Había una vez un avión

Cualquiera que pronuncia Ciudad del Este, Irán, Embajada de Israel, DAIA, se arma con facilidad un puzzle cuyas piezas son: peligro, alarma, temor

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El avión venezolano retenido en
El avión venezolano retenido en Ezeiza (REUTERS/Sebastian Borsero)

El observador curtido miró por la ventana de su escritorio en absoluto simétrico con recursos con los que sabe cómo encontrar y hacer funcionar lo necesario. La ventana y el gris dominante de la gran ciudad en el sur de América. El día 6 había aterrizado en Ezeiza el Boeing 747-3B (Dreamliner) desde México perteneciente a Emtrasur, filial de Industrias Aeronáuticas y Servicios Aéreos (Conviasa), con 14 tripulantes venezolanos y cinco iraníes. Desde Paraguay se alertó sobre el vuelo. La Inteligencia y el Tesoro estadounidense consideran a la empresa y al vuelo en relaciones con tráfico de armas dirigidas a conflictos en los que intervienen organizaciones terroristas y está en cualquier país de una lista que las democracias occidentales emplean.

Antes de Ezeiza había tocado tierra en Córdoba con escala anterior en Ciudad del Este. Hasta allí los pasajeros eran 29. Bajaron 10. Con versión no confirmada, uno de ellos era Vahidi, ministro del Interior de Irán, reclamado por Interpol y señalado por la Justicia argentina como partícipe de atentado criminal contra la AMIA. El mismo que se sumó a las alegrías por el triunfo de Daniel Ortega en las grotescas elecciones de Nicaragua con todos los opositores encarcelados, donde el embajador argentino en Managua se mostró eufórico, a los panzazos y grandes celebraciones tropicales. Sin ocultarse, el iraní expuso con su presencia la alianza establecida con las dictaduras sangrientas y bananeras del Caribe. El camino trazado para ese encuentro y esa irrefutable alianza no es fácil de hallar. Modos, culturas, distancias que se han asociado. En las horas del aterrizaje, el dictador Nicolás Maduro firmaba un pacto con Irán acerca de laberínticos asuntos entre países por veinte años. Una unión que, a la vez, rebota en Moscú, en Cuba, en Nicaragua y en China, el gran gato asiático a la espera.

En ese punto, el observador curtido vio lo evidente: han vuelto, si es que algunas vez se fueron. Cualquiera que pronuncia Ciudad del Este, Irán, Embajada de Israel, DAIA, se arma con facilidad un puzzle cuyas piezas son: peligro, alarma, temor. No es necesario esforzarse mucho, se dijo el observador curtido, mientras escuchaba una canción de Leonard Cohen detrás de sí: “Todo el mundo sabe que los malos ganaron”, escuchó. La voz del cantante recorre en las palabras una visión de la realidad escéptica y amarga en contraste con la música alzada y ligera.

Han vuelto

Desde el poder se produjo una ensalada de anuncios que fueron desde lo pueril hasta lo afirmado, y luego desmentido, con paradas en imprecisiones sin dejar en ningún momento que los viajeros salieran –pasaportes retenidos, avión también. El peso sobre lo oscuro del Boeing hizo que las compañías capaces de proveer nafta se negaran a proveerla. Desde las autoridades pareció quitarle hierro al episodio. En alarma se menciona la posibilidad del espionaje y lograr uranio para el proyecto atómico iraní estableciéndose en distintos puntos de América Latina: los días recientes apagaron en Irán cámaras de lugares donde se trabaja en armamento nuclear y bombas. Fue entonces cuando el observador curtido murmuró “Nisman”.

El atentado a la AMIA
El atentado a la AMIA ocurrió el 18 de julio de 1994

1994

Ese año se cometió planificado y financiado el crimen contra la mutual. El observador curtido siempre ha creído, y tiene que decirlo, que considerar un ataque a la República Argentina –lo que es cierto- se carga en la mochila de la corrección o las declaraciones justas. Pero ocurre que, impune hoy el hecho, con tantas manos sucias y desvíos, no se tiene del todo la convicción de que en realidad una zona muy importante de los habitantes relativizan del todo que el país haya sido atacado. En ese caso las conductas serían otras: exigencia constante, suspensión de relaciones, justicia y réplica. El observador curtido suele mecer el pensamiento de que, en general, se juzga un complot y su resultado un hecho de colectividad, de comunidad. “Es espantoso.” “Una agresión de terroristas contra el país en su integridad”. Pero que no se haya resuelto por entero -la justicia argentina pone con fuerza el papel de Irán más colaboradores de aquí mismo que se mancharon de sangre en plenitud- llama a la noción de que no todos suponen que la Argentina haya sido víctima de lo ocurrido, aún cuando ocurrió aquí y todos los muertos y heridos fueron argentinos. Decirlo es diferente que sentirlo. En el fondo, es, fue y sigue siendo un hecho contra “ellos” para muchos argentinos desde hace tanto tiempo. De otro modo, no se ha hecho carne convicción que el país fue atacado como tal en su territorio con su desastre pendiente. Se dice, sí, pero no entra en millones de compatriotas entre los sentimientos y los parietales. Sucede.

La presencia de iraníes de modo tan sombrío eriza al advertir que han vuelto y que, es probable, trasladan la invasión rusa a Ucrania con socios de una trenza político, militar y de espionaje a esta región del mundo. Por cierto, es necesario saber qué buscaban -llegó al aeropuerto argentino por segunda vez después de que Uruguay negó de inmediato permiso para cruzar su espacio aéreo. No se podrá retener a los pasajeros sin cargos si surgieran comprobaciones, y testimonios, aunque tampoco resultará trabajo sencillo comprobar identidades y la verificación de que algunos iraníes, o todos, podrían pertenecer a la Guardia Islámica Revolucionaria. Fuerza militar, y en algún aspecto paramilitar, creado en persona por el ayatola Ruhollah Jomeini, líder supremo a su regreso del exilio en Francia y la caída del régimen del Sha Mohamed Reza Pahlevi durante casi décadas como Su Majestad Imperial y con protestas de clérigos hasta la huida a Egipto. Una muchedumbre con pocos antecedentes recibió a Jomeini y quedó conformada la República Islámica, el régimen político-religioso-militar cuyos ciudadanos llegaron a Ezeiza con prohibición de salir de nuestras fronteras.

El observador curtido apagó la música casi al tiempo que el teclado en el que escribía. Todo concluyó por dentro. Quizás profundice la investigación, quiénes son en realidad y con qué propósito llegaron. Volvió a mirar por la ventana ya crepuscular. Pensó uno, dos minutos: han vuelto.