
Existe una gran discusión sobre si el dólar oficial se encuentra artificialmente atrasado. Esto es relevante porque una de las consecuencias de un dólar atrasado (o un peso apreciado) sería la desventaja que genera para la producción nacional exportable. Por otra parte, los productos importados serían más fáciles de comprar al necesitar menos pesos para hacerlo. En definitiva, haría más difícil la producción nacional y el crecimiento de la economía.
Para intentar contestar esta pregunta vamos a empezar repasando lo sucedido en Argentina en los últimos 30 años.
En el gráfico anterior se puede ver el valor del dólar medido en pesos actuales. La línea gris muestra el dólar libre (único o CCL dependiendo de la época) y la línea azul muestra el dólar oficial en momentos de cepo.
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Durante la convertibilidad, el aún recordado 1 a 1, el dólar valía alrededor de $700 medido a pesos de hoy (todos los valores serán consignados de esta manera). A pesar de que estos valores son los más bajos de toda la serie, este nivel de tipo de cambio duró 10 años. Recién comenzó a sentirse la presión por una devaluación luego del efecto caipirinha que llevó el Real de 1,2 a 2, abaratando enormemente a nuestro principal socio comercial. Es decir, hasta 1999 un dólar de alrededor de $700 parecía correcto.
El quiebre de la convertibilidad es el comienzo de una montaña rusa que comenzó con un dólar de $2250 ($ 3,7 en moneda de ese momento). Esta devaluación nos hizo más pobres a todos, pero desde el punto de vista del equilibrio comercial facilitó enormemente las exportaciones a la vez que hizo casi prohibitivas las importaciones. Esta misma dinámica, acompañada por los precios récord de los productos agrícolas, produjo un influjo de dólares a la economía que llevaron a que el precio del dólar fuera bajando, siempre en términos reales.
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El fin del equilibrio fiscal producto del incremento del gasto público de los gobiernos kirchneristas llevó a la emisión y, por lo tanto, al retorno de la inflación. Por ello a partir aproximadamente de 2009 se comenzó a “pisar” el valor del dólar para usarlo de ancla contra la inflación. El precio oficial barato generó sobredemanda y restricción en la venta. Como consecuencia, en 2012 aparece un mercado paralelo con un valor no manipulado.
La segunda presidencia de Cristina Kirchner tuvo un dólar libre de alrededor de $1030 cuando el oficial era de $770. Y Mauricio Macri, con el dólar unificado gran parte de su presidencia, tuvo un dólar de $940. Alberto Fernández nos llevó a niveles de devaluación nunca vistos ($1900) en el libre, mientras que utilizaban el dólar oficial ($1100) como la única herramienta para frenar la inflación.
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Hoy tenemos un dólar oficial de $935 y el libre en $1350. El oficial está algo depreciado respecto de la convertibilidad y los primeros años de Macri, parecido a los valores de 2009/2010 ($800 a $900).
De todas maneras, los promedios no dicen nada si no se los ponen en contexto. Para poder evaluar cual es el nivel correcto para el dólar es fundamental ver la productividad de la economía. Durante el período mostrado, el gasto público consolidado, tomado como medida de ineficiencia, creció del 30% al 43% del PBI. Esto quiere decir que, aproximadamente, se consume un 13% más del PBI en gastos improductivos.
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Para compensar esta baja de productividad, el salario medido en dólares tiene que ser más bajo. Por lo tanto, es esperable un dólar más caro (peso más débil) ahora que en los noventa. Cuanto mayor dependerá también de otras variables, especialmente de los términos de intercambio comerciales (simplificando, el precio internacional de la soja), variable que no pueden ser manejada por la política económica de Argentina.
En conclusión, sin reformas estructurales que mejoren la productividad el dólar de la convertibilidad es inalcanzable. Tampoco parece razonable un nivel similar al de la presidencia de Fernández cuando los desequilibrios eran mayúsculos. Dada la situación actual, un valor de entre $1000 y $1200 parecería razonable. El nivel a largo plazo dependerá de la productividad que se logre con las reformas. En caso que Milei tuviera éxito, sin dudas el dólar debería bajar en términos reales.
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