
El almanaque nos recuerda que estamos nuevamente ante el Día Mundial de este noble órgano y cada 29 de septiembre, desde hace 22 años, la Federación Mundial del Corazón nos propone reflexionar acerca de la importancia de cuidarlo ante el acecho de las enfermedades cardiovasculares. Es que el problema no es menor, ya que es la primera causa de muerte en el mundo, cobrándose un número escalofriante: 18.6 millones de víctimas anuales. En nuestro país, de acuerdo con la Sociedad Argentina de Cardiología, el número es de aproximadamente 280 fallecimientos por día, siendo la enfermedad de las arterias coronarias la principal responsable.
Frente a estos datos, no hay duda entonces de que uno de los primeros objetivos a cumplir, con el fin de intentar reducir el impacto de la enfermedad cardiovascular, es actuar concientizando acerca de cuáles son los factores de riesgo que favorecen la “obstrucción” de estas arterias, fenómeno que conocemos como ateroesclerosis. Ahora bien, por lo pronto, médicos y pacientes no estaríamos haciendo un buen trabajo, según lo demuestra la última encuesta a nivel nacional sobre factores de riesgo (que sabemos que son los responsables de generar esta patología).
Vemos que casi el 65% de nuestra población es sedentaria, no realiza actividad física en forma regular. En cuanto a mantener un peso deseable, no estamos mejor, ya que el 61% presenta sobrepeso u obesidad. Cuando hacemos hincapié en una alimentación saludable, observamos que el 94% de los encuestados no consume una dieta adecuada, con menos de 5 porciones de fruta o verduras al día. El hábito de fumar lamentablemente es muy prevalente, con casi el 50% de los entrevistados manifestando consumir tabaco o estar expuesto al tabaco ajeno.
De acuerdo con otro importante estudio, esta vez realizado por la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial, nos enteramos de que una de cada dos personas entrevistadas era hipertensa (50,3%), pero lo que es peor, entre ellas, el 65,3% no tenían su presión bajo control. Tampoco quedamos bien parados con el manejo del colesterol, ya que en nuestro país solo el 11% de los que lo tienen elevado se encontrarían tratados de acuerdo con guías internacionales.
Frente a esta dura realidad, no hay duda de que tenemos que actuar rápidamente para cambiarla. Esto fue lo que hizo la Sociedad Americana del Corazón, frente a una similar situación allá por el año 2010, con la idea de tomar al toro por las astas y el objetivo claro de reducir las muertes de origen cardiovascular y el número de Infartos de miocardio y accidentes cerebro-vasculares (ACV). Para ello, idearon un proyecto cuya base principal era difundir un plan de comunicación a la población en el cual tomaron cuatro comportamientos que había que modificar con las siguientes consignas muy fáciles de entender:
1) No fume o deje ya de fumar.
2) Reduzca de peso hasta llevar su índice de masa corporal a un valor normal.
3) Haga al menos 150 minutos de actividad física por semana.
4) Siga una dieta saludable, no olvidando consumir verduras, frutas, nueces, legumbres, pescados y mariscos, entre otros nutrientes.
A su vez, recomendaron conocer, medir y controlar 3 parámetros biométricos: presión arterial, colesterol total y azúcar en sangre (glucemia).
Es interesante decir que luego de unos años se agregó también a esta lista el último hábito, dormir entre 7 y 9 horas diarias, llamando a estos consejos los “8 esenciales para la vida”, y que realmente definen parámetros medibles y a lo que se quiere “aspirar” cuando se habla de una salud cardiovascular ideal.
La primera enseñanza tras la implementación fue que al interrogar a los pacientes en el consultorio acerca de cuántos cumplían de inicio estos preceptos, se vio que menos del 1% de la población los implementaba. Luego de 12 años de trabajo, recientemente se publicó en la revista Circulation un análisis del proyecto, encontrándose una asociación directa entre el número de consejos cumplidos y la disminución de eventos cardiovasculares serios, llegando a predecirse que el cumplir todos estos preceptos podría disminuir en los Estados Unidos hasta 2 millones de eventos al año.
Esto no es algo utópico y sin duda podemos implementar algo así en nuestro país. Trabajando en conjunto con el estado y las sociedades científicas, podemos diseñar campañas de concientización, que junto a nuestras “charlas” en el consultorio ayuden a empoderar a nuestros pacientes para lograr reducir el impacto de estos factores de riesgo vascular, mediante consejos claros y sencillos de aplicar.
Por último, es importante tener en cuenta que estos consejos son válidos para aplicar desde la adolescencia, recordando que cuanto antes empecemos a implementarlos, sin duda veremos mejores resultados a largo plazo. La evidencia indica que la prevención en el cuidado de nuestras arterias comienza ya desde muy jóvenes y, como dice el poema, el hijo es el padre del adulto, nuestras decisiones, hábitos y costumbres, a fin de cuentas, son las que marcan y definen nuestra vida. En el día del corazón es bueno recordarlo.
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