
El PRO del presente no es el que ganó las elecciones nacionales del 2015 -a la cabeza de un frente -JxC, con la UCR y la CC- con el 52% de los votos, ni el que las perdió en el 2019, con 41%. Tampoco el que obtuvo 23% en la 1era vuelta de agosto del 2023, con Patricia Bullrich como candidata. Entre febrero y septiembre del 2023, JxC ganó 10 elecciones provinciales y 500 intendencias en todo el país.
Hoy salimos terceros en las elecciones legislativas de la CABA con el 16% de los votos. En las 5 elecciones ocurridas en el mes de mayo en Santa Fe, Jujuy, Salta, Chaco y San Luis, figuramos “acompañando” o, lisa y llanamente, ausentes. ¿Qué nos pasó? Sencillamente arriamos nuestras banderas, pero supimos ser eficaz apoyo al Presidente Millei en el Congreso para hacer viable su gobierno. Lo mismo hicieron la mayoría de los diputados y senadores del Radicalismo, la CC y el Peronismo Republicano. Coincidimos en el ancla fiscal, el plan antiinflacionario y la reducción del gasto público. Entendimos que, en la emergencia, esos puntos eran fundamentales para corregir errores del pasado. Generar una base de estabilidad gubernamental permanente y quitarle espacio al Kirchnerismo que todavía está vivito y coleando.
Postergamos la salud y la educación pública, obras de infraestructura básica, fondos para los jubilados, la integración con nuestros vecinos sudamericanos, la valorización de los ámbitos globales de cambio climático, salud y comercio. Aceptamos la eliminación de una política exterior independiente en aras de una automática “alineación”, olvidándonos que nosotros somos Occidente desde nuestro nacimiento como nación y esa pertenencia no se negocia sino que debe ser reafirmada en cada gesto que tengamos en nuestra vinculación con el exterior. Aceptamos impávidos una visión de derecha dura, unilateral y extrema que considera una “batalla cultural” válida la eliminación de aquellos que no piensen exactamente lo mismo.
Ingenuamente, propusimos conformar un gobierno de coalición que pudiera representar a la mayoría de nuestros conciudadanos así como a sus gobernadores, diputados y senadores nacionales. Y, recibimos como devolución, el que LLA nos eligiera como su principal “enemigo”. Debilidad nuestra, injustificable conducta de LLA. A lo largo de los últimos 17 meses, por la falta de conducción de PRO, muchos militantes se fueron a sus casas, desilusionados, otros, llenos de ira, probaron hacer otra cosa para mostrar capacidad de daño o fueron absorbidos por LLA. “Cocodrilo que se duerme, amanece cartera”.
Las responsabilidades deben asumirse. La conducción nacional del partido debe dar un paso al costado y una “comisión provisoria” -presidida por los tres gobernadores de CABA, Chubut y Entre Ríos y los jefes de bloque de diputados y senadores nacionales- debe constituir un consejo ampliado y poner al partido en “estado de asamblea”, convocando a elecciones internas abiertas -hoy no podríamos hacer solo una elección entre afiliados, por el bajo número de los mismos- los que nos condenaría a la digitación y la baja representatividad. Así podríamos munirnos de candidatos a legisladores nacionales -veteranos y nuevos- con real empatía y representatividad.
Para diciembre o marzo, se debería convocar a elecciones para normalizar las autoridades partidarias nacionales y provinciales. Tenemos que terminar con el dedo como forma de selección arbitraria de dirigentes, que da preferencia a los más dóciles y obsecuentes. Tiene que aflorar “el bastón de mariscal, de las mochilas de nuestros militantes…” Todo esto, debe hacerse con el objetivo superior de contribuir a la conformación de un verdadero gobierno de coalición con todas las fuerzas democráticas que defendamos la agenda de la libertad y el rumbo mayoritariamente decidido por el pueblo argentino en noviembre del 2023. Lo hicimos una vez, en el 2015… no fue perfecto, pero pudimos hacerlo. ¿Por qué no podemos hacerlo mejor?
El tiempo apremia… existe un enorme espacio de centro derecha liberal, en versión americana del Partido Popular Europeo, con millones de argentinos que adhieren a esa misma ideología universal que PRO representa en Argentina. Hoy PRO los ha dejado temporariamente huérfanos. Este error puede y debe enmendarse con ideas claras y acciones conducentes. Más del 50% de los ciudadanos se resisten a votar, y nosotros, los que nos autodefinimos como dirigentes, merecemos esa falta de confianza. Lo que aquí propongo puede hacerse al mismo tiempo o en etapas… pero debe hacerse.
Lo hago públicamente, porque no alcanza con reunirse a puerta cerrada, en secreto, entre supuestos “iniciados”, sino que debemos encarar un debate abierto que se nutra con mejores ideas que las mías, con sentido republicano y democrático. ¿Es posible? Seguro que sí… Los ojos de la historia y de nuestros connacionales nos están mirando. No podemos defraudarlos.
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