
En estos días se repiten como si fuera una verdad revelada dos conceptos sobre nuestra economía: a) que hace falta más consumo y b) que no se puede abrir la economía. Ambas cosas serían necesarias para que prosperen las industrias y para que generen empleo. Se dice que si no hay más consumo es por un defecto del plan económico del Gobierno que, además, “abre indiscriminadamente las importaciones”. Estas dos frases hechas no tienen mucho sentido en la realidad.
Pensemos en cómo se genera el consumo. Uno consume cuando tiene plata y para tener plata hace falta hacer algunas cosas. Para que el conjunto de la economía tenga más dinero es necesaria una cosa y sólo una cosa: inversión que aumente la productividad. Cuando alguien decide organizar una actividad para satisfacer una necesidad o deseo del prójimo y acepta asumir el riesgo de poner en juego su dinero con la idea de obtener una ganancia, se produce la inversión. En el proceso de inversión, el que organiza la actividad (es decir, el empresario), que asume el riesgo, paga a obreros, asesores, proveedores, servicios, oficinas, logística, impuestos, comerciantes y ahorristas que le prestan capital y son todos esos ingresos de los que participan en el proceso productivo los que generan capacidad de consumo. Sin inversión, no hay consumo. Al final de ese proceso a lo mejor el empresario gana o pierde, pero los que recibieron los ingresos de la inversión ya los tuvieron y movilizaron otras compras, ahorros y negocios.
La otra manera de generar ingresos para aumentar el consumo es aumentar los salarios. Pero para que los salarios del conjunto aumenten es necesaria otra cosa y sólo una cosa: aumento de productividad. Si aumenta la cantidad de producción por cada peso de inversión, entonces habrá más salarios, por un tema de riqueza y competencia. Así que para que haya más consumo debe haber mayor productividad y condiciones de inversión. El gobierno adecúa las normas laborales para que haya más productividad, baja los impuestos para que haya menos riesgo y más inversión, desregula las actividades para bajar la incertidumbre y el riesgo y volver a aumentar la inversión. ¿Va a funcionar este experimento?, preguntan muchos. Obviamente, va a funcionar. ¿Qué otra cosa se debería hacer? ¿Inflación como el gobierno anterior? El Gobierno no tiene la capacidad de generar por sí ingresos genuinos a la población en general para aumentar el consumo solo por quererlo. Si no, los gobiernos inflacionarios seguirían siempre en el poder y serían llevados en andas. No sucede.
Segundo tema: se dice que hay que impedir las importaciones y que hay que subir el valor del dólar para que haya más exportaciones. Pequeño detalle: ¿cómo se hace para subir el precio del dólar? Respuesta: logrando que haya gente que compre dólares. ¿Quién compra dólares? Los que importan, para poder pagar sus importaciones a los extranjeros o empresas que pagan créditos externos o remiten ganancias a sus accionistas externos. Entonces, no se puede tener un dólar caro para exportar si no se permite importar. Es verdad que el gobierno también puede comprar dólares, pero solo puede hacerlo si tiene los pesos (superávit) o si la sociedad demanda más pesos para hacer más negocios (de nuevo, inversión), porque si no, solo generaría inflación. Además, no es cierto que haya una importación indiscriminada, porque somos parte del Mercosur y el Mercosur tiene impuestos a las importaciones de los más altos del mundo, que se aplican a la mayoría de los productos.
En definitiva, no se trata de ningún experimento, ni plan misterioso o equivocado. Se trata de sentido común y de aplicar la matemática. Si se quiere más consumo, hay que generar inversiones que aumenten la productividad y, con eso, los salarios. Para eso hay que dar previsibilidad y bajar los riesgos de invertir, sin industria del juicio y con menores impuestos y regulaciones. Es lo que hace el gobierno. Además, hay que conseguir financiamiento para la infraestructura logística y aumentar el crédito. Para todo eso hay que eliminar la inflación. Falta, pero estamos en camino. No hay magia y no sirven ni el relato ni el verso. La única verdad, decían el general y Aristóteles, es la realidad.
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