
Conviene dejar en claro que la econometría, como advertía Ludwig von Mises entre otros, es una metodología cuestionable que pretende medir con variables a priori lo impredecible: el comportamiento humano y el desarrollo espontáneo de los mercados. Así, indicadores como el PBI solo poseen valor ilustrativo y, en el mejor de los casos, marcan tendencias, pero carecen de rigor científico.
A partir de 2026, el Indec publicará un nuevo IPC con base 2016, elaborado a partir de datos de 2012 y 2013. El índice vigente hasta hoy tiene como base el año 2004. Es decir, sobre la base de encuestas antiguas y criterios subjetivos, se suponen hábitos de consumo y se relevan precios de manera arbitraria. La ciencia no admite tal grado de arbitrariedad y subjetivismo.
De modo similar, el organismo recalculó el EMAE de septiembre, que resultó positivo según sus parámetros. El 64% del crecimiento interanual del 5% proviene de una mayor recaudación impositiva (37 puntos porcentuales) y de un incremento en el cobro de tasas por parte de los bancos (27 puntos). Un gráfico de C-P Consultora muestra que, descontando intermediación financiera e impuestos netos de subsidios, el EMAE se mantiene en niveles de noviembre de 2023.
Sobre la base de encuestas antiguas y criterios subjetivos, se suponen hábitos de consumo y se relevan precios de manera arbitraria
¿A quién creerle? Como herramienta científica, a ninguno. Utilizados como tendencia, que cada uno elija el indicador que prefiera o calcule el propio.
El Indec informó también que en octubre la actividad se contrajo 0,4% mensual según el EMAE, aunque registró un alza interanual de 3,2% y de 5% en los primeros diez meses de 2025. Consultoras privadas estimaron que la caída se profundizó en noviembre.

Una vez realizada esta aclaración, resulta útil analizar el caso de Irlanda, que demuestra que el crecimiento no tiene límites cuando se libera a las personas, al mercado y a su potencial creativo.
Se estima que la economía irlandesa creció 10,7% en 2025, mientras su PBI per cápita llegó a aumentar 34,5% en una década y, desde 1987, se multiplicó por 13, alcanzando los USD 122.000 en 2024, uno de los niveles más altos de Europa. Justamente en 1987, cuando el “tigre celta” inicia la liberalización económica, el PBI sube 4,7%, lo que resulta lógico porque el mercado opera en tiempo real. La liberalización genera expansión inmediata.
En Argentina, durante el primer año de Javier Milei, el PBI habría descendido 1,7% y en 2025 habría crecido 5%, según las estimaciones más optimistas, mientras que el PBI per cápita se ubicó en USD 14.500 en 2024.
Benjamín Powell analiza en “Libertad económica y crecimiento: El caso de Irlanda” (Cato Journal, Vol. 22, N.º 3, reproducido por Columbia University) el desarrollo celta. Explica que, en los 70, Irlanda avanzó en la apertura comercial y se incorporó a la Comunidad Económica Europea. Pero entre 1973 y 1986 intentó impulsar la demanda agregada mediante un aumento del gasto estatal.
Durante los 80, también se elevaron los impuestos para reducir el déficit. Algo similar ocurrió en Argentina reciente: al aumentar la presión fiscal y retirar subsidios, suben las tarifas y se reduce la capacidad financiera individual, sin compensar con la devolución de los impuestos que financiaban esos subsidios.
Aunque así Irlanda logró reducir el déficit primario, la deuda estatal alcanzó el 116% del PBI en 1986, con un crecimiento anual promedio de solo 1,9% entre 1973 y 1986. Un escenario comparable al argentino actual.
Cambio radical, diferencia con Argentina
En 1987, el primer ministro Charles Haughey, quien en su gestión previa había impulsado políticas populistas, promovió un giro radical para evitar la ayuda externa del FMI o de Estados Unidos. De modo inverso, el actual gobierno argentino recurrió a apoyos de ambos organismos, pese a que el propio presidente reconocía el riesgo de depender de estos entes multilaterales.
Como parte del Sistema Monetario Europeo, Irlanda redujo la inflación del 19,6% en 1981 al 4,6% en 1986, mientras que en Argentina, tras dos años de gestión actual, la inflación sigue cerca del 38 por ciento.
En 1987, Irlanda recortó drásticamente el gasto y el tamaño del Estado
En 1987, Irlanda recortó drásticamente el gasto y el tamaño del Estado. En Argentina, entre noviembre de 2023 y agosto de 2025, desaparecieron 181.512 puestos de trabajo privados, pero solo se perdieron 78.280 en el sector público (nación, provincias y municipios), incrementando la proporción de empleados estatales.
En dos años de Milei, según las cifras oficiales más optimistas, el gasto nacional habría caído 5,1% del PBI. En Irlanda, los gastos estatales -sin intereses- bajaron un 14% del PBI en solo tres años, hasta 1990. Las tasas impositivas cayeron con fuerza, al igual que los aranceles, y hoy Irlanda mantiene una de las cargas tributarias más bajas de Europa, solo superada por Luxemburgo.

Desde 1999, los ingresos fiscales irlandeses (incluyendo seguridad social) representaban el 31% del PBI y seguían descendiendo. En Argentina, la presión fiscal formal alcanza el 30%, pero sumando el “impuesto” inflacionario, lo que el Estado le resta al ciudadano supera ampliamente el nivel irlandés.
Las reformas contaron con el respaldo sindical, ya que la baja de impuestos superó las restricciones salariales y los ingresos efectivos aumentaron, atrayéndose más inversiones y empleo. En la Argentina, se debería permitir la libre creación de sindicatos y la adhesión voluntaria, atomizando el poder político que hoy bloquea reformas y extorsiona al país.
En cuanto a la capacidad de compra, el crédito es prácticamente inexistente por la intervención estatal, y la morosidad sigue en ascenso.

Los irlandeses entendieron que la inversión extranjera llega espontáneamente ante condiciones favorables -baja carga fiscal y desregulación y no por discursos oficiales. Según datos del BCRA, la inversión extranjera directa en Argentina acumula un saldo negativo de USD 1.521 millones hasta octubre de 2025.
Irlanda apostó por la desregulación. En el Índice de Libertad Económica del Fraser Institute, pasó de 5,8 puntos en 1975 a 6,7 en 1990 y a 8,2 en 1995, posicionándose como la quinta economía más libre del mundo.
Según la Heritage Foundation, en 2025 (con datos de 2024) ocupa el tercer puesto global con 83,1 puntos; Argentina figura en el lugar 124, con 54,2 puntos, bajo la categoría de “mayormente no libre”.
Los irlandeses entendieron que la inversión extranjera llega espontáneamente ante condiciones favorables
El futuro argentino es incierto. Según el presupuesto 2026, el IPC subirá 10,2% y el gasto corriente 20,1%. Si el gasto -descontada la inflación- crece casi un 10%, eso implica más impuestos o endeudamiento estatal, es decir, más recursos privados absorbidos por la burocracia. Además, la situación en Venezuela podría afectar negativamente al país, ya que se proyecta una baja en el precio del crudo y posibles redirecciones de inversiones.
Mientras tanto, el Congressional Research Service de Estados Unidos elaboró un informe crítico sobre el nivel de empleo, el tipo de cambio y la capacidad de pago de la deuda de Argentina.
Irlanda muestra que la liberalización económica genera crecimiento inmediato.
La reducción del Estado y la baja fiscalidad son clave para atraer inversiones. El desarrollo sostenible exige reglas claras, disciplina y apertura real al mercado.
El autor es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California
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