
La elección presidencial brasileña muestra un país fracturado al medio, no por sólidas convicciones ideológicas, sino por un extraordinario proceso de división popular, resultante de varios factores concurrentes. El principal, la tecnología cibernética, que, apoyada en la big-data y los algoritmos, permite un sutil control social que va segmentando a la población por criterios diversos y acelera su polarización, sobre temas secundarios a las principales demandas sociales. Los liderazgos carismáticos, que representan combinaciones de ideologías, a veces, contradictorias, complementan la acción divisoria.
En la última década, claramente, ninguna propuesta de gobierno, ni ideología de cualquier signo, ha dejado satisfecho a sus votantes; por lo que éstos, van cambiando de opción y se vota hoy más por rechazo que por convicción. La larga lista de elecciones donde ha ganado la circunstancial “oposición” es bien elocuente. Se va de fracaso en fracaso, aún en países con diversa situación social, económica o financiera. Brasil tiene baja inflación y reservas por 300.000 M USD en su Banco Central, su economía crece y hay poco desempleo formal. Igual el oficialismo pierde, aunque sea por mínimo margen.
En toda América, incluida los EEUU, se muestran mapas coloreados de rojo y azul. Parecieran asemejarse a “izquierdas” o “derechas”, simplismo ampliamente difundido para enmascarar que en la mayoría de los casos son variantes de un mismo sistema, sutilmente manejado por algunos pocos, mayoritariamente del sistema financiero internacional. Sus diferencias son en temas adyacentes al problema central. Las problemáticas reales son: la falta de un equilibrado desarrollo económico y humano; el sometimiento a doctrinas internacionalistas que restringen el manejo soberano de las naciones, y la falta de justicia social, que excluye o empobrece a crecientes contingentes de la población.
A partir del triunfo de Lula en Brasil, el mapa sudamericano se muestra casi totalmente coloreado de un engañoso “rojo progresista posmoderno”. Si bien esos “rojos” tienen características nacionales e históricas particulares, tienen varios signos en común: (a) son muy liberales en lo cultural, propagando alegremente las post-verdades tecnocráticas, como super-enfatizar las cuestiones de género, el distorsionado lenguaje inclusivo, o relativizar las cuestiones religiosas; todas ideas que provienen de la socialdemocracia europea y de los demócratas norteamericanos, las que son usadas como polarización y desunión interna a modo de distracción de la falta de verdaderas soluciones a los problemas populares, la caída de la calidad y niveles de vida; (b) son alegremente ambientalistas, lo cual es correcto en general, pero auto-castigando su propio desarrollo industrial, y sin defender el hecho fáctico que la mitigación ambiental debería ser pagada casi exclusivamente por los países más desarrollados que la produjeron masivamente y no por los países menos desarrollados; (c) el indigenismo, enfoque distorsivo de los pueblos nativos, enmascarando el masivo mestizaje, que dio lugar al criollo, y que es aplicado casi exclusivamente a Hispanoamérica, como modo también de fraccionamiento, división y distracción.
Un punto en común entre liberales de izquierda y de derecha es la sistémica agresión (por acción u omisión, por medidas contradictorias o electoralistas, o por ideología), al desarrollo tecno-industrial nacional, que produce desindustrialización o desnacionalización, lo que favorece la importación desde el extranjero o bien, impide un sano desarrollo tecnológico propio. La falta de proyectos nacionales y de claridad estratégica de ambos sectores es paradigmática y se ve claramente en Argentina, aunque algo menos en Brasil, por la existencia de una fuerte burguesía nacional industrialista en los estados de Minas Gerais y Sao Paulo y por acción de sus FFAA, que, con gran sentido patriótico, tienen un mayor enfoque hacia la potenciación tecnológica e industrial nacional.
La competencia tecnológica e industrial es el vector de los actuales conflictos mundiales. Mackinder decía que quien controla la isla euroasiática, controla al mundo. Actualizando ese razonamiento diríamos que quien domina las nuevas tecnologías críticas, tiene un mayor dominio geopolítico: es la Tecnogeopolítica. Insistentemente se razona en Europa que la guerra desatada en su territorio tiene como un vector importante, destruir la tácita alianza Berlín-Moscú, originada en la OstPolitik, pero continuada por Merkel para atraer a Rusia hacia Europa y lograr así, vía energía barata, sostener la continuidad de la altísima competitividad alemana; concordante con ello, el atentado terrorista de la voladura del gasoducto Nord Stream II, es visto como que afecta mucho más los intereses geoestratégicos de Alemania que los de Rusia. En nuestra zona, es conocida la tesis, que la operación “Lava Jato” en Brasil, estaba destinada a desmantelar las grandes empresas brasileñas, y que todo es visto como parte de la guerra irrestricta o híbrida, con que se manejan los intereses anglosajones y los del resto del mundo.
Así como Lula fue encarcelado en aquellos momentos por cuestiones secundarias; ahora, ya sin demasiadas fuerzas, es extrañamente potenciado para asumir la presidencia de Brasil, pero rodeado o condicionado por sus ex opositores ideológicos (establishment liberal, el Centrao, los ambientalistas), que le crearon un novedoso Frente Amplio. Quien lo “libera” de la cárcel es la Suprema Corte, basándose en que fue judicializado en el lugar equivocado; nada dijo sobre su presunta culpabilidad (rehén potencial). En Brasil se dice que se vive en una Juristocracia, dado el fuerte poder del Sistema Judicial, con fuertes ligazones internacionales. El “izquierdista” PT recibió fuertes donaciones de los bancos; los buenos negocios y las altas finanzas no tienen ideología. Durante la campaña, los grandes medios (Globo, Folha), favorecieron al PT argumentando la defensa de la democracia, contra los avances de la “extrema derecha”. Parece que la presencia de la fuerte recuperación económica brasileña y el fortalecimiento de sus FFAA, no ha caído bien en el Norte y a falta de otro liderazgo, se recurre al astuto y carismático Lula. Entre otros factores, un Bolsonaro, sin consistencia ideológica, muy contradictorio, también pagó caro su política exterior bastante independiente y su no condena a Putin.
Lula fue felicitado desde EEUU, nada menos que por su plana mayor: Joe Biden, Anthony Blinken (Secretario de Estado) y Lloyd Austin (Secretario de Defensa). Las máquinas de votación electrónicas brasileñas (con software Oracle) fueron avaladas como seguras por parte de William Burns (director de la CIA). Desde Europa se hicieron presentes la Sra. Von der Leyen y Josep Borrel, además de Macron, Scholz (premier alemán) y el español Pedro Sánchez. La internacionalización de la Amazonía ronda todos estos apoyos europeos, al igual que los recibidos de Boric (Chile), Petro (Colombia) y Luis Almagro (OEA). Tampoco faltaron a la cita, GreenPeace y Al Gore (”Proyecto de Realidad Climática); así como las ONG pseudoindigenistas. Hasta se contrató a Hollywood (Leonardo DiCaprio, y actores de películas Marvel).
La gran pregunta es qué margen tiene Lula para implementar sus ideas, ya que no se conoce que haya conciliado un programa de gobierno con sus actuales socios políticos. Todos los temas son conflictos en potencia, más aún con un Congreso muy desfavorable y con gobernadores en los estados más importantes, que han apoyado a Bolsonaro.
Brasil es parte de los BRICS: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Esto incrementa las contradicciones de esta época, que son varias. Internamente, los Sin Tierra, los asalariados, el sector privado, las diferencias culturales entre el Brasil tradicionalista y el cosmopolita. Internacionalmente, sus intereses nacionales, su propio proyecto de país, con opciones divergentes entre su soberanía y el globalismo. Son temáticas comunes, pero tienen mayor repercusión e importancia cuando se habla de países muy grandes, como Brasil. Es poco probable que Lula cambie la “neutralidad” de Brasil en el conflicto NATO-Rusia, dado que recibió también felicitaciones de Putin. Tal vez se le complique su difundida propuesta de moneda única sudamericana, que permitiría mostrar su liderazgo personal en el área; tema que EEUU mira con cierta desconfianza. Las relaciones con Europa podrían ser más sencillas: en lo ambiental control de la deforestación de la Amazonía, aunque habría que ver la posición de las FFAA brasileras. Con la política cultural postmoderna tiene el camino allanado. Las relaciones con China, seguirán según sus mutuos intereses; siendo Brasil su principal proveedor de granos. A EEUU le interesa principalmente los temas relacionados a la seguridad continental y al avance de los intereses chinos en la región.
Los modelos clásicos vienen fallando, observable en la enorme incertidumbre que domina al mundo. Fallan en lo económico y en lo cultural. Los países más grandes, India, Japón, Indonesia, se han vuelto más proteccionistas y más nacionalistas, por temor a lo desconocido y tratan de evitar fuertes polarizaciones internas para evitar debilidades externas. Los países que no pertenecen a la Tríada (EEUU-China-Rusia), aggiornan permanentemente su política exterior, ejecutando continuas transacciones amigo-aliado-enemigo, para sobrevivir en este mundo convulsionado por una guerra cognitiva que no da descanso. El mundo se encamina tumultuosamente hacia un modelo alternativo que nos debería llevar al multilateralismo y a la paz. Solo así se logrará mayor certidumbre global.
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