
Una de las acciones más naturales del ser humano es el juego. En el inicio de nuestra vida jugamos para reconocer nuestros cuerpos, relacionarnos con los demás y para explorar el entorno cercano en el que vivimos; para luego ir adaptando esta actividad a las características y necesidades propias de cada una de nuestras etapas de vida siendo una herramienta de adaptación y desarrollo.
¿En qué momento dejamos de jugar?
Dejamos de jugar cuando como sociedad malentendemos la acción del juego, cuando lo valoramos por debajo de otras acciones porque son “más importantes”, como por ejemplo estudiar o aprender; sin considerar que todo lo que hacemos genera aprendizajes, incluyendo jugar. Grave error, ya que el juego es una actividad que fomenta la colaboración (sentido y habilidades sociales), el desarrollo cognitivo (capacidad para resolver problemas, creatividad, análisis y síntesis, desarrollo del pensamiento), el desarrollo afectivo (reconocimiento y regulación de las emociones y tolerancia a la frustración) y el desarrollo moral (reconocimiento y respeto de las reglas, diferenciación entre lo bueno y lo malo, etc.).
En conclusión, el juego permite potenciar de una serie de variables personales que nos ayudan a ser competentes, no solo en la niñez sino en a lo largo de la vida; y que facilitan nuestra capacidad de aprender.

Juego y aprendizaje
Todo proceso de aprendizaje formal es básicamente una experiencia de interacciones que se basa en reglas, deberes y derechos de acuerdo con los roles de cada participante y que tiene objetivos claramente delimitados. ¿No suena muy similar a la estructura de un juego?
El proceso de aprender en el colegio, instituto o universidad muchas veces se ve afectado porque sigue un patrón demasiado artificial (entendamos esto como un esquema alejado de la manera natural en la que exploramos, investigamos y aprendemos): un acartonamiento excesivo, la separación con el campo de intereses y los símbolos que representan el mundo del aprendiz, sumado a la distancia afectiva con los maestros y reglas rígidas; generan una experiencia de aprendizaje difícil de vivenciar (más allá de lo complejo o no que sean los contenidos por aprender), frustrante porque no se percibe como constructiva o positiva (evaluaciones punitivas que se enfocan única y exclusivamente en el resultado final ignorando la riqueza del proceso) y poco motivadora ya que en la mayoría de casos, los procesos bajo este esquema no hacen énfasis en la utilidad de lo que se va a aprender para la vida cotidiana y práctica de los estudiantes.
El esfuerzo se debe dirigir a una concientización de los facilitadores de aprendizaje sobre la necesidad de enfocarse en la manera más efectiva de enseñar que se complementa con la manera más efectiva de aprender (recordemos que el proceso se llama enseñanza-aprendizaje), de esta forma será mucho más factible que los aprendices puedan asumir la responsabilidad que por décadas no se les ha permitido asumir de manera consciente: la responsabilidad de aprender.
La apertura del proceso de enseñanza-aprendizaje a lo lúdico generará un ambiente más atractivo y motivante en el que se favorezca no solo el desarrollo de la creatividad y de las variables antes mencionadas, sino también de elementos psicológicos fundamentales para aprender y para aprender a aprender: autoeficacia académica (percepciones sobre las propias capacidades y competencias para aprender. Mientras más capaz se perciba alguien para aprender tendrá mayores probabilidades de éxito en conseguirlo) y engagement académico (estado de bienestar que experimenta quien aprende mientras vivencia el proceso que le permite utilizar toda su energía, enfoque y motivación para aprender).
Debemos volver a la forma natural en que aprendemos. Jugando, explorando (investigando), probando alternativas, imitando comportamientos (y recibiendo instrucción y retroalimentación); en el contexto que conocemos, sobre lo que nos interesa (la labor docente de facilitar aprendizajes debe acercar los contenidos por aprender al mundo del aprendiz); sin miedo al error, despreocupados por una calificación (si bien es cierto, las notas son importantes porque describen un rendimiento, no son tan importantes como para definir a una persona), disfrutando el proceso y conectando con la experiencia de aprender. Así, como cuando niños, de manera natural, como jugando.

Últimas Noticias
Es imperioso liberar al pueblo formoseño
Gildo Insfrán gobierna Formosa desde el 10 de diciembre de 1995. La necesidad de ponerle límite a la cantidad de veces que un mismo individuo puede ser elegido para conducir los destinos de la Nación o de una provincia

La brecha de imaginación: por qué el verdadero obstáculo en la adopción de IA no es técnico, sino estratégico
Mientras muchas compañías acumulan licencias corporativas para tareas superficiales, los profesionales que comprenden el "catálogo de lo posible" están transformando procesos de horas en minutos. Una mirada sobre cómo superar el miedo a delegar, liberar ancho de banda cognitivo y redefinir el liderazgo en la era de la Inteligencia Artificial

Cuando la inteligencia artificial comete un delito, ¿quién responde?
La IA no elimina el derecho penal sino que lo obliga a ser más preciso. La necesidad de reconstruir la cadena de decisiones y de innovar con seguridad jurídica

El desafío de las políticas contra la pobreza
Tras años de deterioro del mercado de trabajo, tener un empleo registrado ya no garantiza que un hogar cubra sus necesidades básicas, y muchos asalariados formales viven en hogares pobres

Cuando lo saludable era tamaño cassette
Me subí al trend de los 80


