
El domingo 2 de junio de 1946 amaneció nublado y templado. En todo el territorio italiano, 23,5 millones de hombres y mujeres (por primera vez) votaron un referéndum para elegir entre continuar siendo una monarquía o convertirse en república democrática. Votó el 89% del padrón. En ese momento reinaba en Italia Umberto II (asumió luego de la abdicación de su padre Vittorio Emmanuele III un mes antes). Umberto solo fue Rey por 30 días a tal punto que se lo recuerda, cuando ocurre, como el “rey de mayo”.
Fue el jefe de campaña de los monárquicos y viajó por todo el territorito tratando de convencer a la población de que representaba un aire renovador después de la humillante sumisión de su padre a Mussolini.
Los resultados del referéndum se conocieron un jueves y el sábado partió hacia el exilio en Caiscais, Portugal. Finalizaron de este modo 85 años de monarquía en manos de la familia Saboya.
En la campaña por el “sí” a la República intervino el mismísimo Santo Padre, Pío XII. pidiendo que fueran a votar y que salvaran la civilización del Mediterráneo de perderse en las garras del comunismo ateo. El clero italiano participó también muy activamente. El punto era “frenar” los avances del comunismo, que en Italia se estaban acelerando.
Por ende, no solo promovían una forma de gobierno diferente a la monarquía, además agregaron un plus a favor de los partidos cercanos al Vaticano.
Los resultados del referéndum se vieron en la portada del Corriere Della Sera de aquel entonces. Con el 54% de los votos por el “sí”, nació la República Italiana.
El gobierno fue entregado por Umberto el 13 de junio, antes de partir a Portugal, al trentino Alcide Degasperi de la DC (Democracia Italiana), muy vinculado al Vaticano. Católico ferviente, se puso de inmediato en campaña para apresurar los trabajos de una Asamblea Constituyente que dotara al país de una Constitución que lo convirtiera en una república democrática parlamentaria sustentada sobre el trabajo (tal como reza su artículo 1º) y que impidiera la posibilidad de una sola persona al mando, rey/duce o lo que fuera.
Eso ya no ocurriría en Italia y por extensión tampoco en Europa. Se concretaría algo mas de un año mas tarde. Degasperi fue el hombre adecuado para ese momento: había que poner orden y normalizar mil situaciones difíciles de la post guerra, post monarquía y post dictadura fascista. Esencialmente un hombre tranquilo, honesto, democrático y profundamente creyente, que guio a Italia hacia su destino de grandeza.
Este proceso de cambios institucionales finalizó el 18 de abril del año 1948, ya con una nueva Constitución. Se llevaron a cabo las primeras elecciones políticas, es decir, se eligió el parlamento (diputados y senadores que representan a La Nación), que luego avalaron al primer ministro (surgido de la mayoría) y eligieron al Presidente: el Estado.
Los resultados de esa elección dieron amplia mayoría a la Democracia Cristiana (48,5% de los votos). Así nació la Italia de hoy.
Cincuenta años más tarde, más o menos, se incorpora a la vida política italiana la figura de los parlamentarios elegidos por las comunidades italianas en el exterior, reconociendo el aporte que significan para el país. Los senadores y diputados que conforman este grupo tienen las mismas obligaciones, deberes y derechos que el resto de los miembros del Parlamento.
También en este reconocimiento a la diáspora de sus habitantes Italia es el primer país en el mundo moderno de otorgar esta representación de sus intereses.
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