
En el editorial de junio destacamos que no todos los factores que mantienen elevado el riesgo argentino son políticos, sino que también es necesario transitar un sendero de políticas que permitan ganar reputación y no sobrestimar la “suerte” como factor que estará siempre de nuestro lado.
Apenas un mes después podemos decir que efectivamente la política puede complicar las cosas, en particular si observamos que quienes violan las normas legales pueden aumentar su prestigio (Trump es un ejemplo, y CFK es otro ejemplo de que alguien puede ser más popular encarcelado que estando fuera de la cárcel).
También resulta claro que, en materia de reformas estructurales, la cronología de implementación, la secuencia y la densidad de las mismas deben poder ser previstas por los agentes económicos para adaptarse a tiempo al “cambio de régimen”, evitando parte de las presiones para poder detener cualquier reforma.
Las reformas estructurales, la cronología de implementación, la secuencia y la densidad de las mismas deben poder ser previstas por los agentes económicos
Y, finalmente, la suerte no siempre estará de nuestro lado, como prueba el reciente fallo de la jueza Preska sobre la estatización de YPF que no tiene porqué adaptarse a los tiempos políticos.
Dejemos de lado por un momento la política y la suerte (aunque sea solo por un momento), y concentremos la atención en el conjunto de parámetros de acción que en lo económico tiene cada Administración, y que constituyen su programa expuesto a los agentes económicos y a la sociedad.

El programa anunciado de la actual Administración en los hechos se ha ido modificando, aun cuando ex-post se presenta como las distintas “fases” de un programa diseñado desde el inicio en tiempo y forma. Estamos hoy en fase 3, ¿en espera de la fase 4? ¿Será la fase 4 consistente con la fase 3? Si las correcciones en cada fase muestran zigzags podemos llegar a debilitar el sentido de un “programa integral”.
Si se trata de fases complementarias, bienvenidas sean. Pero no explicitarlas ¿es una cuestión política (para ocultar estrategias) o revela la búsqueda de un diseño?
El tránsito por un programa en el que se van descubriendo etapas, a veces en zigzag, puede quitarle previsibilidad al proceso respecto de cuál es el conjunto de reformas, cuál es su secuencia y cuáles son los tiempos de implementación que darán finalmente lugar a un “cambio de régimen”.
El mero anuncio de que se van a encarar reformas en lo “previsional”, lo “laboral” y del sistema “tributario” puede ser, sin embargo, excesivamente vago
El mero anuncio de que se van a encarar reformas en lo “previsional”, lo “laboral” y del sistema “tributario” puede ser, sin embargo, excesivamente vago, falto de precisiones, si solo contamos con el anuncio de una reforma para un tiempo futuro.
Por otra parte, cuanto más tiempo lleva el proceso de espera hasta que aparezcan las reformas, mayores son los riesgos de que las reformas se traben, y mayores resultan los costos económicos.
El ejemplo más simple viene dado por el proyecto de ajustes previsionales aprobado por la Cámara de Diputados y el Senado, que implica reponer moratorias y aumentar las jubilaciones.
La perspectiva es que en el corto plazo la eventual ley deba ser vetada, con el riesgo de insistencia por parte de ambas Cámaras en camino a una elección de medio término. ¿Cuál es el camino para una reforma previsional?
Mejor que un mero veto a una propuesta desfinanciada y que perpetúa el desorden, lo apropiado parece ser poner en discusión una propuesta integral de reforma (suponiendo que la tengamos), no tanto para frenar medidas de corte populista careciendo de financiamiento asegurado, sino para poner en consideración de la sociedad y agentes económicos cuál es la dimensión de la alternativa por parte del Ejecutivo, el camino a seguir.
Mejor que un mero veto a una propuesta desfinanciada y que perpetúa el desorden, lo apropiado parece ser poner en discusión una propuesta integral de reforma
Naturalmente que esa propuesta solo se podrá presentarse si se la tiene bien analizada y diseñada. Lo mismo vale para una eventual propuesta de reformas en el ámbito laboral o en materia tributaria.
Ahora, supongamos que, en lugar de plantear las propuestas de reforma en las áreas que corresponda, nos quedamos solo con el título de las mismas rechazando cualquier otra alternativa que se presente. Lo más probable es que la incertidumbre sobre si se completarán o no las reformas y qué características tendrán las mismas será la base para que prevalezca un escenario volátil y riesgoso, tan incierto como los senderos de la política, dependiente de la buena o mala suerte que pudiera haber.
No hay condiciones suficientes que garanticen que haciendo todo lo que podamos hacer estaremos finalmente ante un “buen escenario”, porque viniendo de nuestro pasado los trabajos que enfrentamos son de Hércules, y porque más allá de nuestros parámetros de acción hay parámetros de expectativa que no podemos controlar.
Pero conviene recordar que la política nos puede poner trabas, y la suerte puede no estar a veces de nuestro lado. Habrá que ver mucha reforma para creer que “esta vez sí será diferente”.
El autor el Director y Economista Jefe de FIEL. Esta nota se publicó en Indicadores de Coyuntura 676 de FIEL
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