El capítulo Taiwán de la Guerra Fría

A diferencia del enfrentamiento con la Unión Soviética, el conflicto entre Estados Unidos y China no es ideológico, sino una lucha entre dos superpotencias capitalistas

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Taiwán
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La expansión China a nivel mundial no se detiene, avanza desde la India a la Argentina, desde Irán a Chile. Por convenios comerciales -la nueva Ruta de la Seda-, o bases de “exploración espacial” y venta de material militar -aviones J17 a la Argentina-.

Las provocaciones militares del gobierno de Beijing sobre el espacio aéreo de Taiwán y la expresa declaración del presidente norteamericano Joe Biden sobre ”defenderla militarmente” son una demostración de que el conflicto no estará, como era de prever, limitado al campo comercial.

La “isla rebelde” constituye no solamente un reclamo histórico sino también un objetivo político en la lucha por el poder dentro de la cúpula de la potencia asiática. El año próximo vence el segundo mandato de Xi Jinping e intentará, en el Vigésimo Congreso General del Partido Comunista, vulnerar el principio, impuesto por Deng Xiao Ping, de una sola reelección.

Por ello en sus discursos abandonó el “un País, dos sistemas” y lo reemplazó por “Una sola China”.

Sus fuerzas militares realizan grandes ejercicios muy cerca de la isla y cientos de aviones de guerra vulneran el espacio aéreo, mientras la presidenta de la República de Taiwán, Tsai Ing Wen, reclama ayuda al Pentágono quien le vende armamento, entrena sus tropas y desplaza fuerzas navales de magnitud a la zona.

Desde los acuerdos de los 70, entre China y Estados Unidos, no hay tanta tensión en la zona. La escalada entre ambas superpotencias en la era Biden tuvo un hito central, hace poco más de un mes, en los acuerdos entre Estados Unidos, Australia y Gran Bretaña (AUKUS). Por ese pacto que incluye “cooperación en tecnologías avanzadas de defensa, inteligencia artificial, sistemas submarinos y vigilancia de larga distancia” se provee a Australia de un escudo de defensa múltiple para neutralizar el expansionismo de China en el Indo Pacifico.

La negociación tripartita incluye la venta a Camberra de submarinos nucleares. El Primer Ministro Scott Morrison aseguró: “Tenemos la intención de construir esos submarinos en Australia en cooperación con EE.UU. y Gran Bretaña”.

Con estas naves de guerra el patrullaje del Mar de la China Meridional, incluyendo Taiwán, está asegurado e implica una respuesta a la incursión de submarinos chinos en “las cercanías” de Australia.

Morrison ha sido claro: “Somos conscientes del aumento del gasto militar chino y la capacidad de sus submarinos nucleares (…) nos interesa asegurar que las aguas internacionales sigan siendo internacionales (...) eso es muy importante para el comercio, para cosas como tendido de cables submarinos (...) para el orden internacional y la paz en la región”.

El Ministerio de Relaciones Exteriores chino replicó con dureza: “Los socios de AUKUS deben abandonar su mentalidad de Guerra Fría (...) o se acabarán perjudicando a sí mismos.

En la Guerra Fría del siglo XXI, no hay diferencias esenciales entre Trump y Biden.

A diferencia del enfrentamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética, el conflicto no es ideológico (aunque Beijing continúa con la ficción de ser un país comunista) se trata de una lucha entre dos superpotencias capitalistas. Pero los riesgos son similares.

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