
Se cumplen 169 años de la legitimación de “nuestra carta de navegación”, como bien definiera Juan Bautista Alberdi a ese contrato social por el cual se limita y ordena al poder, y en donde el pueblo deposita sus esperanzas e ideas de bienestar.
El gran tucumano en su libro Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, definía nuestra carta magna con acierto: “El hombre no elige discrecionalmente su constitución gruesa o delgada, nerviosa o sanguínea; así tampoco el pueblo se da por su voluntad una constitución monárquica o republicana, federal o unitaria. Él recibe estas disposiciones al nacer: las recibe del suelo que le toca por morada, del número y de la condición de los pobladores con que empieza, de las instituciones anteriores y de los hechos que constituyen su historia, en todo lo cual no tiene más acción su voluntad que la dirección dada al desarrollo de esas cosas en el sentido más ventajoso a su destino providencial”.
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La Constitución Argentina es el pueblo de la nación hecho Ley -decía el convencional constituyente en 1853- y debe ser entendida como una herramienta de progreso, como un instrumento, una guía de desarrollo y crecimiento en el marco de una verdadera República. Nuestra carta fundamental establece derechos pero también obligaciones y deberes de los ciudadanos, abarca en todo su articulado la distribución de facultades de cada uno de los poderes (Legislativo, Ejecutivo y Judicial), además de los límites y los controles que existen entre ellos, y define nuestra forma de gobierno y Estado, la cual es “Representativa, Republicana y Federal”.
El 1 de Mayo es una fecha patria para los argentinos y como bien decía Leandro N. Alem “…la vida política no puede hacerse sino donde hay libertad y donde impera una Constitución”, porque es tiempo de valorar su vigencia y luchar por su respeto, ya que atenernos a su letra significa nada y nada menos vivir que en libertad, garantizando el estado de derecho para cada uno de los ciudadanos de nuestra patria.
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En estos tiempos turbulentos, donde sectores de la política intentan jaquear permanentemente nuestras instituciones, creo imprescindible tomar como ejemplo y rendir un justo homenaje a todos aquellos hombres que buscaron brindarnos un texto que nos sirva para crecer como pueblo y ser una Nación plena, y para ello nada mejor que recitar juntos su Preámbulo, ese que expresa y sintetiza su espíritu y objetivos diciendo “Constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad”.
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