
En las últimas semanas ha tomado fuerza una versión que de confirmarse nos pondría en un escenario macroeconómico que los argentinos no veíamos desde la década del ´90. En realidad, bastante mejor que eso porque a la situación de disciplina monetaria y cambiaria le adosamos el superávit financiero que el Gobierno viene entregando rigurosamente desde el primer día de su mandato luego de ejecutar el ajuste del gasto público más grande que se tenga conocimiento en la historia económica contemporánea. Eso no lo tuvimos en los tiempos de Cavallo.
Una importante agencia de noticias internacional dejó transcender ayer que el FMI podría otorgarle a la Argentina un préstamo de USD 20 mil millones cuyos detalles se conocerían no más allá de mediados de abril. Además de esa importante suma de dinero cash, incluiría una refinanciación general del acuerdo anterior con un período de gracia por los próximos cuatro años. La porción de la nueva deuda con el FMI se podría cancelar en un plazo de 10 años con una tasa de interés muy cercana al 5% anual.
Huelga decir que estas condiciones son verdaderamente privilegiadas considerando el mal historial de nuestro país y el riesgo país actual que sumado a la tasa internacional nos llevaría a un costo financiero cercano al doble del mencionado.
Ahora bien. Hagamos la cuenta del almacenero así cantamos una canción que sepamos todos.

Si le sumamos a esos USD 20 mil millones las reservas brutas actuales (= líquidas) de USD 27 mil millones, eso le daría al BCRA activos en moneda dura por USD 47 mil millones, exactamente igual al valor de la Base Monetaria Ampliada que hoy es de $47 mil millones.
Pará, pará, pará me diría Ale Fantino. ¿Y eso qué significa?
Nada menos que a mediados de abril Javier Milei y Luis Caputo estarían en condiciones “técnicas” de imponer un régimen de Convertibilidad de 1 dólar = 1000 pesos.
Dicho en otros términos, si toda la gente y empresas tenedoras de pesos en sus billeteras o cuentas bancarias fuera a pedir que le cambien sus tenencias pesificadas por dólares, el BCRA podría hacerlo sin problemas a un tipo de cambio de 1000 pesos.
Un exportador, particularmente del agro, que esté levantando la cosecha gruesa por estos días, podría verse tentado a detener sus ventas de granos hasta que se transparenten los términos del acuerdo a ser aprobado por el Board del FMI y el nuevo esquema cambiario. Y así evitar vender su producción al dólar blend actual (80% oficial, 20% ccl, equivalente a 1240 pesos aproximadamente).
Probablemente no sea una buena decisión si le damos crédito a la información que circula por estos días respecto al préstamo del Fondo. Todo parece indicar que el nuevo tipo de cambio de equilibrio podría perfectamente situarse por debajo de ese valor.
Por su parte el Gobierno podría decidir, en cambio, una unificación cambiaria con flotación libre que al día 1 se ubique en 1200 pesos por dólar en lugar de 1000; en ese caso, le sobrarían reservas por el equivalente a USD 8 mil millones por encima de la convertibilidad de la base monetaria ampliada. Y si quisiera ser más generoso en un principio, apuntalando la competitividad del costo de producción hasta que puedan bajar más impuestos, y decidiera salir a 1300 por dólar, le sobrarían USD 11 mil millones de poder de fuego adicional.
Eso sin contar que además de los granos en el primer semestre nos llega la mayor parte del superávit energético en el segundo. Y los dólares del RIGI. Habrá que hacer mucho esfuerzo para que el nuevo tipo de cambio real de equilibrio de ahora en más no perfore la barrera de los 1000 pesos, una vez finalizada esta etapa de 2-3 semanas panicosas hasta que el mercado, como Santo Tomás, toque la llaga de Cristo; en este caso, el acuerdo con el FMI.
Argentina se encamina con alto grado de probabilidad a décadas de expansión, crecimiento y desarrollo de su gente. En pocas palabras, a un país normal.
Últimas Noticias
Eunice Balbi, la insolencia de pintar: entre el mal de ojo y el feminismo
En Instagram, con más de 230.000 seguidores, habla de arte en un lenguaje llano y comprensible. Pero también presenta sus obras, que no se quedan en el narcisismo típico de la era digital

IA agéntica: cuando la inteligencia artificial decide y el liderazgo se transforma
El surgimiento de sistemas autónomos plantea un cambio estructural en la distribución de responsabilidades y la gobernanza, modificando la relación entre humanos y tecnología dentro de los equipos y procesos de gestión

El seguro paramétrico y el rediseño de la gestión de riesgos
Un nuevo enfoque ante eventos extremos permite a las compañías acelerar la recuperación financiera gracias a coberturas que se activan mediante parámetros objetivos y entregan liquidez sin necesidad de ajuste de daños

Cuando la energía falla, también tiembla la mesa
Un país que no protege sus sistemas de transporte energético ni asegura mecanismos de contingencia para el abastecimiento alimentario deja expuesta la alimentación de su población a crisis que golpean con mayor fuerza a quienes menos tienen

Crisis energética en el Perú: espacio para la consideración concreta de la alternativa nuclear
Toda esta situación ha demostrado que tal dependencia puede mostrarse de inmediato como una vulnerabilidad estructural




