
Francamente no debería sorprender o preocupar la renuncia de Martín Guzmán a su cargo de ministro de Economía, por la sencilla razón que la renuncia de Guzmán es irrelevante, finalmente es un ministro sin plan en un desgobierno. Dicho en otras palabras, el problema no es Guzmán, el problema es que los que están en el gobierno no saben para dónde ir. La preocupación principal fue, desde un inicio, solucionar los problemas jurídicos de la vicepresidente e inundar la economía con emisión monetaria para tratar de tener contenta a la gente.
Basta recordar que en la última semana de diciembre de 2019 apareció en el balance semanal del BCRA una utilidad que nadie sabe muy bien de dónde había surgió. El plan platita que se implementó en el segundo semestre del año pasado, y del cual hoy estamos pagando las consecuencias por la inflación, ya estaba previsto desde el inicio. La idea era emitir moneda bajo el formato de Transferencia de Utilidades para financiar el gasto público.
Cabe recordar que de los $2 billones que emitió el BCRA para financiar al tesoro en 2020, el 80% fueron bajo el formato de Transferencia de Utilidades, así que, más allá de la pandemia y de la cuarentena eterna, la idea de emitir para estimular artificialmente el consumo ya estaba en la mente del gobierno. Hay que tener presente que en la campaña del 2019 el kirchnerismo insistía con que había que ponerle plata en el bolsillo a la gente y que hoy Cristina Fernández insiste una y otra vez con que el déficit fiscal no es causa de la inflación.
Lo concreto es que en el kirchnerismo parecen no entender que el problema económico es el emergente de un problema mucho más profundo: la ausencia de un gobierno que genere credibilidad, y la falta de credibilidad incluyen tanto a Alberto Fernández como a Cristina Fernández, como a Sergio Massa, Máximo Kirchner y Axel Kicillof. Todos ellos con pésima imagen en la opinión pública. Por eso, un economista solo no puede solucionar el problema económico, sin tener un plan económico consistente, algo que Guzmán nunca tuvo, y sin tener el respaldo de un gobierno que genere confianza.
Qué puede venir ahora es la duda: ¿un rodrigazo para ajustar la distorsión de precios relativos o un festival de emisión monetaria que lance a la Argentina a una megainflación?
Si algún economista asume hoy creyendo que con Alberto Fernández como presidente y Cristina Fernández como vicepresidente puede evitar la caída libre de Argentina, está totalmente equivocado.
Este desgobierno no tiene la más mínima posibilidad de evitar la caída en que está Argentina. No se trata de sacar a Guzmán para poner a Pedro, José o Fernando, cualquiera va a ser tan malo o peor en su gestión que Guzmán porque este gobierno solo cree en redistribuir lo que no existe. Cree en la cultura de la dádiva y no en la cultura del trabajo. Y para seguir con la dádiva hacen falta recursos que este gobierno no va a conseguir.
No tienen más capacidad de exprimir a la gente con impuestos, ni acceso al mercado financiero internacional. A duras penas pueden renovar los vencimientos de deuda en pesos con lo cual lo único que les queda es recurrir a la maquinita, lo cual puede llevar a un estallido inflacionario más grave.
En síntesis, el problema no es Guzmán, el problema son el presidente, la vicepresidente y La Cámpora. Mientras todos ellos sigan en el gobierno Argentina no va a detener su caída libre, con aumento de la pobreza y del nivel de actividad.
Queda por ver quién reemplaza a Guzmán en el ministerio de Economía. Tal vez asistamos a una sucesión de ministros de Economía como ocurrió luego del rodrigazo, cuando un ministro de Economía duraba una semana.
El problema actual, de crisis política y económica no se llama Martín Guzmán, se llama kirchnerismo. Nada bueno puede surgir del kirchnerismo.
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