Córdoba, la nueva San Nicolás de los Arroyos

El Pacto de Mayo podría constituir la vía para canalizar los acuerdos que faciliten la concreción de las medidas que el gobierno ha anunciado

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El presidente Javier Milei convocó
El presidente Javier Milei convocó a un pacto fundacional, a realizarse el próximo 25 de mayo en Córdoba

Cuando el presidente Milei iba finalizando el tradicional discurso que los primeros mandatarios leen habitualmente para hacer la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación, hizo saber al país que convocaría a los gobernadores y principales dirigentes políticos, a una suerte de Pacto de la Moncloa argentino, a realizarse el próximo 25 de mayo en la ciudad de Córdoba, al que el presidente denominó “Pacto de Mayo”.

Esta convocatoria puso claramente de relieve, aunque de un modo implícito, que más allá del estilo confrontativo que caracteriza a Milei, y que no abandonará fácilmente porque lo lleva en su genética, al menos parece haber advertido que con agravios, improperios y avasallamientos institucionales no se logra ningún resultado, y que debe negociar con aquellos a quienes detesta -a los que ha denominado “ratas” y “traidores”, entre otros calificativos-, es decir, con la “casta”.

Si de lo que se trataba era de buscar un ámbito territorial que funcionara como sede del lanzamiento del referido “acuerdo”, por similitudes históricas lo más adecuado hubiera sido elegir a San Nicolás de los Arroyos, ciudad bonaerense en la que, el 31 de mayo de 1852, se desarrolló el célebre “Acuerdo de San Nicolás”, en el que Justo José de Urquiza convocó a los entonces catorce gobernadores –él era uno de ellos-, para acordar el inicio de la organización política del país al amparo de una Constitución, lo que terminó ocurriendo once meses más tarde, con la sanción de nuestra Ley Fundamental.

Sin embargo, Milei prefirió que el lugar del señalado acuerdo fuera Córdoba, y si bien manifestó socarronamente que había elegido a esa provincia porque uno de sus perros es cordobés, aquí le haré llegar al Presidente algunos datos para que puede justificar, más elegantemente por cierto, por qué Córdoba es una provincia que tiene los méritos suficientes como para ser la sede de un acuerdo de las características fundacionales que pretende asignarle.

En primer lugar la provincia de Córdoba es una de las ocho que existían en nuestro país el 25 de mayo de 1810. En efecto, por entonces, el territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata estaba dividido en ocho gobernaciones intendencias, una de las cuáles era la de Córdoba, que en ese momento también incluía a La Rioja, Mendoza, San Luis y San Juan.

Oleo que reproduce el histórico
Oleo que reproduce el histórico Acuerdo de San Nicolás

En segundo lugar Córdoba es, después de la provincia de Buenos Aires (que hasta 1994 incluía a la ciudad de Buenos Aires), la unidad federativa en la que más presidentes argentinos han nacido. Fueron cuatro: Santiago Derqui, Miguel Juárez Célman, José Figueroa Alcorta y Fernando de la Rúa.

En tercer lugar es una de las dos provincias argentinas más pobladas de nuestro país, ya que según datos del último censo, con 3.840.905 habitantes, solo es superada por la provincia de Buenos Aires, que concentra a casi el cuarenta por ciento de la población total.

En tercer lugar, Córdoba suele ser denominada “La Docta”, por cuanto en su territorio fue creada, en 1613, la Universidad de Córdoba, la primera entre las trece universidades nacionales que existen en nuestro país, y también la primera universidad de la Argentina en la que hacia fines del siglo XVIII se comenzaron a dictar los primeros cursos de la carrera de abogacía, carrera que allí siguieron personajes tales como Juan José Paso, Dalmacio Velez Sarsfield, el Dean Greogorio Funes, Santiago Derqui y José Figueroa Alcorta, entre otros.

En definitiva, Córdoba tiene antecedentes históricos, geopolíticos y académicos más importantes que la de haber sido el lugar del nacimiento de uno de los perros del Primer Mandatario, que la hacen merecedora de ser la sede del lugar elegido por el Presidente para “refundar” al país.

Pues más allá del contenido alrededor del cual, a priori, giraría el mencionado “pacto” o “acuerdo”, la realidad es que el mismo deberá verse reflejado en proyectos de leyes que le den ejecutividad; y aún más allá de que ello pueda concretarse parcial o totalmente, lo destacable del referido intento, es que podría constituir la vía para canalizar los acuerdos y las coincidencias que faciliten la concreción de las medidas que el gobierno ha anunciado, hasta ahora, sin demasiado éxito.