
Pese a que hay vuelos regulares el jefe de Gabinete, Juan Manzur, usó el avión sanitario de la provincia de Tucumán para viajar a Nueva York con un costo de unos 70 mil dólares y tres escalas.
No es un pájaro, sí es un avión, y representa faraónicamente una concepción del poder. Como cuando Cristina Kirchner usaba los aviones presidenciales para que le llevaran los diarios. El canillita volador a módicos miles de dólares. Como vicepresidenta ya tiene un pedido de informes por utilizar 13 veces los aviones presidenciales para viajar a su provincia. Si fueran viajes oficiales podría usarlos pero no en caso personal.
No voy en tren, voy en avión. Lo pagan los argentinos. Y no son sólo los aviones. En los últimos días vimos un festival frenético de gastos de campaña con dineros del Estado y enmascarados en gestión de gobierno. Como si el Estado, el gobierno y el partido fueran lo mismo. Como si el Estado les perteneciera. Por eso el vacunatorio VIP no hizo saltar ninguna alarma interna antes de ser cometido. Porque era totalmente normal. Para el peronismo es totalmente normal usar el Estado como si fuera su propiedad.
Si el Estado es un coto de caza del partido que gobierna, se produce una perversión de la idea de lo público que tiene una deriva hacia lo faccioso. La apropiación del Estado es madre de la arbitrariedad. No se rinde cuentas por lo que se cree propio. Y se desvirtúa el entramado institucional que sustenta la cosa pública como un bien común y salvaguardado por las leyes.
Al tomar el estado como posesión del gobierno ejecutan más que una confusión, desvirtúan, desnaturalizan su esencia. El ejemplo común según el cual el Estado es el barco y el gobierno la tripulación nunca se figuraría que la tripulación tome de rehenes a los pasajeros, ejerza pillaje sobre ellos o que use los bienes comunes a su antojo. Eso ya no sería una tripulación sino una gavilla de piratas.
“Algo está podrido en el estado de Dinamarca”, afirma Shakespeare.
La toma del Estado y sus recursos como propiedad de un gobierno o de un partido es la corrupción de su condición soberana para todos los habitantes del territorio en que se demarca y a quienes representa con limitaciones y obligaciones.
En el Estado invertido el gobierno no puede garantizar ni seguridad, ni trabajo, ni el bienestar general ni los beneficios de la libertad pero sí el avión de Manzur. El avión de una provincia empobrecida. El avión sanitario de la provincia donde el jefe de Gabinete tiene licencia como gobernador y que funciona como su remise aéreo pagado con nuestros impuestos.
Algo está podrido en el estado de Argentina, y persisten en la descomposición.
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