Bachi, un forastero que se hizo prójimo

El cura villero murió en agosto de 2020, tras una lucha de más de dos meses contra el coronavirus

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Cura Bachi
Padre Basilio “Bachi” Britez

Bachi, migrante (de Villa Rica a Villa Palito)

Decía este cronista en una nota que le hizo en el año 2008 al Padre Basilio “Bachi” Britez: “Hace casi cuarenta años, cuando contaba con apenas dos de vida, de su Villa Rica natal emigró, con sus padres, a la Argentina, su primer domicilio fue en Artilleros al 1800, entre Pampa y Sucre, una villa miseria que estaba en la periferia del Golf Club de los Lagos de Palermo. Allí, como muchos otros pibes de la villa, trabajó de caddie. ”Yo era gordito, -nos decía -y seguía con la mirada el curso de las pelotas y corría detrás de ellas. Cuando se escondían entre los pastos mi desesperación llegaba hasta las lágrimas por el descuento”. Tenía 12 o 13 años cuando en los 80 los militares expulsaron a los habitantes de ese asentamiento. Ellos fueron a parar a los laberintos de Villa Palito que debía su existencia, como muchas otras del conurbano a la Revolución Argentina (dictaduras de Onganía-Levingston y Lanuse). Se refugiaron en la casilla de unos paisanos y después en un espacio de terreno que les cedió el párroco de la capilla San Roque González y otros Mártires, que era algo más que un galpón.

Bachi, el Terrible

Los mayores lo recuerdan como un “gordito terrible” (María del Carmen). Fue a la escuela 115. Sus padres trabajaron como artesanos del calzado y con cristiana resignación aceptaron que Bachi fuera al seminario del Obispado de San Justo y Pastor cuando él les habló de su vocación sacerdotal. Era la época en que en La Matanza no había dos obispados sino uno sólo y un obispo Monseñor Roberto Bufano. “Todos los 24 de diciembre a la noche venía a dar misa en San Roque González y otros Mártires con la gente de aquí”, nos relató Bachi.

Terriblemente entusiasmado

Después de ordenado paso por Cañuelas y San Justo hasta que el obispo Minvielle lo mandó a su barriada, Villa Palito y a las vecinas Puerta de Hierro, 26 de Marzo y San Petersburgo. Más tarde fue párroco de la capilla que de chico lo cobijó y siguió viviendo en la casa que construyó su padre, pegada a la parroquia.

Decíamos entonces que “Bachi, el Terrible, no se queda quieto, anda de aquí para allá, todo el día, excepto hoy que una gripe lo mantiene atado a la cama. A pesar de lo cual, envuelto en su abrigo nos recibió y le pude sacar unas fotos y lo ví arder de fiebre, pero no bien se puso a hablar ardía de amor y de fe. Una fe llena de entusiasmo (del griego “en-theos” que significa “que lleva un Dios adentro”) que contagia. Se advierte en el entusiasmo y la alegría de Mariana, de Ariel, Narciso, Leonardo, Julio y muchos otros jóvenes y mayores como María del Carmen y su grupo de madres contra la droga, en la Marcha por la Salud y por la Vida, en los talleres, en la nueva parroquia que está levantando, en la admiración que le tiene Diego, un vecino de Villa Constructora que da clases de electricidad.

El buen samaritano
El buen samaritano

Bachi, un “héroe tozudo”

Ni los milicos, ni los mercaderes de la droga, ni los políticos corruptos, ni los ajustes, ni la desolación del capitalismo salvaje, ni la falta de dinero, ni los odios pudieron derribar al padre Bachi. Soñó con una Iglesia más grande, con una escuela de oficios, con un Hogar para adictos. Movilizó a la comunidad, construyó la Casa del Buen Samaritano a la que se le sumó la Escuela de Oficios y un Hogar de Contención y desintoxicación, de las Madres del grupo “Hijo, te amo”. La parroquia hoy es un gran templo en el corazón de “la obra imposible”: el plan que propugnó, de Urbanización de Villas y Asentamientos (Municipio, Provincia, Nación y asistencia crediticia internacional). Los milagros fueron fruto del entusiasmo y de los sueños que Bachi soñó: la presencia de Dios, en un barrio digno y un pueblo fiel. Fruto de una “heroicidad tozuda” diría Bergoglio.

El padre Bachi y las barras de las esquinas

Por razones de extensión no podemos transcribir todo el material del que disponemos, pero un testimonio vaya de muestra, para pintar su personalidad y empatía: “En manzana Uno -nos decía un joven de Villa Palito -había mucha gente metida en la droga. Entonces hacíamos reuniones en la casa de un vecino que participa de la parroquia. Venía el padre Bachi y se formaba un grupo de todos lados de la villa, venían a la manzana los viernes a la noche, que es el momento más peligroso, como alternativa hacíamos un fogón, después guitarreada, charlas, pero ¿qué pasaba? a los pibes se les hacía muy difícil llegar por las barras de las esquinas, estas barras, enteradas del fin de los fogones -competir con las esquinas -no los dejaban pasar y quedaban ahí. Varados. Entonces el padre y nosotros los íbamos a buscar. Y las barras de las esquinas que eran capaces de matarte con una púa, lo veían a Bachi y lejos de prepearlo se le acercaban, hablaban con él y terminaban pidiéndole ayuda, rosarios, bendiciones, algo, y hubo varios casos de esos pibes que se internaron en la Casa y comenzaron la terapia”.

Casa El Buen Samaritano
Casa El Buen Samaritano

Hoy el Hogar del Buen Samaritano coordina seis instituciones que integran la Red Federal de dispositivos de Sedronar, dos en Isidro Casanova, la casa San Miguel para varones y Mamá Antula, para mujeres con hijos; Cura Brochero, en Virrey del Pino; Padre Mugica, de Villa Luzuriaga y la casa Nuestra Señora del Buen Viajero, en el partido de Hurlingham. Más de 300 personas, en su mayoría jóvenes, se alojan en ellas y reciben tratamiento.

El entusiasmo se multiplica en las obras llevadas a cabo en su tierra adoptiva, San Justo, liderada por el Obispo Eduardo García, desde hace más de 7 años quien, con genio de escultor está tallando en las barriadas pobres de la diócesis una iglesia “en salida” donde, en el arco de entrada, un cartel anuncia sus postulados: Capilla, Colegio y Club para todos, ya construidos e inaugurados en el Barrio 26 de Marzo/26 de Marzo bis, Puerta de Hierro a los que en los hechos agregó la “C” de la Casa de primeros auxilios inaugurada poco antes de la pandemia en esta última. García no cuenta con lo no hecho (60 años y ningún servicio) pero sí cuenta con el trabajo de otro cura que como Bachi también hace de su joven vida entregada a los pobres, un “heroísmo tozudo” y constante: el Tano Angelotti.

Cura Bachi
El entusiasmo se multiplica en las obras llevadas a cabo en su tierra adoptiva, San Justo, liderada por el Obispo Eduardo García

Retrato de grupo con Bachi en Ñu Guazú

El 11 de julio de 2015 este cronista estaba haciendo un reconocimiento de la ruta que conduce al campo El Retablo de la fuerza aérea en Ñu Guazú, entre Asunción y el Aeropuerto S. Pettirossi. Al día siguiente el Papa Francisco celebraría misa en un gran altar construído con vegetales. Me atrajo la algarabía del grupo que caminaba al costado de la ruta en sentido contrario cuando advertí la figura del padre con quien nos estrechamos en un gran abrazo.

La foto expresa muy bien la exaltación de su ánimo, su interés, alegría, fuerza interior y el entusiasmo de todos. De ahí y de nuestro diálogo pude comprobar el profundo amor y admiración que Bachi profesaba por el Santo Padre. No nos volvimos a ver. Seguro que Dios lo tiene, no digo en la palma de su mano, pero sí trabajando junto a Él.

Cura Bachi
El cura Bachi junto a su gente

“El padre Basilicio “Bachi” Brítez, murió el 29 de agosto del año 2020, luego de 3 meses de internación en la Clínica San Camilo, a causa del COVID-19”

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