El presidente Javier Milei lidia con una seguidilla de noticias adversas: tras la derrota en las elecciones de medio términos en la provincia de Buenos Aires, crece la incertidumbre respecto de las generales del 26 de octubre.
La especulación se vuelca contra el peso y el Banco Central de la República Argentina ha recurrido a reservas y endeudamiento con el Tesoro estadounidense, y la Tesorería usó parte de sus depósitos en moneda extranjera para afrontar el desafío. El escenario resulta funcional para sectores de la izquierda internacional, atentos a cualquier retroceso para declarar el fracaso del liberalismo.
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No obstante, es preciso respaldar el esfuerzo destinado a desmontar décadas de intervencionismo estatal y el arraigado hábito social de reclamar derechos sin asumir responsabilidades.
El reto se presenta como titánico, admitiendo falencias y obstáculos, siendo el sistema monetario y cambiario uno de los principales.
El reto se presenta como titánico, admitiendo falencias y obstáculos, siendo el sistema monetario y cambiario uno de los principales
El dinero cumple la función de facilitar la producción y el intercambio, pilares del desarrollo. Sin embargo, cuando se le asigna un rol protagónico, la economía se sumerge en inflación, incertidumbre y retroceso. Argentina ha vivenciado estos episodios varias veces, de allí derivan interrogantes urgentes.
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El peso acumula décadas de desconfianza. ¿Es viable intentar lo que ha fracasado reiteradamente? La experiencia indica que no. El comportamiento financiero local se basa en rotar fondos a pesos solo cuando las tasas resultan atractivas, pero ante la mínima señal de inestabilidad, la migración al dólar es automática.
Esta dinámica de corto plazo configura una economía sin horizonte, que provoca el despropósito de acumular reservas o endeudarse para sostener un tipo de cambio artificialmente bajo. Dicho uso de los recursos carece de sentido económico, social y ético. Invertir la tendencia exigiría muchos años de estabilidad, meta que la dolarización puede alcanzar de manera casi inmediata.
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Dos errores comunes
Respecto a quienes advierten que dolarizar no es viable ahora, surgen dos errores principales:
- Suponer que los dólares del Banco Central deben respaldar la totalidad de los depósitos, cuando solo es necesario cubrir los pesos circulantes, aproximadamente USD 17.000 millones.
- Creer que el sistema financiero argentino necesita estar en condiciones ideales para evitar una eventual corrida de depósitos. Esto resulta llamativo, ya que la verdadera fragilidad se produce actualmente, mientras conviven pesos y dólares en un equilibrio delicado.
El balance mismo del Banco Central de la República Argentina se fortalece con la dolarización, especialmente si aflora parte de los USD 300.000 millones que la ciudadanía mantiene como activos externos en su poder fuera del sistema bancario.
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El balance mismo del Banco Central de la República Argentina se fortalece con la dolarización, especialmente si aflora parte de los USD 300.000 millones que la ciudadanía mantiene como activos externos
Otra objeción frecuente plantea que, antes de dolarizar, deberían implementarse reformas estructurales para dar sustentabilidad al cambio. La realidad muestra lo inverso: la dolarización brinda una plataforma de estabilidad monetaria sobre la cual resulta posible reconstruir la economía. Aunque no es una solución mágica ni resuelve todos los problemas, provee el andamiaje necesario que hoy no existe en Argentina.
El ejemplo de Ecuador ilustra esta situación: la dolarización perdura y es útil, a pesar de la falta de reformas de fondo.
Surge también el argumento identitario. Sin embargo, el peso ha perdido su función simbólica y existen otras esferas más relevantes para la identidad nacional.
La adopción de la dolarización permitiría avanzar en cambios clave como el levantamiento del cepo, la eliminación de retenciones a las exportaciones y el estricto control de la emisión. Además, cerrar el Banco Central es una decisión pendiente que en Ecuador pudo haber sido benéfica. La oportunidad está vigente y el momento sigue siendo propicio para ese giro decisivo.
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El autor es Director Instituto de Economía (Ecuador); Editor Koyuntura y Profesor Colegio de Economía (Ecuador)
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