El gasto no puede bajar, ni puede haber equilibrio fiscal permanentes en la democracia universal representativa

Los Estados organizados bajo la democracia universal y representativa están condenados a gastar cada vez más, y gastar siempre más de lo que tienen para maximizar el poder económico y el poder político de los burócratas de carne y hueso, lo cual siempre se hace a expensas de hipotecar el futuro y empobrecer a la gente en el sendero de largo plazo

Una persona camina frente al Ministerio de Economía (EFE/Juan Ignacio Roncoroni)
Una persona camina frente al Ministerio de Economía (EFE/Juan Ignacio Roncoroni)

El consumo satisface necesidades presentes. Dado que enfrenta riesgo e incertidumbre (no sabe si estará vivo en el futuro), el ser humano tiene una natural preferencia por el presente en detrimento del futuro, lo cual se refleja en que los bienes futuros son siempre menos valiosos que los bienes presentes. Así, una unidad de cualquier bien presente sólo se intercambia por más de una unidad de bienes futuros; y esta diferencia es la tasa de interés. En otras palabras, la tasa de interés no es otra cosa que el precio que se exige cobrar (pagar) para postergar (adelantar) consumo presente (futuro) hacia el futuro (presente).

En este marco, se comprende que el ahorro presente no es otra cosa que consumo futuro. O sea, la gente deja de consumir hoy, para poder consumir más en el futuro. Sin embargo, para que esto sea posible debe haber propiedad privada permanente de los recursos a lo largo del tiempo. Sin la certeza que lo ahorrado seguirá siendo propio en el futuro; es decir, sin saber que lo que se ahorra efectivamente se convertirá en consumo futuro propio, se deja de ahorra y se gasta todo en el presente. O sea, el ahorro depende de la existencia inviolable de la propiedad privada. Sin embargo, la democracia universal representativa es un régimen de gobierno de propiedad pública, no de propiedad privada. En democracia universal representativa los burócratas no son dueños ni del flujo, ni del stock de capital que administran, y para peor, asumen en comodato; es decir, por tiempo limitado. Administran lo que no es de nadie hoy, pero no lo harán mañana.

El ahorro depende de la existencia inviolable de la propiedad privada

Este tipo de administrador, que administra por tiempo limitado lo que no es suyo ni de nadie, tiene elevada preferencia temporal, es decir; prioriza desmedidamente el presente por sobre el futuro, priorizando el consumo presente en detrimento del ahorro y el consumo futuro. Así, el gobernante del sistema democrático universal representativo sólo tiene incentivos a maximizar el gasto (consumo) presente y des ahorrar lo máximo posible, ya que el ahorro nunca se podrá transformar en mayor consumo futuro para él. Además, ahorrar implicaría gastar (consumir) menos dinero ajeno en el presente, con lo cual su poder político y económico se reducirían: podría intervenir en menos mercados, sectores y aristas de la vida cotidiana de los ciudadanos, también podría redistribuir menos ingreso, prestar menos servicios y así, generar menos dependencia en su favor. Segundo, al tener menos poder político y económico, la probabilidad de perder las siguientes elecciones aumentaría, acortándose el tiempo de su comodato. Para peor, si el ahorro le hiciera perder las elecciones a manos de su rival político, este rival suyo sería quien se beneficiaría del ahorro acumulado porque podría financiar más gasto y acumular más poder, incrementándose sus chances de reelección. O sea, ahorrar y gastar menos juega en contra de los intereses políticos y económicos del gobernante de la democracia universal y representativa; o sea, atenta contra su bienestar individual.

El gobernante del sistema democrático universal representativo sólo tiene incentivos a maximizar el gasto (consumo) presente y des ahorrar lo máximo posible, ya que el ahorro nunca se podrá transformar en mayor consumo futuro para él

En pocas palabras, la democracia universal representativa es un sistema de gobierno de propiedad pública que conduce inexorablemente a que el administrador en comodato sea esencialmente un despilfarrador serial y compulsivo. Poniéndolo en términos metafóricos, bajo el marco de la propiedad privada, el dueño de un tambo tiene incentivos a sacar una limitada cantidad de leche de sus vacas de manera de que las mismas permanezcan saludables y se reproduzcan; y así aumentar su stock de riqueza y producir más leche en el futuro, lo cual lo enriquece en la tendencia de largo plazo. Al ser propietario privado del tambo, la posibilidad de morir tampoco impacta negativamente sobre el ahorro porque el tambo es dejado en herencia; o sea, se lo regala a quién él quiera. Por el contrario, el administrador democrático del tambo no opera bajo el régimen de propiedad privada, por consiguiente ni la leche ni las vacas que gestiona son de nadie (o son de todos que es lo mismo). Además, no administra el tambo a perpetuidad, sino que lo administra en comodato, con lo cual tiene incentivos a sacar la máxima cantidad de leche posible (impuestos e impuesto inflacionario) sin importarle que las vacas (sector privado productivo) se debiliten y no se reproduzcan. Es más, en última instancia tiene incentivos a hacer un asado y comerse todas las vacas antes de irse de la administración del tambo.

La democracia universal representativa es un sistema de gobierno de propiedad pública que conduce inexorablemente a que el administrador en comodato sea esencialmente un despilfarrador serial y compulsivo

En pocas palabras, el esquema de incentivos de la democracia universal representativa conduce a la maximización del gasto público. De hecho, el gasto público, que siempre tiende a crecer, es la variable que define a la democracia universal representativa. La democracia universal representativa es en esencia populismo. Además, el gasto público es la variable clave del sistema, porque determina la presión tributaria total (impuestos, emisión monetaria y endeudamiento), es decir; la cantidad de dinero que los burócratas de carne y hueso extraen por la fuerza del sector privado. Los impuestos a los flujos, como Ganancias, y los impuestos a los stocks, como Bienes Personales, son los impuestos más visibles y el saqueo más evidente. Ahora bien, la emisión monetaria y el endeudamiento también son impuestos; aunque menos visibles. La emisión monetaria es impuesto inflacionario. El endeudamiento son mayores impuestos a futuro. En pocas palabras, el gasto público es siempre saqueo, siempre es impuestos. En síntesis, el tamaño del gasto público define la envergadura del Estado y por ende, la magnitud de la violencia física, coerción y saqueo que el sector privado enfrenta. Por consiguiente, dado que la democracia universal representativa tiene todos sus incentivos alineados para maximizar el gasto público, este sistema de gobierno de propiedad pública tiende a maximizar el saqueo, la violación de la propiedad privada y la ética de la libertad.

El endeudamiento son mayores impuestos a futuro. En pocas palabras, el gasto público es siempre saqueo, siempre es impuestos

El gasto público es el que gana votos, y es por esto que la democracia es siempre populismo. Es fácil de demostrar que el gasto público gana votos. Si por arte de magia un gobierno pudiera regalar salud, educación, seguridad, justicia e infraestructura sin cobrar ningún impuesto, ni impuesto inflacionario, ni colocando deuda que hiciera subir el costo del capital, todos los ciudadanos de ese imaginario (imposible) país estarían muy contentos; y jamás se les ocurriría cambiar de gobierno. Ahora bien, esta situación no es posible. Los burócratas pagan el gasto público con impuestos, emisión monetaria y/o deuda. Sin embargo, estos tres métodos de financiamiento no son lo mismo en términos de populismo. Los impuestos son violencia física y saqueo, tangible, evidente e instantáneo. El ciudadano visualiza de inmediato que le están sacando dinero por la fuerza. Es más, el pagador de impuestos puede diferenciar que nivel (nacional, provincial o municipal) de burocracia le roba más. Por el contrario, la emisión monetaria puede impactar positivamente en los niveles de actividad, facturación, empleo y salarios en el corto plazo. O sea, en el corto plazo puede atraer votos. Por el contrario, el impuesto inflacionario se convierte en algo negativo en el largo plazo. Y dado que, como ya explicamos, el administrador democrático tiene preferencia por el corto plazo, siempre tendrá incentivos a utilizar la emisión monetaria como mecanismo de financiamiento del gasto. Obviamente, es fácil de entender porque el financiamiento vía deuda es el preferido de los democráticos burócratas de carne y hueso. La colocación de bonos estatales a 4; 8; 10; 12; 15; 20 y/o 30 años no sólo les permite no pagar ningún costo por la maximización presente del gasto, sino que da lugar a que todos dichos costos puedan ser trasladados a futuro y sean pagados por otros más adelante. Ergo, la democracia universal representativa es un sistema de gobierno cuyos incentivos conducen siempre e inexorablemente a gastar mucho más de lo que se cobra de impuestos, y la diferencia pagarla con deuda y emisión. O sea, la regla (excepción) es que los Presupuestos Públicos de la democracia universal representativa sean deficitarios (equilibrados).

La democracia universal representativa es en esencia populismo

En pocas palabras, pensar que en democracia universal representativa el gasto público puede bajar y quedar reducido en forma permanente y al mismo tiempo creer que los presupuestos públicos pueden ser sostenidamente equilibrados son dos errores intelectuales que surgen de no entender qué es, cómo funciona y de qué manera operan los esquemas de incentivos de la democracia universal representativa, que es un régimen de gobierno de propiedad pública condenado a llevarnos al socialismo, porque en su ADN tiende avanzar en forma sistemática y constante por sobre la propiedad privada y la libertad. En síntesis, los Estados organizados bajo la democracia universal y representativa están condenados a gastar cada vez más, y gastar siempre más de lo que tienen (saquean) para maximizar el poder económico y el poder político de los burócratas de carne y hueso, lo cual siempre se hace a expensas de hipotecar el futuro y empobrecer a la gente en el sendero de largo plazo. Hace décadas que viene sucediendo despaciosa, pero sostenidamente.

En pocas palabras, por medio de la praxeología, que es una metodología científica lógica deductiva basada en la acción y todo su conocimiento previamente adquirido, hemos demostrado que la democracia universal representativa es en esencia populismo, y que está condenada a avanzar sobre la propiedad privada y la libertad, conduciendo a los seres humanos inexorablemente al socialismo. También hemos demostrado que bajo este régimen de gobierno, el gasto y todas sus fuentes de financiamiento (impuestos, inflación y deuda están condenados a crecer. La praxeología también demuestra que los Presupuestos Públicos bajo están condenados a ser casi eternamente deficitarios cuando hay gobiernos organizados bajo democracia universal representativa. La evidencia de los datos sirven para ilustrar todo lo que ya ha quedado demostrado praxeológicamente.

En Europa el gasto público era el 12,7% del PBI en 2013 cuando había sólo dos repúblicas en el continente (Francia y Suiza). Luego con el paso de las décadas fue subiendo: 28,4% (1960); 43,8% (1980) y 53,6% (2020).

Algo similar pasó con la deuda pública, que pasó de 40,9% (1980) a 61,9% (1990); 71% (2000) y 111,4 (2020).

Al mismo tiempo, según datos del Banco Mundial, la masa monetaria en términos del PBI casi se triplicó en 60 años: 50,8% (1960); 63,9% (1980); 99,2% (2000); 107,8% (2010) y 143,9 (2020).

Paralelamente, y a modo de ejemplo, el gobierno federal de EEUU ha tenido déficit fiscal 46 de los últimos 50 años, mientras que la zona del Euro tuvo déficit fiscal todos los años de los últimos 26 años.

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