
Lo único cierto que dijo Cristina Kirchner en la apertura de sesiones parlamentarias de EuroLat2022 en Buenos Aires es que cuando se planteó el constitucionalismo moderno “no existía la luz eléctrica”. En su opinión, el tiempo que ha pasado entre la segunda mitad del Siglo XVIII y la actualidad, es suficiente como para repensar y modificar la República como la conocemos.
Su tesis es tan extravagante como peligrosa. Para CFK, la modernidad y el “neoliberalismo” trajeron un poder fáctico: el de “los mercados”. Ese que, en su opinión, no está sujeto a las claras normativas constitucionales del Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. De ahí su referencia al limitado poder que tiene un presidente moderno. Se quejó que les dan el bastón, la banda y poco más. Es que, justamente, esa es la idea. Elegir un Presidente, de poder limitado, por un tiempo determinado, en el marco de un reglamento general. Pero esta idea no es suficiente para la poderosa mujer con ínfulas de “gran arquitecta egipcia”. En su fuero íntimo sigue lamentando el freno de la Justicia a su autoritaria “Ley de medios”, como también haber tenido que cajonear su reforma constitucional, que la gente le frenó en las calles de todo el país.
Más allá de la mentira que “el mercado” no esté sujeto a leyes y regulaciones, lo que hay que advertir del peligroso discurso de hoy es que es al revés de lo que ella plantea. No hay que repensar la República porque se planteó cuando no existía la electricidad: ese sistema de limitación del poder es justamente lo que permitió esa invención, como todo el desarrollo tecnológico y cultural que disfrutamos en la actualidad.
El mundo, durante los milenios del absolutismo, avanzó poco y nada. Hasta los monarcas más poderosos tenían que desechar su propia materia fecal en tachos de madera y se morían por enfermedades que no se podían diagnosticar ni tratar. Todo lo que vemos a nuestro alrededor se creó en muy poco tiempo, si comparamos el estancamiento total de la economía y la cultura desde que el hombre se paró en dos patas hasta la irrupción del liberalismo político. El mismo Karl Marx lo reconoció abiertamente, a pesar de su equivocada predicción del destino del hombre.
La receta que propone Kirchner ya fue intentada en varios experimentos estatistas extremos como en Cuba o Venezuela (sin ir a las tragedias del comunismo de Europa del Este y Asia, que además de fracasar en su planificación económica, dejaron holocaustos que relegan ampliamente al nazismo en el contador de muertos). En nuestra misma región, ya comprobamos repetidas veces que el fenómeno anticapitalista en lo económico y centralista en materia de poder político hace reversible el proceso: el hombre retorna a las cavernas. Justamente, entre las cosas que pierde primero, está la luz eléctrica.
A pesar de ser un discurso con aspectos teóricos que pueden resultarles irrelevantes o elevados a la mayoría de los argentinos, cabe resaltar el modelo que la mujer más poderosa del país tiene en la cabeza. Y también, lógicamente, recordar las únicas consecuencias del mismo: la tiranía y la miseria para el pueblo.
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