Luego de varios meses de recuperación tras la profunda recesión provocada por el ajuste inicial del Gobierno, los últimos datos del Indec del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de enero 2026, mostraron que la economía amaga salir del estancamiento, aunque a un ritmo suave al observado durante la primera etapa del rebote. La actividad ya no cae, pero sube con una tasa mensual desestacionalizada moderada, consolidando una clara desaceleración respecto de los meses de mayor recuperación.
El EMAE es un promedio de todos los sectores productivos. La variación interanual fue positiva en 1,9%, con Agricultura, Ganadería y Pesca subiendo 25,1%, Minería 9,6%, Intermediación Financiera 7,7% y Pesca 50,8%. Cinco sectores presentaron crecimientos menores al 1% anual y otros cinco, caídas que van del 2,2% al 3,2 por ciento.
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Lo que se observa es que son pocas las ramas de actividad que empujan al índice general, con la mayoría mostrando avances marginales o retrocesos. El debate es si este comportamiento respondía a un cambio en la estructura productiva o si existía una distorsión cambiaria que generaba una recuperación dispar y concentrada.
Cinco sectores presentaron crecimientos menores al 1% anual y otros cinco, caídas que van del 2,2% al 3,2 por ciento
El fenómeno del rebote del EMAE se explica porque luego de una caída violenta, como la ocurrida a principios de 2024, era natural que sucediera una recuperación técnica tras la estabilización parcial de variables macroeconómicas. Pero recuperar parte de lo perdido es distinto a alcanzar una etapa de crecimiento genuino y sostenido.
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A partir de aquí surge la principal incógnita hacia el futuro. Buena parte de la mejora observada hasta ahora respondió al efecto estadístico de comparar contra meses extremadamente malos. Cuando la base de comparación es muy baja, cualquier recuperación luce fuerte en porcentajes, aunque el nivel absoluto de actividad siga siendo bajo.
Para ilustrar esto: si se desciende de un piso 10 a uno 5, la caída es del 50%. Si luego se sube de 5 a 10, el alza es del 100%. Las estadísticas pueden inducir a error. La industria manufacturera continúa por debajo de los niveles habituales, la construcción sigue resentida por la desaparición de la obra pública y el comercio muestra una mejora aún insuficiente para considerar una recuperación sostenida del consumo.
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En el caso de la construcción, la serie desestacionalizada evidencia una caída tan pronunciada, aunque no idéntica, a la registrada durante la pandemia. Hay dos bajas muy marcadas en la serie que inicia en enero de 2012: la de la pandemia y la del actual Gobierno. En los años anteriores, la tendencia de la construcción permaneció estancada; no se observa un crecimiento sostenido.

No hay una reactivación generalizada, sino un rebote parcial, concentrado en algunos sectores y todavía frágil. Esta actividad económica estancada, junto a la caída en los ingresos reales y en la ocupación, afecta a la recaudación fiscal.
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La recaudación impositiva lleva ocho meses seguidos de aumentos por debajo de la tasa de inflación. Con ingresos tributarios decrecientes, obra pública paralizada y reducción de los salarios del sector público y las jubilaciones, las posibilidades de recortes adicionales se ven limitadas.
Cuando se agota el efecto estadístico, el crecimiento ya no puede depender de la recuperación posterior a la crisis. Requiere inversión, productividad, crédito y competitividad.
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El crecimiento ya no puede depender de la recuperación posterior a la crisis. Requiere inversión, productividad, crédito y competitividad
Restricciones estructurales
Argentina sigue registrando uno de los niveles de crédito al sector privado más bajos de América Latina en relación con el PBI. La presión tributaria permanece elevada y la apreciación cambiaria dificulta la competitividad de numerosos sectores productivos. Esto no implica que haya que devaluar el peso, sino liberar de manera efectiva el mercado de cambios.
Existen sectores que, sin proteccionismo, no pueden funcionar; pero si el tipo de cambio se retrasa en el intento de contener la variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC), resulta imposible saber qué sectores desaparecen por falta de competitividad y cuáles lo hacen por distorsión cambiaria y ausencia de reformas estructurales.
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El Gobierno enfrenta ahora el desafío de demostrar que puede transformar una recuperación estadística en crecimiento sostenible de largo plazo y evitar que el estancamiento económico derive en problemas fiscales, ya evidenciados en marzo con el déficit fiscal primario y financiero según los datos devengados.
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