
El revuelo por el “doble uso” de los Derechos Especiales de Giro (DEG) del FMI que recibió la Argentina en agosto, como el resto de los países miembros del organismo para paliar los efectos de la crisis sanitaria, se presta a confusiones. Creo que se entendería mejor el problema si lo dividimos en 3 partes:
La calle. El Gobierno quiere maximizar el gasto público. Está en el ADN de Cristina Fernández de KIrchner, que con economía en recesión o en franca expansión, igual siempre gastó todo lo que pudo, muchas veces con total irresponsabilidad. Después de todo, buena parte de los problemas macroeconómicos que sufrió su gestión, la de Macri y el actual, devienen, a mi entender, de la fatal decisión de ir, sin ninguna necesidad, de un superávit fiscal del 3% del PBI en 2007 a un déficit primario del 4% del PBI en 2015. Es decir, una reversión de 7 puntos del producto, algo inédito en situaciones sin guerras, sin hiperinflación y sin pandemias.

Entonces, ahora con más razón, en un intento casi desesperado de mejorar la performance electoral en noviembre, la decisión es la de “poner en el bolsillo de la gente”, la mayor cantidad de pesos posibles. Según estimaciones de nuestra consultora, entre setiembre y diciembre se iba a generar (antes de las PASO), un agujero fiscal a financiar con emisión monetaria, por aproximadamente $1 billón (un millón de millones). Y luego de las PASO, la cifra parecería se estiraría en unos 100 o 150 mil millones de pesos más (un 10% a 15% más de emisión que la que proyectábamos). Ya antes era mucho, ahora será más. Dale que va.
Los dólares. La ineptitud general del gobierno de Alberto Fernández quedó también demostrada en la incapacidad de cerrar un acuerdo con el FMI (que igual piensan cerrar) y esperar, esperar, esperar… que también parece estar en el ADN de este gobierno. Eso hace que los DEG que podrían haberse usado para engrosar las reservas en divisas del Banco Central, se hayan empezado a usar para pagarle al FMI: entran por una ventanilla y salen por la otra.
Los papeles. El Gobierno venía medio flojo de papeles, ya que iba a tener que emitir más de lo que la ley le permite vía Adelantos Transitorios del Banco Central (los montos dependen de la Base Monetaria y de la Recaudación Tributaria pasada). Para los voluminosos gastos estacionales de diciembre algo había que inventar. Podían subir encajes. Podrían inventar alguna suba y simultánea devolución de impuestos. O intentar adelantar una distribución de “utilidades” del BCRA al Tesoro. Pero encontraron algo más fácil: usar los DEG.

¿Cómo es mecanismo?: El Tesoro le vende los DEG al BCRA contra pesos, y usa los pesos para lo que necesite. Al menos una parte los podrá usar para cancelar Adelantos Transitorios, ampliando el margen para el 2022. Luego igualmente recompra los DEG al BCRA contra una Letra en dólares a 10 años y con eso le paga al FMI, como se comentó antes. Con esto, los “papeles” del Tesoro quedan mejor ordenados. Tenemos entonces que los DEG se usan para ordenar los “papeles”, y para pagarle al FMI.
Vocación por gastar
La “realidad de la calle”, de la emisión de pesos para maximizar el gasto fiscal, va por otro carril. Es una decisión del gobierno, “táctica”, para intentar ganar las elecciones en noviembre. Que empalmará con una decisión de tipo más estratégica: la de gastar siempre todo lo que se pueda. Los límites que la realidad impondrá a esa vocación de gasto vendrán básicamente de 2 lados: los sustos que el Gobierno tenga cada vez que la brecha cambiaria suba mucho, y los acuerdos que deberá cumplir con el FMI. Por más que se está negociando con el FMI “más bueno” de la historia, éste no aceptará cualquier cosa.
Si fuera por nuestro gobierno, la macro se centraría en gastar y gastar, en gran parte vía emisión de moneda (como propone Juan Grabois) o emisión de cuasi monedas (como propone Claudio Lozano), y proceder luego (en esto acuerdan todos), a “reprimir” los efectos de esa emisión controlando a los “formadores de precios” (para que vendan a pérdida o a la mínima ganancia así no quiebran), y a los “especuladores”, es decir, a los ahorristas, pequeños o grandes, que prefieren dolarizar parte de sus ahorros. Y si la brecha cambiaria se va al 100% o al 150%...no interesaría mucho (a aumentar la represión nomás !!!).

Pero hete aquí que, dada la decisión de no defaultear con el FMI, ese camino no luce probable. El acuerdo con el FMI no permitirá que ese anhelo, de gasto sin límites, prospere, y el populismo se enfrentará a un “baño de realidad”.
De modo que, a regañadientes, esperamos que tras el “gasto electoral”, la necesidad de acordar con el FMI ponga un cierto freno al desenfreno, posibilitando a su vez, que el gobierno transite mejor los 2 años que le quedan, con una macro menos desordenada. Paradojas de la vida: la economía se beneficiaría de una mala performance electoral del Frente de Todos, y del cierre de un acuerdo con el FMI.
Mientras tanto: a revolear los barbijos y los pesos. Y a ordenar los papeles con la ayuda de los regalos del FMI.
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