Luego de más de 67 años de terrorismo de Estado, de agresiones e intervenciones a todos los países de las Américas, de expandirse y convertirse en el narcoestado jefe en el siglo 21, de someter al pueblo a la miseria, de perpetrar crímenes comunes y de lesa humanidad, la dictadura de Cuba agoniza sin ninguna condición de gobernabilidad ni posibilidad de sobrevivencia. Son los últimos días de un régimen de delincuencia organizada que no tiene pueblo, que ha perdido su narrativa de revolución, que ha liquidado la economía cubana y que no tiene opciones.
Fidel Castro tomó el poder el 1 de enero de 1959 por las armas, se aferró a él con fusilamientos, torturas, matanzas, desapariciones, presos, exiliados y todo tipo de crímenes bajo narrativa de revolución, con discurso de liberación del pueblo y con promesas de igualdad, prosperidad, independencia y una larga lista de adjetivos que hoy son probadas falacias. Institucionalizó el “terrorismo de Estado” como sistema para detentar impune e indefinidamente el poder, el “antiimperialismo” como mecanismo de sobrevivencia confrontando a Estados Unidos, la “liberación popular” para organizar grupos terroristas y guerrilleros, el “internacionalismo” como justificación de intervención, y la Guerra Fria convirtió a Cuba en la base comunista de la región.
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Cuando cayó el Muro de Berlín se protegió creando el “Foro de Sao Paolo” operado y dirigido por Lula da Silva en Brasil, con recursos de los trabajadores que operó luego de desaparición de la Unión Soviética. Durante la Guerra Fría, Cuba era un estado parásito que dependía del sostenimiento soviético, por lo que sin ese soporte la dictadura creó el “periodo especial” para sobrevivir. En última década del siglo pasado Cuba era la única dictadura de los 35 países que conforman las Américas y había reducido sus operaciones de agresión regional por falta de recursos. La previsión de los gobiernos democráticos era que el siglo 21 sería de la democracia plena con la terminación de la dictadura cubana.
El año 1999 Hugo Chavez llegó a la presidencia de Venezuela y de inmediato asistió y empezó el salvataje de la dictadura cubana. Hugo Chávez como socio capitalista malversando el petróleo y la riqueza de Venezuela, Fidel Castro aportando la narrativa revolucionaria y el método criminal de permanecer indefinidamente en el poder y Lula da Silva con el Foro de Sao Paolo encargado de “multiplicar los ejes de confrontación”, conformaron un movimiento populista bolivariano bajo mando de Chávez que terminó llamándose socialismo del siglo 21 o castrochavismo.
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El siglo 21 en las Américas resultó siendo el de la expansión de la dictadura de Cuba que instaló su modelo dictatorial en Venezuela con Chavez/Maduro, Bolivia con Morales/Arce, Nicaragua con Ortega/Murillo y Ecuador con Correa. Controló progresivamente casi todos los países de Latinoamérica, instalando gobiernos para dictatoriales, con derrocamientos, elecciones, fraude electoral, terrorismo, financiamiento de campañas y una larga cadena de crímenes. La muy conveniente muerte de Hugo Chávez pasó el mando del grupo criminal y el control de la riqueza venezolana a Castro y la dictadura de Cuba.

El momento más exitoso de la dictadura de Cuba fue la Cumbre de las Américas de Panamá 2015 donde el Presidente de Estados Unidos reconoció al dictador Raul Castro como el líder de hecho de Latinoamérica, procediendo meses después a reponer relaciones bilaterales. Pero la resistencia civil de los pueblos de la región, la visibilidad de las operaciones delictivas del socialismo del siglo 21 vinculadas a la violación de derechos humanos, la conversión de las dictaduras en narcoestados y plataformas de las dictaduras extra hemisféricas como China, Rusia, Irán, las crecientes acciones de “guerra híbrida” contra Estados Unidos y las democracias, identificaron la verdadera naturaleza y peligrosidad de Cuba y sus satélites.
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La población de Cuba bajo el castrismo siempre trató de migrar, de escapar de la isla convertida en cárcel. Aunque el control de Venezuela y la expansión de operaciones de narcoterrorismo representaron importantes ingresos, lo fueron para los miembros del régimen.
Hoy las Américas y el mundo conocen en tiempo real la realidad de miseria, degradación, humillación y desesperación del pueblo cubano, y el afán del régimen de falsificar cambios y presentar sofismas de apoyos. La realidad es que el repudio popular contra la dictadura representada por Diaz Canel y Raúl Castro es total, no tienen pueblo; nadie -ni dentro ni fuera de Cuba- cree en la revolución cubana, probada como crimen organizado; el país no tiene economía ni forma de encarar la miseria en su sistema delictivo; y la dictadura no tiene ninguna posibilidad de apoyo, fuente de recursos o inversiones, no tiene opciones.
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Con Trump 47, el año 2025 Estados Unidos estableció su “Estrategia de Seguridad Nacional” y empezó operaciones contra la delincuencia organizada trasnacional que detenta el poder político en varios países y territorios de las Américas. Todo conduce a la dictadura de Cuba.
La detención de Nicolas Maduro con el fiasco militar sufrido por fuerzas de la dictadura cubana encargada de la seguridad del capturado, la pérdida de ingresos y petróleo que el desmantelamiento de la narco dictadura de Venezuela representa, y el ultimátum de Estados Unidos al régimen castrista con múltiples señales económicas y políticas, muestran que la fuga de la cúpula dictatorial, su captura, su neutralización, su caída, su rendición o cualquier otra forma de terminación de la dictadura ha llegado.
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Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy
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