
El triunviro económico tiene un poder acumulado que solo él puede administrar. Es un ministro que no está a tiro de decreto. Si renunciara, el colapso económico sería total.
Lo saben los más importantes empresarios argentinos, los posibles inversores, los políticos norteamericanos que siguen nuestras desventuras, los burócratas del FMI y la jefa indiscutida del kirchnerismo.
El líder del Frente Renovador y una importante voz de Washington han sido los responsables de hacerle entender al jefe de la agrupación ”amague y recule” que el desacato a la Corte Suprema era un tiro en los pies.
Aunque Grabois sostenga, quizás con razón, que Massa no es el candidato de las bases K, sí lo es de CFK.
Ella necesita un administrador que mantenga el barco a flote hasta fin de este neonato 2023, que articule un ”plan platita” y un candidato que le consiga diputados y senadores. Ya llegará el momento, todos en el llano, de discutir el liderazgo de la oposición.
Quedan muchos meses de incógnitas políticas y económicas.
Los libertarios tienen un solo candidato: Javier Milei. Juntos por el Cambio, al menos dos: Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich. Y falta develar la incógnita de Mauricio Macri.
La renacida Unión Cívica Radical no termina de decidir si llegó la hora de un candidato propio o de poner el candidato a vicepresidente. Puede quedarse sin ambos.
El jefe de Gobierno porteño ha comenzado, con la incorporación de Martín Redrado, a mostrar un “con quiénes”. Macri insiste en un “para qué”.
Milei imagina que, si Rodríguez Larreta es el candidato, los votantes de Macri y Bullrich optarán por los libertarios.
Cristina Kirchner, aunque se burle del devaluado “okupa” de Olivos, también recula y comienza a entornar la puerta de una candidatura al Senado. Constituye una necesidad de su espacio.
Alberto Fernández pretende, al lado de Lula, aferrarse al sueño de la reelección. En poco más de 20 días comprenderá que, con la presencia del líder brasileño, también su influencia en la CELAC resultó efímera.
En medio de las discusiones de lo que viene, típico del comienzo de un año electoral, el drama económico se agrava. Las tensiones sociales persisten y la desconfianza en la dirigencia política no hace más que agravarse.
¿La pesadilla colectiva puede interponerse en los sueños de la dirigencia?
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