El asesinato de Brenda, Morena y Lara nos conmovió profundamente. Tres chicas jóvenes, tres vidas truncadas en medio de una escena que ya no puede leerse solo como un crimen más. Lo que pasó con ellas es una expresión dolorosa de un fenómeno mucho más complejo: el avance del narcotráfico y las consecuencias sociales, culturales y familiares que genera.
Este tipo de hechos no pueden abordarse de manera individual. Exigen una mirada interdisciplinaria que incluya la educación, la salud mental, la justicia, la seguridad y las políticas públicas. Porque el narcotráfico no es solamente un problema policial: es un sistema que se alimenta del dolor y de la vulnerabilidad de los jóvenes, que destruye familias y corroe los vínculos más básicos de nuestra sociedad.
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Hace ya más de una década, el Papa Francisco, en una conversación privada con dirigentes argentinos, advirtió sobre este riesgo y expresó su temor de que la Argentina cayera en lo que llamó la “mexicanización”: el avance del narcotráfico sobre las instituciones y los barrios. De esa preocupación nació una iniciativa concreta que hoy sigue creciendo: el Observatorio de Prevención del Narcotráfico (OPRENAR).
El Observatorio se gestó en Casa Santa Marta, en el Vaticano, en junio de 2014. En aquella reunión, el Papa nos pidió —a Héctor Masoero, Guillermo Marconi, Jorge Aufiero y a mí— que formáramos un espacio de diálogo y trabajo capaz de reunir a distintos sectores de la sociedad para prevenir el avance del narcotráfico y sus efectos devastadores. Así nació OPRENAR, una red de universidades, instituciones civiles, expertos en salud, justicia, educación y seguridad, que desde entonces trabaja de manera coordinada y plural.
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El objetivo fue claro desde el principio: aliviar, cuidar y prevenir. Tres verbos que expresan la profundidad de un enfoque integral. Aliviar el sufrimiento de las víctimas y sus familias, cuidar a los que están en riesgo y prevenir que otros caigan en la trampa de la droga y el delito.
El narcotráfico no solo destruye cuerpos; destruye comunidades enteras. Convierte a los barrios en territorios del miedo y a los chicos en instrumentos descartables. Por eso, la respuesta no puede ser únicamente represiva. Hace falta un Estado presente, pero también una sociedad comprometida, capaz de educar, acompañar y ofrecer oportunidades.
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Hoy, cuando la violencia parece naturalizarse y la desesperanza gana terreno, este crimen debería servirnos para abrir los ojos. Las tres chicas no murieron solo a manos de individuos; murieron víctimas de un sistema que se alimenta del silencio, la indiferencia y la ausencia de políticas integrales.
Necesitamos más que nunca una alianza entre escuela, familia, comunidad y Estado. Educar para prevenir, tratar las adicciones con humanidad, fortalecer la justicia y cortar los flujos de dinero que sostienen el negocio de la droga. Esa es la tarea que asumimos desde OPRENAR, inspirados en las palabras del Papa Francisco: “Donde hay vida rota, hace falta ternura y compromiso; donde hay desesperanza, hace falta comunidad”. El dolor por Brenda, Morena y Lara debe transformarse en acción. No podemos resignarnos. La lucha contra el narcotráfico no empieza con una patrulla, sino con un aula, con un médico, con una familia que contiene y con una sociedad que no mira para otro lado.
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Prevenir, cuidar, aliviar. Tres verbos, una tarea común. Porque, como dice Francisco, “ninguna vida vale menos.”
Presentación del libro “Aliviar, cuidar, prevenir”
El Observatorio de Prevención del Narcotráfico (OPRENAR) presentará su nuevo libro, Aliviar, cuidar, prevenir, el martes 21 de octubre, de 9:45 a 12 h, en la Facultad de Medicina de la Universidad del Salvador (Av. Córdoba 1601, CABA).
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Para participar, es necesario inscribirse previamente escribiendo a oprenar@gmail.com.
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