El Balance del Banco Central expone la vulnerabilidad y urgencias de la economía

La inestabilidad macroeconómica de la Argentina puede ser abordada desde diferentes ángulos, y el estado de las cuentas de la entidad monetaria es un instrumento clave

El año que recién terminó volvió a poner en primera plana el lado del activo del Balance del Banco Central de la República Argentina, pero como se verá, en la evolución del pasivo también se pone de manifiesto la situación de extrema vulnerabilidad macroeconómica  (EFE)
El año que recién terminó volvió a poner en primera plana el lado del activo del Balance del Banco Central de la República Argentina, pero como se verá, en la evolución del pasivo también se pone de manifiesto la situación de extrema vulnerabilidad macroeconómica (EFE)

El año que recién terminó volvió a poner en primera plana el lado del activo del Balance del Banco Central de la República Argentina, pero como se verá, en la evolución del pasivo también se pone de manifiesto la situación de extrema vulnerabilidad macroeconómica en la que nos encontramos.

Si bien la contabilidad creativa utilizada para sacarle jugo al ingreso de los 3.055 millones de DEG (equivalente a USD 4.334 millones) provenientes del FMI enturbió un poco la lectura del estado contable, haciendo las depuraciones correspondientes, podemos ver en primer lugar qué fue lo que sucedió por el lado de los activos de la autoridad monetaria:

1. Las Reservas Brutas del BCRA cerraron 2021 en USD 39.582 millones -apenas por encima de los USD 39.387 millones de un año antes–. Esto sucedió a pesar de la liquidación récord de divisas que aportaron las agro-exportaciones (USD 32.808 millones, un 61,8% más que en 2020 y 31,1% superior al máximo previo, de 2011), del mencionado ingreso extraordinario de DEG y de un rojo de la balanza turística que se mantuvo mayormente contenido por la situación sanitaria local y global.

2. Las Reservas Netas, esto es el poder de fuego con que cuenta el BCRA para intervenir en el mercado cambiario (Reservas Brutas menos los encajes al sector privado, un préstamos del Banco Internacional de Pagos de Basilea, los DEG y el swap de monedas con China) cerraron el año en tan sólo USD 3.200 millones, por debajo de los USD 4.000 millones que había a finales de 2020. Vale la pena hacer notar que durante diciembre pasado se produjo una liquidación importante de activos realizables en divisas (unos USD 4.800 millones), lo que puede interpretarse como la búsqueda de mayor liquidez de parte del BCRA dentro de su estructura de activos externos.

Estamos así ante una situación de escasez extrema de reservas, que no llegan a cubrir las necesidades de corto plazo en materia de pagos de deuda soberana

3. Intentando ser algo menos exigentes en el cálculo de las reservas líquidas disponibles para atender los avatares del mercado cambiario, podríamos adicionarle a esos USD 3.200 millones, el monto correspondiente a la línea de crédito otorgada por el BIS. Pero no podemos sumar lo que no está disponible (el swap con China y los DEG residuales) o lo que no es del BCRA (los dólares de los encajes por los depósitos del sistema financiero en dicha moneda). Estamos así ante una situación de escasez extrema de reservas, que no llegan a cubrir las necesidades de corto plazo en materia de pagos de deuda soberana.

4. Pero, además, la escasez de reservas de la autoridad monetaria se vuelve mucho más acuciante cuando se las compara con la magnitud y la dinámica que exhiben sus pasivos. Los pasivos remunerados en la hoja de balance de la autoridad monetaria están formados principalmente por Letras (Leliq, Lebac, Nobac, Legar y Lemin) y Pases, que en diciembre 2021 alcanzaron el equivalente a USD 42.075 millones al tipo de cambio oficial mayorista -más de $4,5 billones-, 106% en términos de las reservas (superando el umbral del 100% por primera vez desde mayo-18) y 10% en términos del PBI.

5. Los pasivos no remunerados (la base monetaria) rondan los $3,4 billones, equivalente a USD 31.600 millones; casi el 80% del stock de reservas internacionales y 8% en relación con el PBI.

Los pasivos remunerados pasaron a representar el 106% de las reservas y 10% del PBI

A lo largo de 2021, la base monetaria registró un aumento nominal de 40% anual, incrementándose nada más ni nada menos que $1,2 billones. Al desagregar por componentes, el principal factor detrás de la expansión fue la emisión para asistir al Tesoro, que rondó $1,7 billones (3,8% del PBI, vs el máximo histórico de 7,4% del PBI en 2020), aunque se redujo 16% respecto del año anterior.

6. El pago de intereses por los pasivos remunerados (Leliq y Pases) fue el segundo componente más importante que explica la emisión monetaria: trepó a $1,3 billones, 3 puntos del producto bruto y 87% con relación al 2020. La absorción vía Leliq y Pases fue determinante para que la base monetaria no creciera incluso más todavía: la colocación de deuda conjunta entre estos dos instrumentos creció $1,9 billones (4,2% del PBI). La emisión monetaria para auxiliar al Ministerio de Economía (considerando Adelantos Transitorios y Transferencia de Utilidades) fue prácticamente igual a la contracción monetaria vía Pases.

7. Tipo de cambio de convertibilidad. Considerando el tipo de cambio oficial promedio para el último mes de 2021 (de acuerdo con la cotización del Banco Central) de $107,4 por dólar, se necesitarían de USD 73.675 millones para poder cubrir el total del pasivos líquidos de la autoridad monetaria, una suma que prácticamente duplica los tenencias de activos externos del BCRA.

El tipo de cambio que iguala los pasivos líquidos (base monetaria más pasivos remunerados) con las reservas brutas del BCRA sería de unos $200 por dólar

Puesto de otra manera, el tipo de cambio que iguala los pasivos líquidos (base monetaria más pasivos remunerados) con las reservas brutas del BCRA sería de unos $190 por dólar.

Si en lugar de tomar las reservas brutas se consideraran en este ejercicio las netas, el tipo de cambio que cubre los pasivos llegaría a $… Mejor querido lector, si se anima, haga usted mismo las cuentas. No vaya a ser que seamos nosotros responsables de cualquier malestar o indigestión que el resultado de una cifra de cuatro dígitos le pudiera ocasionar.

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