
En las últimas semanas, desde distintas fuerzas políticas circularon diversas versiones sobre la necesidad de cambios profundos en materia de educación. Si bien es un debate que la política argentina le debe desde hace años a la sociedad, apoyamos y aplaudimos las iniciativas, pues más vale tarde que nunca.
Por un lado el Gobierno Nacional, a través de su recientemente designado ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, planteó que la educación no formó parte de la Ley bases para no dilatar las cosas, pero que “es una prioridad para el Ejecutivo, y que va a ser una de las reformas más importante de los últimos 50 años”.
Por el otro, el PRO redobló su apuesta mediante una carta dirigida a Guillermo Francos y a Martín Menem, en la que enfatizó la necesidad de agilizar la aprobación de 15 proyectos de Ley. Entre ellos, aquel que busca declarar a la educación como un servicio estratégico esencial.
Ahora, con estas iniciativas sobre la mesa, ¿qué significa que la educación pase a ser un servicio estratégico esencial y qué cambios veríamos de aprobarse este proyecto de ley? Esta medida sentaría las bases para que nos acerquemos a un sistema educativo centrado en los alumnos y en sus necesidades. ¿Como? Asegurando que la escuela esté siempre abierta, respetando sus rutinas cotidianas, más allá de los paros docentes o de las disputas entre intereses políticos que les son totalmente ajenos. Esto se lograría con una guardia de al menos el 30% del personal los primeros 2 días de paro, conformada por directivos, docentes y no docentes. A partir del tercer día de paro, esa guardia debe ser del 50%. Por supuesto siempre seguirá existiendo la posibilidad de que los gremios no acaten la ley y paren por completo, privando a los chicos de su derecho a recibir educación. Pero en ese caso, los padres tendrán una herramienta para defender la educación de sus hijos y la apertura de sus escuelas, algo no menor si tenemos en cuenta que vivimos en un país donde dos de cada tres niños son pobres, o están privados de derechos básicos, o que se pierden en promedio 24 días de clases al año por paros docentes.
Y, en esta línea, quiero hacer énfasis en una idea: la importancia de que como padres, nos involucremos más en la educación de nuestros hijos. La posibilidad de que la guardia esté conformada por “no docentes” abre un abanico de posibilidades para que nos reencontremos con un espacio en donde nuestros hijos se forman fuera de nuestras casas. Lamentablemente, los padres han perdido contacto con lo que pasa dentro de las escuelas que pasó a ser un ámbito monopolizado por el Estado a través de los ministerios de educación. Son ellos quienes negocian con los sindicatos en representación de las familias, lo que claramente se contamina de cuestiones partidarias.
¿Quién no quiere que sus hijos tengan clases? ¿Por qué los chicos tienen que ver su futuro deslizarse entre peleas políticas, sin que su familia tenga voz ni voto en la cuestión?
Con una comunidad educativa fuerte y autónoma, podemos cuidar de la educación desde todos los frentes. Por supuesto que esta medida por sí sola, está lejos de solucionar los problemas de fondo que tiene nuestro deteriorado sistema educativo. Pero es un inicio, un puntapié que muestra indicios de que hay ánimos de hacer las cosas distintas y de que la educación, deje de estar en manos de los Baradales que tanto daño le han hecho. La educación es la base del desarrollo del capital humano de cualquier sociedad. Es la llave del progreso de nuestros hijos. Las familias tienen derecho a cuidarla.
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