
Estamos convencidos de que la educación es el camino para construir un país mejor y que es fundamental ofrecer a los jóvenes experiencias de la vida que se complementen con la educación formal. De esta manera, llegan mejor preparados para insertarse en el ámbito laboral, enfrentando ese gran desafío que es el primer empleo en un contexto en el que el desempleo en los jóvenes duplica al desempleo en adultos.
Vivimos en un mundo dinámico que requiere adaptación constante, en donde estar alfabetizado implica mucho más que leer y escribir. Las habilidades socioemocionales como la flexibilidad, la resiliencia, el trabajo en equipo, el espíritu emprendedor, la autonomía y muchas más, son la clave para trazar el propio plan de vida.
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Es por esto que, en línea con uno de los objetivos de desarrollo sostenible, que busca garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, promoviendo oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos, estamos comprometidos con la educación y entendemos que el futuro es hoy.
En este sentido, tenemos el deber de dar más y mejores oportunidades de formación a los jóvenes para que comprendan que la tecnología, además de ser una herramienta recreativa, es una fuente de oportunidades, que emprender puede ser un camino –adentro y afuera de las empresas-, que las habilidades que tienen son valoradas, que las tienen que potenciar y desarrollar y que la educación financiera es un pilar fundamental para poder llevar adelante el propio proyecto, impactando en sus familias y comunidades.
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Siempre buscamos que los chicos puedan desarrollar su autoeficacia, “que se crean capaces de”. Las personas que se creen capaces de algo tienen más posibilidades de lograrlo. La autoeficacia se desarrolla, y esto es lo que hacemos desde nuestras experiencias a través de cuatro estrategias fundamentales:
- Aprender haciendo: a través de experiencias reales los jóvenes adquieren y dominan nuevas habilidades. No se trata únicamente de que sean capaces de aprender o adquirir conocimiento, sino de asumir una actitud de protagonistas en todos los ámbitos de su vida: en sus casas, en la escuela y en lo que elijan para su futuro, ya sea dentro o fuera de una organización. En este proceso es fundamental involucrarlos y dejarlos liderar; que los jóvenes impulsen su camino de aprendizaje y sientan ganas de hacer, de cuestionar, de debatir. ¿Cómo podemos conseguirlo? Trabajando en proyectos reales que además los vinculan con otros.
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- Modelos de conducta: incluyendo mentores y referentes que inspiran a los jóvenes con sus testimonios y sus experiencias, sus éxitos y sus fracasos. Habilitando el dialogo con diferentes actividades para que puedan tener conversaciones sobre sus miedos, dudas, deseos y proyecciones. Uno imagina, aspira o planea en base a lo que conoce. Más trayectorias conoce, más se atreve a soñar.
- Respaldo y apoyo de terceros: en línea con anterior, los jóvenes necesitan recibir la confianza de otros, que los crean capaces de tener éxito. A través de nuestra metodología, los jóvenes se convierten en protagonistas y toman sus propias decisiones, acompañados y guiados por sus docentes y mentores, que confían en que puedan lograrlo y si no lo hacen, aprenden durante el proceso. Como educadores tenemos la gran responsabilidad de generar ese espacio de contención. Los estudiantes transitan experiencias reales que los exponen a desafíos nuevos, adentrarse en el terreno de lo no conocido es posible cuando sabemos hay un guía que indica el norte y sostendrá en la incertidumbre, en el logro y el fracaso.
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- Optimismo: resulta el principio clave para que los jóvenes se crean capaces de buscar las oportunidades en entornos adversos y desarrollen el espíritu emprendedor. Aquí de nuevo juega un papel importante la oportunidad de sacar un aprendizaje de los procesos, que supere al éxito o al fracaso.
La autoeficacia se vincula, a su vez, con otras competencias como las habilidades socioemocionales, que les permiten ser líderes, comunicar sus ideas, tomar decisiones, evaluar riesgos y vincularse con otras personas, siendo más resilientes y adaptables frente a las urgencias y las crisis que presenta la sociedad en la que vivimos.
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Ya sea dentro o fuera de la escuela, muchos procesos de aprendizaje se activan cuando como adultos incentivamos a los jóvenes a adentrarse en la aventura y les mostramos que creemos que pueden hacerlo. A todos nos toca cuidar que los ambientes (hogares, escuelas, organizaciones sociales, etc) y propuestas (planes de estudio, ejercicios, paseos, juegos, etc) que presentamos a los jóvenes construyan en este sentido.
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