Se cumplen cuatro años desde que Rusia lanzó su invasión ilegal e injustificada a gran escala contra Ucrania, una agresión que el pueblo ucraniano enfrenta y resiste cada día. Cuatro años de sufrimiento enorme para el pueblo ucraniano. Y cuatro años en los que la Unión Europea ha aprendido, con crudeza, que la paz y la seguridad nunca pueden darse por sentadas.
Ojalá este año sea el año en el que termine esta guerra de agresión, algo que es factible si Rusia retrae sus fuerzas de territorio ucraniano, y si Rusia deja de atacar a civiles y a infraestructura civil en Ucrania, en particular, las centrales energéticas que calientan las casas ucranianas. Durante estos cuatro años, Ucrania no solo ha resistido. Ha defendido su independencia, su democracia y el derecho de su pueblo a decidir su propio futuro. Ha protegido a Europa de una expansión mayor de la agresión rusa y ha demostrado que los valores europeos no son abstractos: se defienden con hechos, incluso bajo las bombas.
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Desde el primer día, Europa entendió que esta guerra es un ataque a la estabilidad global. El apoyo a Ucrania es estratégico y existencial para Europa, así como vital para la supervivencia del Estado ucraniano frente a la agresión rusa que busca borrar su identidad y su soberanía. Pero defender a Ucrania también es defender los principios de integralidad territorial, de soberanía y del derecho internacional, que son cruciales para todos los países del mundo.
Argentina sigue demostrando su solidaridad con Ucrania en el contexto de la agresión rusa a plena escala. Apreciamos su apoyo en los foros multilaterales y la ayuda humanitaria. Esta postura tiene un valor importante. Esperamos que el aporte de Argentina a la lucha de Ucrania por la libertad siga aumentando.
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No se trata solo de solidaridad con un país agredido; se trata de la defensa directa de los principios que sostienen el orden internacional y del futuro del planeta: la vigencia del derecho internacional frente a la ley del más fuerte.
La Unión Europea ha respondido con unidad y determinación. Hemos coordinado estrechamente con nuestros aliados en todo el mundo, incluido Argentina. Hemos condenado con firmeza el apoyo militar que terceros países brindan a Rusia, porque prolonga el sufrimiento y socava la estabilidad global. Frente a la agresión, Europa ha defendido con firmeza los principios universales que son pilares del orden mundial: no cambiar fronteras a la fuerza, respetar las decisiones soberanas de una nación independiente y siempre buscar la rendición de cuentas para crímenes de guerra.
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El compromiso de la UE con Ucrania ha sido, es y será firme con ayuda económica y financiera, humanitaria y militar. Para el período 2026–2027, la UE ha presentado un paquete de €90.000 millones en apoyo a Ucrania, financiado mediante emisión de deuda europea en los mercados de capitales y respaldado por el margen presupuestario de la Unión.Ucrania solo reembolsará este préstamo cuando reciba reparaciones. En esa misma línea, avanzamos en un mecanismo de préstamo de reparaciones basado en los activos rusos inmovilizados. No puede haber impunidad económica tras una agresión de esta magnitud. La responsabilidad debe ser también financiera. Es un mensaje claro: Rusia debe pagar por el daño que causó.
Paralelamente, mantenemos una presión sostenida sobre el invasor ruso. En octubre de 2025 la UE adoptó el 19.º paquete de sanciones, con el objetivo de debilitar su base económica y socavar la financiación de la guerra. Se sigue ampliando las medidas contra buques petroleros rusos y cerrando vías de evasión. Las sanciones no son simbólicas: erosionan la capacidad del Kremlin de sostener su maquinaria bélica. Envían una señal inequívoca de que la violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas tiene consecuencias.
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Ucrania, por su parte, también impone sistemáticamente sanciones contra el agresor ruso, coordinándolas con sus socios. Llamamos a Argentina para que aplique por su parte esta herramienta tan necesaria para detener el terror ruso y la matanza de ucranianos inocentes. Pero la acción de la UE no se limita a la dimensión financiera y económica.
Rusia ha atacado sistemáticamente infraestructura civil, especialmente el sistema energético ucraniano, intentando quebrar la resistencia de la población. Frente a ello, la Unión Europea ha preparado paquetes específicos para reparar infraestructura crítica y sostener el sistema energético. La prioridad es evitar el colapso energético durante este crudo invierno europeo y brindar apoyo humanitario a millones de civiles.
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El mes pasado, por ejemplo, la UE completó el traslado de una planta térmica a Ucrania para proveer energía a un millón de personas. Es un gesto concreto de solidaridad y de compromiso con la resiliencia ucraniana, por lo cual Ucrania está muy agradecida. Contamos también con la posible ayuda en este sentido por parte de Argentina.
En el ámbito militar, la Unión Europea ha reforzado su asistencia y prepara nuevos paquetes con foco en defensa aérea, sistemas antidrón y munición de gran calibre, así como en la integración y fortalecimiento de las industrias de defensa europea y ucraniana. Apoyar militarmente a Ucrania no prolonga la guerra; ayuda a terminarla.Ucrania no busca una guerra perpetua. Busca los medios para defender a su población civil y crear las condiciones necesarias para una paz justa. Y Argentina también podría contribuir; cooperación en este ámbito sería de beneficio mutuo.
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Una Ucrania más fuerte es una Ucrania con mayor capacidad de disuasión, lo que reduce la destrucción y acerca las condiciones para una paz justa. Fortalecer la capacidad militar europea y apoyar a Ucrania no son vías paralelas: son prioridades mutuamente reforzadas en defensa de Europa. Al mismo tiempo, nunca hemos perdido de vista el objetivo de la paz. Pero debe ser una paz justa y duradera.
La Unión Europea apoya una solución basada en la Carta de la ONU, en la soberanía e integridad territorial de Ucrania y en un principio irrenunciable: no puede haber negociaciones sobre Ucrania sin Ucrania.Ucrania está abierta a una paz justa, pero no aceptará soluciones impuestas que congelen la agresión o legitimen la ocupación de su territorio. Cualquier acuerdo deberá contar con garantías de seguridad sólidas y creíbles. La justicia es condición para una paz sostenible.
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Por ello, la UE ha contribuido a la creación y financiación del Tribunal Especial para los Crímenes de Agresión contra Ucrania y apoya la Comisión Internacional de Reclamaciones. El mensaje es claro: sin rendición de cuentas, no habrá seguridad duradera en Europa. Para Ucrania, la justicia, en primer lugar, es una necesidad urgente para las víctimas y sus familias. La impunidad alimenta nuevas agresiones; la justicia las previene.
Cuatro años después, el pueblo ucraniano sigue demostrando una resiliencia admirable. Ha avanzado en reformas, ha fortalecido sus instituciones y ha mantenido viva su vocación europea incluso bajo las bombas. Este compromiso demuestra que la integración europea no es solo un objetivo geopolítico, sino una elección estratégica de la sociedad ucraniana. La Unión Europea reconoce esos esfuerzos y reafirma su apoyo firme al camino de adhesión de Ucrania. El proceso será basado en méritos, como para todos los candidatos, pero la dirección hacia la integración plena es inequívoca.
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En este aniversario, el mensaje de la UE es claro y determinado: no abandonaremos a Ucrania. Porque en su resistencia se juega la seguridad de nuestro continente, la vigencia del derecho internacional y la credibilidad de nuestros valores. Porque la paz verdadera no se construye sobre la capitulación del agredido, sino sobre la justicia y el respeto a la soberanía. Y porque el pueblo ucraniano quiere un futuro dentro de la Unión Europea.
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