
Lucio Dupuy fue asesinado en La Pampa, provincia con Poder Judicial, Policía, escuelas, sistema de salud y organismos que tienen por fin defender a la niñez.
Su padre y su abuelo tenían interdictas las visitas por la Justicia. Los vecinos cansados de escuchar los golpes que Lucio recibía hicieron la denuncia; concurrió la Policía e indicó a las madres que dejaran de pegarle.
No se podía llamar al 102 (vida y supervivencia infantil) pues en La Pampa ese teléfono no está operativo. Tampoco los magullones y cicatrices de Lucio movieron a sus maestros, médicos y enfermeros a proteger su vida.
Existen además en La Pampa una Asesoría (depende del Ministerio Público) y una Defensoría de la Niñez (dentro de la Legislatura), con personal, presupuesto, oficinas y profusa actividad en encuentros federales y en comisiones.
El Estado pampeano, con sus dependencias, organigramas, roles y funciones, objetivos y estructuras, abocado a construir un “espacio colectivo para la protección de los derechos humanos de la infancia”, descuidó proteger el derecho individual a la vida de un infante de carne y hueso, de Lucio.
Tal vez un sentimiento de vergüenza colectiva lleva a que, ya tarde, se produzca una explosión de actividad pampeana: un grupo de peritos analizará la carpeta de dibujos de Lucio, buscando “signos de violencia que permitan esclarecer el crimen”.
La Fiscalía abrirá un sumario interno para ver si maestros, médicos y enfermeros son culpables de “mala praxis” (un leve cargo) en lugar de imputarlos por los delitos de abandono de persona y omisión de auxilio.
Por último, próximamente, ambas asesinas serán peritadas buscando sensaciones de odio y de rechazo a la maternidad, si la violencia era su modo de vinculación, su relación con la figura masculina, cómo era la rutina de los tres, qué les enojaba del comportamiento del niño (esto lo puedo contestar yo: les enojaba que se hiciera pis encima, del miedo, cuando lo castigaban), las características del vínculo entre ellas como pareja y con el nene, y si surgen elementos que refieran rechazo u odio de parte de ellas hacia el sexo masculino.
Lucio Dupuy fue asesinado durante varios meses por su madre y por su madrastra. Dejó de respirar el 26 de noviembre de 2021, pero su muerte física (el fin de su atroz tormento) fue sólo el final; su muerte no fue un evento único: fue un largo proceso. Por ello no importa quien dio el último golpe, la última mordedura o la última quemadura con un cigarrillo. Tampoco importa si eran lesbianas o heterosexuales, si odiaban al hombre, a la maternidad o al niño. ¿Qué aporta que fueran “pañuelos verdes”? ¿Abogados sagaces y jueces extravagantes se animarían a enmascarar este infanticidio como un “aborto diferido”?
Lo real es que Lucio Dupuy, de 5 años, tuvo dos asesinas, dos crueles y despiadadas asesinas, 100% responsables cada una de ellas de su homicidio agravado. También tuvo una sociedad que no lo escuchó ni protegió y que hoy pretende tapar con inútil actividad, cercana a la curiosidad morbosa, su pasada y pesada inoperancia.
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