¿Por qué hay tanta resistencia a hablar de las Sociedades Anónimas Deportivas? ¿Qué se esconde detrás de frases como “quieren privatizar el fútbol” o “los clubes son de los socios”? Desde hace varios meses, la posibilidad de que los clubes opten por convertirse en Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) ha estado en discusión y en la agenda mediática. Inicialmente, esta norma estaba incluida en el DNU 70/2023, pero posteriormente la Justicia decidió suspenderla al considerar que carecía del carácter de urgencia.
Tras el revés judicial, desde el Congreso Nacional impulsamos la misma iniciativa, convencidos de que permitirles a los clubes elegir entre ser una asociación civil o una sociedad anónima les otorgaría a los clubes y sus socios una mayor libertad para determinar lo que consideran mejor para sí mismos.
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Ahora bien, la pregunta es: ¿por qué demonizar la libertad de poder elegir? ¿Qué intereses se esconden detrás de oponerse a la simple oportunidad de poder elegir? Esta iniciativa busca que cada club, en función de su realidad y perspectivas, pueda decidir si desea adoptar el modelo de SAD o continuar con su estructura actual.
Las SAD son una herramienta que les permitirá acceder a mayores recursos y fortalecerse financieramente. La adopción de este modelo no solo implica la posibilidad de tener más recursos y sustentabilidad, sino que también brinda mayor transparencia en la gestión de los recursos, ya que estarán sujetos a regulaciones más estrictas y controles más rigurosos, a diferencia de las asociaciones civiles. Esto contribuirá a la confianza de los socios, aficionados y patrocinadores en la gestión del club.
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¿Desde cuándo el sector privado es una mala palabra en nuestro país? ¿Por qué asumimos que el capital privado es algo negativo si es el que crea empresas, invierte y genera crecimiento y empleo en los países? Si algo necesita nuestro país es más y más inversión privada en todos los ámbitos e industrias, y por eso debemos generar las condiciones y el marco legal para que eso se convierta en realidad.
Es imposible pensar que clubes pobres y sin recursos puedan llevar adelante su función social. Se necesitan recursos para mejorar instalaciones, comprar el sintético para la cancha de fútbol o invertir en el parquet para la cancha de básquet. Se necesitan recursos para pagarles a los profesores y asegurar que los chicos reciban una buena formación deportiva. No entender este aspecto básico del funcionamiento de cualquier institución es tener una ceguera ideológica que no permite ver la realidad.
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Está claro que no existe ningún tipo societario que, per se, garantice el éxito de nada. Esto es válido para una empresa, una fábrica o un club en su formato de asociación civil. Sin embargo, las ligas más competitivas del mundo adoptan modelos donde el sector privado puede participar como inversor, y la gran mayoría de nuestras estrellas de la selección juegan en clubes que son sociedades anónimas deportivas. Si hay algo que me enseñó el PRO, es a tener una visión abierta del mundo, a admirar los modelos que son exitosos y no a aquellos que generan pobreza y subdesarrollo.
La propuesta de permitir a los clubes convertirse en SAD no es una novedad ni un experimento. En algún momento decíamos que había que observar lo que ocurre en las mejores ligas de Europa, ahora simplemente nos basta con observar lo que ocurre en nuestros países vecinos como Brasil, Chile y Uruguay, o analizar en qué clubes compiten nuestras figuras de la selección nacional.
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En definitiva, se trata de un avance concreto para modernizar, transparentar y darle mayor competitividad al deporte. Pero lo más importante es que no queremos obligar a nadie, solo queremos que los que quieran cambiar tengan la libertad de hacerlo.
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