
Según el reciente informe Tendencias Mundiales del Empleo Juvenil (OIT, 2024), el desempleo en jóvenes está en su nivel más bajo de los últimos 15 años y seguirá descendiendo. Sin embargo, se advierte sobre la precarización de la mano de obra: más de la mitad de los jóvenes empleados tienen trabajos informales.
El panorama no es el mismo en todas las regiones. Señala que demasiados jóvenes de todo el mundo son ni-ni, y que las oportunidades de acceder a empleos decentes siguen siendo limitadas en las economías emergentes y en desarrollo.
En Argentina, los datos que muestra el INDEC siguen las tendencias mundiales: la tasa de desempleo de las personas jóvenes bajó respecto a 2023, situándose en el 20 por ciento y duplicando a la de personas adultas. Además, da cuenta de que los jóvenes son quienes se encuentran ante más dificultades para tener acceso a un empleo formal: la tasa de informalidad para este segmento fue del 60 por ciento durante el primer trimestre de 2024, contra el 42,2 en personas adultas.
Las estadísticas además evidencian brechas de género. Mientras la ocupación de mujeres jóvenes es del 36,2 por ciento, la de varones es del 47,9 por ciento.
Si reparamos en contextos de vulnerabilidad, las condiciones de empleo se agravan aún más: ante la urgencia de ingreso al mercado laboral, el trabajo informal emerge como primera opción. La octava encuesta a hogares con niñas, niños y adolescentes publicada por UNICEF Argentina este año, revela que 4.5 millones de personas hoy se van a la cama sin cenar o saltean alguna comida durante el día. ¿Cómo desafiar ante este contexto la precarización laboral juvenil si hay hogares sin un plato de comida en la mesa?
A la falta real de oportunidades de empleo que atraviesan todos los segmentos etarios de nuestro país, se suma además, en el caso de los jóvenes, la escasez de información que manejan respecto al mundo del trabajo: el empleo formal les resulta lejano, tienen pocos o nulos referentes próximos y el universo de las empresas les es desconocido o inaccesible.
La ansiedad, la baja autoestima, la inseguridad y el temor a lo inexplorado, en muchas ocasiones los arraiga a perpetuarse en empleos precarizados o en creencias culturales de carencia y pobreza por efecto de la herencia de su entorno.
Hace más de 10 años la fundación Empujar nació para dar respuesta a esta problemática y tender un puente de oportunidades al empleo formal de jóvenes.
Es a través de distintos programas de capacitación y acompañamiento que trabajamos en red, junto a diferentes actores de la sociedad (más de 550 empresas pymes, 1500 profesionales voluntarios, equipo interdisciplinario, escuelas públicas y cooperación internacional) para transformar la vida de jóvenes y la de sus familias.
En la fundación vemos todos los días la capacidad y las ganas de crecer de los jóvenes. Creemos que brindando igualdad de oportunidades y empleo digno podemos visualizar un horizonte de prosperidad para la Argentina, desafiando a las estadísticas. Invertir en el empleo juvenil no es solo apoyar una causa, es construir una sociedad más fuerte y equitativa.
Invitamos a toda la sociedad a pasar a la acción. El momento de comprometerse es ahora y el futuro no puede esperar.
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