
En el idioma griego antiguo, Krátos (κράτος) significa fuerza o poder, de allí que “democracia” se interpreta como “el poder del pueblo”. Una simple búsqueda en internet muestra que en algunas ocasiones el término “educracia” se asocia a la combinación de educación y democracia, pero en ningún caso a la que sería su raíz etimológica original, o sea, “el poder de la educación”. Históricamente, muchas democracias se formaron a través de una Revolución.
Hoy se habla de una “Revolución Educativa”, consecuencia en gran medida de la pandemia y de la inteligencia artificial. La primera de ellas por el efecto que tuvo y tiene en los sistemas educativos de todos los niveles y en todos los rincones del mundo. La segunda evidenciada en estos días por la infinidad de artículos que describen los posibles efectos de herramientas como “ChatGPT” en la educación.
¿No será momento entonces de transformar esa Revolución Educativa para que, como resultado, lleguemos a una “educracia” (el poder de la educación)?
Se ha escuchado decir que la educación empodera a los ciudadanos, pero que se entienda bien, para que eso ocurra la educación no debe ser una mera instrucción o asimilación de conocimientos por parte de los estudiantes, sino la formación de una persona capaz de desarrollar su condición de ciudadano de pleno derecho en la sociedad de la que es parte. Tal como expresara Paulo Freire a través de su obra, el acto educativo es la principal estrategia para formar ciudadanos. Hay que educar al soberano, decía Sarmiento.
Una democracia plena requiere de individuos capaces de pensar críticamente, de discernir utilizando su propio juicio crítico y no dejándose llevar por las tendencias mediáticas o las informaciones “viralizadas”. Tal como expresó recientemente en una entrevista el exdirector general de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza: “Nuestra esperanza es que la educación se centre en cultivar aquellas capacidades que nos hacen humanos: pensar, anticiparse, innovar, imaginar, crear”.
Hace algunos años Sir Ken Robinson expresó que el mundo estaba atravesando cambios revolucionarios y que para afrontarlos se necesitaba una revolución en la educación. Pero para que esta Revolución Educativa se produzca es necesario cambiar el sistema de raíz. Priorizar el aprendizaje a la enseñanza, ¿de qué sirve lo que enseñamos si los alumnos no aprenden?, ¿de qué sirve evaluar conocimientos que se olvidarán a poco de haberlos adquirido?, ¿hasta cuándo mantendremos vigente un sistema educativo que fue creado en una época y para una sociedad completamente distinta a la actual?
El sistema educativo vigente fue útil cuando el conocimiento era escaso o limitado y de difícil acceso para el común de la gente, pero hoy ambas condiciones ya no existen. El conocimiento aumenta en progresión geométrica y es infinitamente más accesible que hace apenas unas décadas. Tratemos de recordar nuestras actividades y costumbres hace apenas unas décadas, nadie tenía una computadora en su casa, no había Internet, en la televisión había sólo 4 o 5 canales, el teléfono estaba fijo y atado a un cable a la pared, el correo era algo que se escribía en un papel y se enviaba en un sobre para ser recibido, en el mejor de los casos, varios días después, etc. Pero las aulas y la mayoría de las prácticas educativas hoy en día son las mismas que en esa época, más aún, casi las mismas que en el Siglo XIX.
La otra cuestión es que, salvo muy escasas excepciones, no se capacita para el trabajo, para la empleabilidad, sobre todo en la enseñanza media. Pero también en la Universidad, donde se necesita mucho tiempo para completar un bagaje de conocimientos que permita acceder al mundo laboral. Es importante el avance de los Trayectos Formativos y la posibilidad de obtener Microcredenciales, pero seguimos sin tener un proyecto educativo encadenado cuya misión sea formar emprendedores, trabajadores y, sobre todo, ciudadanos preparados para enfrentar los desafíos del futuro.
Debemos tener una visión sistémica de la Educación. Lo que se observa en la actualidad son compartimientos estancos que tienen poca o nula interrelación entre sí.
En síntesis, es menester promover activamente la Revolución Educativa para llevar a la Educación al poder. Si así no lo hiciéramos, que las generaciones futuras nos lo demanden.
Nota de los autores: Este artículo no fue escrito por ChatGPT
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