
Por un lado, la reducción de plazos en trámites, la eliminación de autorizaciones previas para ciertos productos de bajo riesgo y la digitalización de gestiones permiten a las empresas ganar agilidad, reducir costos y acelerar la llegada de nuevos productos al mercado. Un ejemplo reciente es la Disposición Anmat 4033/2025, que simplificó la importación de cosméticos y domisanitarios, reemplazando la autorización previa por una declaración jurada digital.
Organismos como la Anmat y Senasa cambian o actualizan sus regulaciones con frecuencia y obligan a las compañías a adaptarse de manera constante. Esto, sin duda, modifica la manera en que las compañías deben pensar su cumplimiento normativo y lo que antes era un trámite prolongado ahora se convierte en una decisión estratégica. Sin embargo, no deben descuidar los estándares de calidad, seguridad y transparencia que exigen tanto las autoridades como los consumidores.
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Medidas como esta se traducen en beneficios claros para las compañías, pero a la vez, implica una mayor responsabilidad ya que aumenta la carga de autocontrol y compliance legal. Esto quiere decir que, si una empresa interpreta de manera errónea el alcance de la norma, omite un requisito o no refuerza sus mecanismos de control postcomercialización, podría enfrentar riesgos legales como sanciones administrativas, demandas de consumidores, responsabilidad civil e incluso daño reputacional.
La clave está en convertir la desregulación en una ventaja competitiva con seguridad jurídica
En este sentido, es preciso que las empresas verifiquen qué productos están realmente alcanzados por la desregulación, ajusten los contratos para cubrir nuevas responsabilidades, fortalezcan las políticas internas de cumplimiento normativo, refuercen los protocolos de trazabilidad para seguir la ruta de un producto a lo largo de toda la cadena; de recall, en caso de tener que retirar un producto del mercado y mantengan un monitoreo normativo constante.
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Para quienes trabajamos en asesoría legal, uno de los grandes desafíos es acompañar a las compañías a transitar estos cambios y ayudarlas a identificar qué obligaciones siguen vigentes y qué nuevas responsabilidades emergen. Desde nuestro departamento de Certificaciones y Registros Sanitarios buscamos la mejor manera de traducir las normativas y transformarlas en prácticas claras de cumplimiento para las empresas a las que asesoramos.
En definitiva, la clave está en convertir la desregulación en una ventaja competitiva con seguridad jurídica. Ese será el diferencial de las compañías que logren adaptarse al nuevo marco regulatorio argentino.
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La autora es socia a cargo del Departamento de Certificaciones y Registros Sanitarios de Brons & Salas
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