar encandilados con estas novedades tan fascinantes! Pero estas luces tan fuertes y seductoras, ¿nos dejarán mirar lo suficientemente bien?
Lo indelegable
Somos con otros. La constitución de un niño es ineludible de la presencia de un otro que acompaña y está disponible. Si no hay humanidad en ese prototipo, no hay entonces posibilidad de habitar el lenguaje que dona el amor incondicional que nutre, cobija y construye la vida emocional, relacional y espiritual de nuestros hijos. Las funciones de cuidado son indelegables. Es por ello que no podemos menospreciar lo que hace una mamá con su bebe, porque cuando ella acurruca y sostiene a su hijo, hay algo que se tiene que dar en una singularidad de corazón a corazón para que advenga un niño y se constituya. El cariño de ese abrazo, transporta la textura del querer.

La lógica de un algoritmo da una respuesta general, que incluso con el tiempo podría ser cada vez más certera. Pero el discurso del sujeto responde a otra lógica. ¿Con qué capacidades contará un robot humanoide para proporcionar alivio al sufrimiento, al padecimiento y al dolor? ¿le diríamos a nuestro pequeño que se vaya a llorar al regazo de la IA?
Si un bebé construye su subjetividad con otro sujeto, entonces, un objeto humanoide ¿en qué transforma a ese bebé?
Mientras más aumenta la tendencia virtual en nuestras vidas cotidianas, más tendemos a humanizar y a personalizar los objetos. Es por eso que comenzamos a creer, que una cara es igual a un rostro, que la vista es igual a la mirada, que tocar, es lo mismo que acariciar.
Asistimos a un tiempo en donde lo humano es objeto de mercado y la niñez está en la primera fila de todas las marquesinas. La crianza entre celulares que circulan como juguetes, las agendas abultadas, la aceleración de los ritmos de la infancia y, por sobre todo, la falta de tiempo de juego, está llevando a nuestros hijos hacia una tragedia prematura de desnutrición emocional.
Si en las relaciones humanas desde el cachete con cachete, se construye la vida emocional de un niño ¿puede la carencia de afecto provocar secuelas psicológicas graves?
La afectividad IA
A medida que los prototipos humanoides avanzan, surge la pregunta de hasta qué punto pueden complementar el cuidado infantil. ¿Qué podría suceder si nuestros pequeños comenzaran a quedar por momentos “al cuidado” de estas nuevas tecnologías?

Ya se lo preguntaba hace varios años Rene Spitz, pionero en el estudio del desarrollo infantil temprano, conocido por demostrar la importancia crucial del vínculo afectivo madre- hijo. Su impacto transformó el debate sobre los cuidados de la infancia, en la Academia de Medicina de Nueva York. Trabajó con grupos de niños criados con la asistencia en forma más anónima, con lazos parcialmente afectivos. Sus investigaciones destacaban las siguientes características: “… eran empleadas que tan sólo cumplían una función de higienizar y alimentar…” “...Parecía que estuvieran simplemente presentes y sin embargo tan ausentes…” El cuadro clínico que observaban en estos niños, se caracterizaba por presentar severos trastornos psicofisiológicos. En su fase inicial con llanto continuo, agitación y desesperanza, hasta una fase posterior de interrupción del llanto, permanencia con los ojos inexpresivos, indiferencia por el entorno, poco apego y problemas a nivel intelectual, comunicativo y motor. El autor afirmaba que esta sintomatología derivaba directamente de la privación parcial de afecto durante la primera infancia, pudiendo llevar hasta el límite de la muerte.
Se fue comprendiendo que este trato sin afecto, producía en los niños grandes daños. Podemos pensarlo grave que sería, el efecto de las funciones de cuidado, en manos de fríos prototipos repletos de algoritmos.
Lo que nos hace humanos, son las diferencias que se imprimen en cada hijo y el misterioso valor de lo que ese hijo, representa para esa mama, ese papa y su familia. La cucharita que vuela como un avión hasta la boca del pequeño, no puede ser un procedimiento programado con simulación de cariño. Esa donación de amor tiene que tener residencia en el corazón del otro.
SIMULADORES DE SALUD MENTAL
El postulado más importarte de las empresas detrás de estos proyectos, es que “la seguridad estará siempre en el centro del diseño”. Me pregunto ¿cuáles serán entonces, las seguridades que necesitan nuestros pequeños para su constitución y desarrollo saludable?
Lanzar una pelota, agitar un juguete, activar una melodía o replicar con voces familiares “lo estás haciendo bien” a través de un prototipo humanoide, no son un juego, son una simulación de juego.

Jugar es entrar en relación con otro y consigo mismo. Es por eso que cuando un niño inventa su propio juego, puede hacerlo, porque primero ha sido jugado por otro, su mama, su papa y de toda su familia. Sobre esas escenas de juego, el pequeño se irá convirtiendo en un sujeto, construyendo con el otro el armado de su yo y el despliegue de todas las áreas del desarrollo.
Es jugando, como un niño crece sano, fuerte y feliz. Allí radican todas sus seguridades porque el juego corresponde a la salud.
Es por eso que, si el juego en un niño se repliega, entran en vulnerabilidad todos los despliegues del desarrollo y el armado de los procesos más importantes para crecer, poniendo en riesgo su salud mental.
Últimas Noticias
Lecciones a sacar del fallo en el juicio por YPF, y equívocos a disipar
Para aportar de forma positiva a la cultura jurídica argentina, se deberían evitar las lecturas apresuradas, parciales y exitistas

Nínawa, “vocera de la Santísima Trinidad”
Fue haciéndose cada vez más divina cuanto más humana aparecía, al punto de aparecer como “una trabajadora más” en la Viña del Señor

¿Cuán sostenible es el superávit fiscal?
Sin avances en la eficiencia estatal ni estímulos a la inversión, el ajuste basado en licuación de gastos y caída de ingresos amenaza la continuidad del excedente de caja logrado por el Gobierno

La paz fallida: lo que el mundo no aprendió de Freud y Einstein
A casi un siglo de su intercambio, los intelectuales siguen ofreciendo una clave incómoda y actual: la guerra no es solo un problema institucional, sino también una expresión de la condición humana que el derecho y la política no logran domesticar del todo

Penalización de las falsas denuncias: necesaria, pero insuficiente
Hace pocos días, la Comisión de Justicia y Asuntos Penales del Senado emitió dictamen favorable respecto de un proyecto de ley que modifica el Código Penal introduciendo agravantes en los delitos de falsa denuncia, falso testimonio y encubrimiento cuando se refieren a denuncias de violencia de género, o sexual o contra menores de edad




