La Patria no tiene representante electoral

La atroz mediocridad de nuestros dirigentes enriquecidos se refleja en el dolor de la multitud a la que le robaron su destino

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Javier Milei
Javier Milei

“Ninguna grandeza se ha establecido jamás sobre la mentira” - Albert Camus

Nuestra dirigencia política aprendió de los secuestradores a jugar el rol de los dos represores, el bueno y el malo. Se turnan en empobrecernos mientras ninguno deja de hacerlo. La segunda gran mentira es la del último ajuste, en este modelo de sociedad los ajustes son la esencia del dominio de los ricos sobre los pobres, y los expulsados nunca detienen su crecimiento, lo incrementan a la par de la deuda.

¿Qué ajuste puede soportar una sociedad donde el salario está por debajo del índice de pobreza? El materialismo es una religión dogmática y agresiva que vino a imponer sus bancos y sus marcas y a quedarse con todo lo rentable sin asumir nunca los daños humanos que causaban sus ganancias ilimitadas.

Se definen “liberales de mercado”, no tienen patria ni bandera, al menos con nuestra historia no tienen nada que ver. Nadie ignora que las naciones supieron proteger sus sistemas productivos, como esencia de su integración social. Desde el golpe militar inventaron una historia perversa -tomando como dato el estallido del final del peronismo- que queda instalada por el despreciable personaje de Celestino Rodrigo, como si fuera una crisis del mismo tenor a las que ellos generaron. En aquel tiempo no había deuda externa, ni subsidiados ni pobreza de multitudes, quiere decir que ellos, los liberalitos de mercado todavía no habían logrado destruir al país integrado. Y las empresas eran nacionales, hecho que en el plan de los liberalitos debía cambiar en poco tiempo. Uno de ellos repite como loro que “el proteccionismo es cazar en el zoológico”. Y luego, uno se pregunta si tienen idea de lo que expresan, si creen que la confrontación entre China y el resto del mundo es por la libertad de mercado.

Fabricábamos aviones, hubo un personaje que en nombre del peronismo importó durmientes, eso sí que es ser liberal en serio. Hubo un Parrilli que privatizó YPF. Pero el patriotismo, aquel que defiende el trabajo de nuestros obreros, está ausente en ambos frentes. Si los Kirchner fueron peores que los Menem o que los Macri es una gran discusión de cafetín discepoliano pero no contiene el conflicto de las causas de nuestra desintegración.

Me llama la atención que nadie se anime a analizar la campaña y los planes de desarrollo de Milei. No cabe duda que hay mucho dinero invertido y algo más se quieren llevar. Algunos hablan de Vaca Muerta y del litio, como si pudiéramos convertirnos en una sociedad rentista con casi la mitad de su población expulsada del sistema. Soportamos la experimentación de degradar una sociedad integrada en una colonia sin destino. No se puede discutir la concentración económica, hoy el lugar de los bancos es de los que ni prestan ni pagan intereses, sólo se ocupan de destruir moneda asociados al gobierno de turno. Se matan en ambos bandos por los cargos, las cajas y por la riqueza que genera el Estado, las burocracias solo saben parasitar lo colectivo, son la contracara de una burguesía industrial que genera riquezas, ellos solo parasitan lo ajeno.

Antes del último golpe fuimos una sociedad integrada, luego del mismo somos una destrucción que avanza sin límites. La gran mentira es la supuesta modernidad, para el gobierno es de género como si la tragedia de la pobreza se pudiera sustituir por la libertad de la sexualidad. Mienten todos, no buscan mejorar lo colectivo, queda de sobra claro que ninguno lo logró, o peor aún, ni siquiera lo intentó. Hay dos frentes, uno que hereda algo del peronismo, demasiado del pragmatismo y de la izquierda y el otro está donde habitan los radicales que fueron degradados junto con los peronistas y los descendientes de los golpes de Estado que nunca sintieron consideración por el caído. Todos ricos, todos, son una clase social nacida de las privatizaciones e instalada sobre los restos del Estado pasado. El odio se asienta en ambos sobre una mentira, ni los que se dicen peronistas lo sienten y respetan ni los gorilas asumen que nunca fueron democráticos. Es una sociedad que lleva cuarenta y siete años de decadencia sin pausa en la perversión de no asumir ese proceso para no lastimar los intereses sobre los que se apoyan.

Somos una sociedad donde el mercantilismo ensaya la destrucción del ciudadano para degradarlo en consumidor. Además, del empobrecimiento de los humildes y su degradación, como de la concentración de la riqueza y sus consecuencias, de estos temas no se habla en este patético proceso electoral. La burocracia discute la distribución de sus prebendas, la sociedad sabe que nada puede esperar de semejante ambición que los incluye en el discurso pero los ignora en la distribución de las riquezas. Este materialismo financiero odia toda vivencia religiosa o trascendente, ellos son los vencedores al quedarse con los dineros de todos. Ricos improductivos, personajes indignos de respeto, como supo decir el poeta, “importan dos maneras de concebir el mundo, una salvarse solo, arrojar ciegamente a los demás de la balsa, y la otra un destino de sálvase con todos, comprometer la vida hasta el último náufrago, no dormir esta noche si hay un niño en la calle”. Votar ya para nada sirve, y los odios vigentes sólo encubren culpas no asumidas. La burocracia no tiene buenos y malos, es una clase improductiva al servicio de los peores intereses. La atroz mediocridad de nuestros enriquecidos se refleja en el dolor de la multitud a la que le robaron su destino. La patria está en riesgo de disolución y no tiene representante electoral. Lamentable y por ahora, es sin salida.

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