
Los 40 son una edad tramposa en la vida de las personas. Nos creemos jóvenes y negamos los primeros síntomas de la edad. En mi caso, lo siento en la cancha de futbol: mi cabeza piensa como una persona de 20 años, pero mi cuerpo me enfrenta a la realidad de mis músculos y mis movimientos de una de 40.
Es una década bisagra en la vida de las personas porque nos interpela sobre cómo tenemos que vivir nuestra segunda etapa de la vida, “somos los más jóvenes de los viejos”. La buena noticia es que nos queda mucho camino por recorrer y mucho por aprender. Las neurociencias nos enseñan que podemos incorporar conocimiento hasta el último momento de nuestra vida.
A los de 40, en esta época, además, nos toca vivir en un momento histórico particular. Para ser parte del mundo laboral actual y futuro se nos plantea cambiar nuestro modelo aprendido y ahora debemos vivir en “modo aprendices”. El aprendizaje es continuo y requiere entender que es la manera de seguir vinculados al mundo del trabajo. Las profesiones vinculadas al desarrollo de software y al mundo de los cuidados son las más demandadas hoy en día y pareciera que así va a seguir siendo en los próximos años, según datos del BID y de otros organismos multilaterales.
Los +40 nos encontramos a mitad del río, no nacimos en el mundo analógico, pero tampoco somos nativos digitales. Pero debemos sumar herramientas para un mundo que es cada día más tecnológico. El lector, se preguntará ¿dónde vemos esto? El manejo de herramientas digitales ya no es más una potestad de la persona que trabaja en tecnología. Podríamos decir que ya casi es al revés, todos debemos manejar la tecnología, independientemente del área, o la función que realicemos en una organización.
Debemos tomar conciencia del problema que nos toca enfrentar. La reconversión no es una opción, es una posibilidad a tiempo que nos permite aprovechar nuestra experiencia y recorrido profesional y ponerlo al servicio de una industria que nos va a desafiar, no solo en lo laboral, sino también frente a los estereotipos y sesgos que tenemos las personas. Según datos de la ANSES, a junio de este año la franja etaria que va de los 45 a los 49 fue la que más prestaciones por desempleo recibió, la sigue la de 35 a 39, y luego la de 40 a 44 años. Los +40 debemos tomar cartas en el asunto, aún nos quedan entre 20 y 25 años de generar valor agregado a la sociedad y el mundo laboral está cambiando.
Formo parte de una generación que cree que para hacer algo tiene que minimizar la probabilidad del error vs la generación de mis hijos, que se anima a probar sabiendo que se va a equivocar y toma el error como un aprendizaje y no como un fracaso.
Tenemos, todavía, mucho para aportar a la sociedad, pero también mucho para aprender de los más jóvenes y de este nuevo mundo digital que nos toca vivir.
Es paradójico que convivan en nuestro país una tasa de desempleo del 7%, y, por el otro lado, según datos de la Cámara de la Industria del Software de Argentina, hayan quedado vacantes casi 10 mil puestos vinculados a la tecnología. La pregunta es: si somos la generación que en estos momentos sufrimos más el despido en nuestros trabajos y, por el otro lado, hay una demanda sin cubrir de empleos vinculados a la tecnología, ¿qué estamos esperando para reconvertirnos y trasladar nuestra experiencia y ganas de seguir generando valor?
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