
El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) es una política diseñada para atraer inversiones significativas, tanto nacionales como extranjeras, en sectores estratégicos como petróleo, gas, minería, energías renovables, infraestructura, industria forestal, siderurgia, tecnología y turismo. Con inversiones mínimas de USD 200 millones, el RIGI parece estar fuera del alcance de las pymes argentinas. Sin embargo, existe una estrategia poco explorada que podría abrir las puertas de este régimen a empresas de menor tamaño: la asociatividad empresarial.
A primera vista, el requisito de inversión mínima podría parecer prohibitivo para las pymes. Sin embargo, no es así cuando uno advierte que la escala es un elemento que se puede conseguir a través de estrategias asociativas. Las relaciones empresariales pueden tomar diversas formas dentro de un espectro de posibilidades que van desde la independencia absoluta hasta la sociedad plena. Dentro de esa amplia gama, la sociedad plena implica una coordinación de acciones estrecha, íntima y cotidiana, con un control riguroso de recursos mediante un tipo de contrato de vínculos muy estables y de difícil ruptura. En el otro extremo del espectro, las relaciones pueden basarse simplemente en las normas generales del mercado, como sucede en el comercio de commodities.
Entre estos dos extremos existe un universo de posibilidades asociativas que las pymes pueden aprovechar. Veamos las más relevantes:
- Uniones Transitorias de Empresas (UTE): permiten que varias empresas se unan temporalmente para desarrollar proyectos específicos.
- Contratos de Colaboración: facilitan la cooperación entre empresas manteniendo su independencia.
- Joint Ventures: ideales para desarrollar productos o servicios específicos mediante alianzas estratégicas.
- Ecosistemas empresariales: similar al modelo de App Store de Apple o Play Store de Google, donde múltiples actores participan bajo reglas comunes pero flexibles.
La belleza de estas estructuras asociativas radica en su flexibilidad: nuestro marco legal, heredado de Vélez Sarsfield, permite crear prácticamente cualquier forma de colaboración que las partes puedan imaginar. Esta libertad contractual abre un abanico infinito de posibilidades para que las pymes participen en el RIGI.
¿Es desafiante competir contra grandes corporaciones establecidas? Sin duda. ¿Imposible? En absoluto. El análisis costo-beneficio justifica ampliamente explorar estas opciones. Además, las pymes pueden usar estas estructuras asociativas para posicionarse como proveedores estratégicos de los grandes jugadores del sector, alcanzando así la escala necesaria para participar indirectamente de los beneficios del RIGI.
Esta aproximación desmitifica la preocupación sobre posibles desigualdades con la industria local. Al fin y al cabo, las empresas locales tienen en sus manos la capacidad de formar alianzas estratégicas que les permitan competir efectivamente en este nuevo escenario.
El autor es consultor de empresas y dueños, abogado y MBA
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