
¡Vacaciones! Los chicos en casa, no hay escuela y están esperando para irse de viaje o en el mejor de los casos acaban de regresar. Pero algo no cambia, tu hijo adolescente vive pegado a su celular, duerme con él, convive con él, tiene una relación con “el aparato”.
Los términos a aplicar son “adictivo” y “dañino”, al describir el comportamiento de los adolescentes con sus smartphones: usan 4 plataformas en promedio y hasta 6 grupos de WhatsApp semanalmente.
Nueve de cada diez adolescentes pasan tiempo en exceso online, mientras que el 55% dice y reconoce que es un problema importante y que no lo puede manejar.
El 59 % de los adolescentes reconoce que revisa los mensajes o notificaciones apenas se despierta y 4 de cada 10 dicen que se sienten nerviosos y ansiosos cuando no tienen su teléfono celular con ellos.
El 45% de los adolescentes asocia la falta de su teléfono celular con estar solo y enojado, con un particular agravamiento, las niñas son más propensas que los niños a experimentar estos sentimientos.
Algunos estudios indican que los efectos colaterales futuros serán depresión, ansiedad, impulsividad y dificultad para conciliar el sueño. Agravado por el resto del arsenal digital, como consolas, iPad, tablets, smart TV, etc.
Pero no todo es malo; muchas funcionalidades de las nuevas tecnologías nos asisten para vivir en una sociedad cada vez más peligrosa y agresiva. Hoy es casi la única forma de permanecer conectado con tu hijo cuando está en la calle. Los smartphones llegaron para quedarse, por lo que debemos enseñarles a administrarlos.
Lo primero que deberíamos hacer es reconocer que nosotros, los mayores, también somos adictos a nuestro teléfono y sufrimos del mal de hiperconectividad. Los adolescentes dicen que sus padres se distraen con sus propios teléfonos durante las conversaciones entre ellos y que no les prestan suficiente atención.
Un usuario promedio toca, escribe y scrollea la pantalla de su teléfono unas 2.400 veces por día y lo desbloquea aproximadamente 150 veces por día. Definamos la cantidad de tiempo de pantalla para todos en la familia.
Amnesia digital
Con el avance de la edad es común perder las llaves de casa u olvidarnos de algo que estábamos por hacer, ¿pero qué sucede cuando una persona lo hace continuamente y especialmente cuando es joven? Aparentemente, hay muchos factores responsables del creciente número de jóvenes que experimentan pérdida de memoria, quizás atribuible en parte a la pandemia, donde las personas han experimentado presiones extremas, enfermedades, aislamiento y un mayor tiempo de pantalla.
La amnesia digital es un fenómeno en el que nuestros cerebros pierden su capacidad de recordar a medida que dependemos cada vez más de la tecnología para retener datos.
La adicción a nuestros dispositivos y especialmente al que portamos las 24 horas, nuestro celular, podría afectar la capacidad de nuestro cerebro para retener nueva información y formar nuevos recuerdos. Además, la distracción es uno de los factores clave en este sentido. Cuando estamos ocupados realizando múltiples tareas en nuestros teléfonos inteligentes, solo estamos medio enfocados en aprender una nueva habilidad. Es poco probable que la información se almacene en nuestra memoria a largo plazo.
¿Cómo combatir los efectos de la amnesia digital? Desde nuestra actividad de concientización, recomendamos que no lleves tu teléfono a la cama por la noche, desactives notificaciones, desinstales las aplicaciones no esenciales o que no utilices, no uses GPS todo el tiempo y hacé ayuno digital una vez por semana.
Seamos claros y pongámosle seriedad al asunto, ¡la adicción a la tecnología es real!
Nuestros smartphones se han convertido en dispositivos poderosos que nos conectan con el trabajo, la familia, pareja, la escuela, las relaciones y el entretenimiento, básicamente con todo. La adicción a los smartphones, es una realidad y se identifica con el término “nomofobia”, el miedo a quedarse sin teléfono.
Los comportamientos conscientes, como establecer límites para las aplicaciones que absorben el tiempo, silenciar las notificaciones y no dormir con el teléfono cerca de la cama, pueden ayudar a romper el impulso de aprovechar el brillo hipnótico de la pantalla repetidamente. El primer paso para recuperarse y acabar con esta adicción es ser consciente del problema.
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