
El 2023 nos encuentra con una crisis política y económica aguda que genera consecuencias muy graves y conocidas por todos. De forma simultánea, asistimos a un doble escenario: uno, signado por las urgencias del corto plazo con múltiples ejes en rojo, y otro, transitando la transformación de nuestra matriz productiva originada por la cuarta revolución industrial.
Somos muchos los que coincidimos en el diagnóstico actual de nuestro país: una situación de fragilidad extrema, de capitalismo atrasado y desconexión total de la política que nos aleja peligrosamente del sendero de desarrollo necesario. En este contexto, cada territorio, provincia y ciudad, construye de forma aislada, y sin un direccionamiento unificado, el ingreso definitivo al siglo XXI de nuestra patria. En este sentido, cabe preguntarnos: ¿qué tiene la ciudad de Buenos Aires para contribuir al desarrollo de nuestro país?
En primer lugar, es imperioso que la CABA sea una ciudad altamente productiva, tecnológica, creativa e innovadora. Es fundamental ubicar a la ciudad bajo este paradigma ya que es el indicado para sintetizar todos los esfuerzos, proyectos, experiencias, capacidades y virtudes que acumula. Y para ello, el debate electoral que nos debemos en la ciudad de Buenos Aires se basa en definir qué modelo de transformación productiva le vamos a ofrecer al país.
¿Cómo construimos una ciudad productiva?
Principalmente, construiremos una ciudad productiva a través de la economía del conocimiento, con todos los sectores que la conforman, de la mano de la tecnológica y la innovación. Necesitamos generar nuevos productos y servicios, nuevas empresas y nuevos puestos de trabajo genuinos y de calidad, transformando profundamente la escuela pública y privada para ello, convocando a las universidades, empezando por la UBA, a ser actores del cambio.
Actualmente el software, el gaming, la producción audiovisual, la bio y nanotecnología, los servicios de electrónica y de telecomunicaciones, los servicios profesionales y la industria aeroespacial, por poner solo algunos ejemplos, han creado todo un conglomerado productivo que tiene las virtudes para generar empleo, riqueza y desarrollo. Lo que digo no es ninguna novedad, pasa en las mejores ciudades del mundo, y Buenos Aires forma parte de esas ciudades. Es la ciudad de la economía del futuro, la ciudad de la economía del conocimiento, la que debe garantizar las oportunidades que nos merecemos.
La creatividad, a través del encuentro entre las nuevas tecnologías, artistas, jóvenes, creativos y profesionales necesitan un estado promoviendo y acompañando proyectos. Actualmente existen miles de propuestas de este tipo en el universo de la creatividad y del arte. La Ciudad del tango, del rock nacional, del trap, de Trueno y de Lali, de la explosión cultural tiene hambre de mundo y de triunfo. Sólo falta el estímulo estratégico de la voluntad política para que la ciudad de Buenos Aires se convierta en la Berlín de las industrias culturales y creativas de América Latina.
Por otro lado, la ciudad tiene que comprometerse con el desarrollo de sus emprendedores y trabajadores independientes. Hoy miles de trabajadoras y trabajadores freelancers, globales y nómades generan muchísimo valor ocupando roles claves en proyectos colectivos. Una ciudad que los represente en la búsqueda de sus propios proyectos de vida, que puedan proyectar un futuro aquí, es urgente. La creación de un fideicomiso para trabajadores globales y nómades donde sus dólares, los que ganan con su trabajo, les otorgue la posibilidad de acceder a su vivienda a la vez que se redirecciona la construcción en la ciudad ante la crisis de diseño urbano podría ser un buen comienzo. Es una gran contradicción invitar a trabajadores globales a vivir aquí (de manera temporal y/o permanente) y no registrar a nuestros trabajadores globales.
En síntesis, este modelo de ciudad parte del compromiso de que nos pongamos a crear, a producir, a transformar la realidad desde lo que cada uno sabe hacer. Crear una ciudad de Buenos Aires del siglo XXI a nuestra medida: productiva, tecnológica, innovadora y con calidad de vida. Con políticas activas para el desarrollo del mercado laboral. Con ecosistemas y entramados productivos que fortalezcan los vínculos de la economía, a los efectos de atender derechos individuales tales como trabajo, vivienda, educación, nutrición y salud.
La ciudad productiva de las que les hablo existe en las calles de Buenos Aires anidada en el impulso individual de los ciudadanos y ciudadanas. Es momento de que esos esfuerzos empiecen a rendir sus frutos a través de un proyecto colectivo que los potencie. Y para ello es indispensable contar con un direccionamiento estratégico bien definido para que la CABA impulse su matriz productiva y haga su aporte al país que viene.
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