
El difícil comprender que es lo que está queriendo hacer el Gobierno con el destino de Argentina. A esta altura los errores no forzados son algo prácticamente cotidiano. Vacunas que no están (o que están en brazos equivocados), declaraciones del Presidente que erosionan una porción de nuestras frágiles relaciones internacionales, Diputados quejándose de la “miseria” de sus sueldos y un país que no da más.
La semana comenzó con el Presidente de la Nación, Alberto Fernández, llamando a ocupar tierras. El Jefe de Estado en un acto público y sin mucho desparpajo explicó que carece de sentido tener “tierras improductivas” cuando hay alguien que necesita un terreno. Lisa y llanamente una invitación a que quién lo crea conveniente pueda tomar lo ajeno como propio. Lo interesante es que esto no es simplemente una preocupación para aquel que con mucho esfuerzo pudo comprar una parcela en algún alejado lugar y aún no logró construir o establecerse allí, sino que también es un llamado de atención para cualquiera que se le ocurra invertir un dólar en la Argentina.
PUBLICIDAD
Imaginemos que mañana les parecerá bien que aquel que no tenga trabajo tome uno por la fuerza, o aquel que gane mucho, pase a ganar la mitad para que se pueda inventar otro puesto de trabajo. Mejor aún: cuando los sindicatos se convenzan que una empresa tenga que trabajar de manera diferente, la podrá tomar sin más que con algunas banderas y bombos y una dosis de prepotencia. Ese es el país que propuso la frase y que mucho daño nos hace y hará a todos. Nuevamente pone frente a frente a quienes con su esfuerzo lograron hacerse de un patrimonio (sin importar como deseen utilizarlo) y quienes pretenden vivir de ellos, sin más. No sólo quedó en eso el desatino verbal: también cuestionó las herencias. Increíblemente el Presidente puso de manifiesto sus ideas más inmorales: robarle los activos a los difuntos. Toda una novedad.
Los días pasaron también junto a varias declaraciones de Diputados nacionales. Dos de ellas se destacaron por su falta de escrúpulos. Por un lado la de la diputada Mara Brawer: “Hoy no necesitamos la vacuna de Pfizer”. Está claro que no se anotició de los más de 83.000 muertos (40.000 de esos decesos ocurridos desde que comenzamos con la accidentada campaña de vacunación), ni de la cantidad de gente que espera la vacuna. Menos aún se ha percatado que cada tres minutos muere una persona por Covid en el país. Hay algo que sí está claro: ella está vacunada.
PUBLICIDAD

La otra frase que hizo trizas la templanza de muchos fue la de la diputada Fernanda Vallejos: “Pero sí, que un CEO de cualquier empresa que no tiene más responsabilidad que satisfacer el afán de lucro de un privado, aún a costas del pueblo, gane más que un representante de la voluntad popular, como país, da vergüenza”.
Es llamativo que solo compare su salario y no los gastos que conlleva el funcionamiento de todo el Congreso, Honorable sitio que cuenta con más de 14.000 empleados, con una media de 35 asesores por cada legislador (algo así como lo que contratan en promedio 3 pymes en la Argentina) y solo para dar algún ejemplo más, unos 1.425 empleados en la Biblioteca del Congreso (solo superada en cantidad de empleados por la Biblioteca Nacional de China y la Biblioteca Británica). También omitió en su débil comparación mencionar nuestros records en pobreza, inflación, desocupación y miseria. Y omitió aclarar que su sueldo equivale a 10 salarios mínimos (sin contemplar adicionales, viáticos, y demás conceptos liquidables) y que también equivale a 13 jubilaciones mínimas, las que perciben el 75% de los jubilados y pensionados. Por cierto cada cuatro niños, solo uno se alimenta como corresponde. Todo esto lejos de ser responsabilidad de algún CEO, es en buena parte responsabilidad de quienes nos gobiernan y de quiénes lo han hecho durante décadas. Lo de Vallejos se suma a un sinfín de frases de su autoría (todas desafortunadas, por cierto) entre las que se destaca la esbozada poco tiempo atrás: “Argentina tiene la maldición de exportar alimentos”. Dios nos proteja.
PUBLICIDAD
La semana se despide con la frase del presidente Fernández (en un intento suicida por congraciarse con su colega español) más disparatada de todas: “Los mexicanos salieron de los indios, los brasileños salieron de la selva, pero nosotros loa argentinos llegamos en barco”. Más allá del análisis del significado de la frase, de su origen o de lo que piense el Presidente, está claro que Alberto Fernández no está a la altura de las circunstancias. Esto ha sido un papelón absolutamente innecesario con consecuencias imprevisibles, en un país donde lo que verdaderamente somos en realidad es una tierra con el 46% de pobreza, el 11% de desocupación, el 70% de pobreza infantil y que se encamina a tener en algún tiempo no muy lejano, más habitantes pobres que no pobres.
Últimas Noticias
El alza de fertilizantes y el desafío de producir con inteligencia
Un encarecimiento de los insumos requiere que las empresas agrícolas adopten estrategias basadas en datos, tecnología y una administración eficiente para mantener la rentabilidad sin comprometer rendimiento ni calidad de producción

Las empresas priorizan beneficios ante la incertidumbre electoral
En períodos electorales, distintos sectores ajustan sus políticas para evitar decisiones de largo plazo, buscando soluciones a corto plazo que mejoren el bienestar diario de sus colaboradores

Beagle: el secreto mejor guardado
En 1978, durante la crisis por el Canal de Beagle, se planificó una de las operaciones más audaces y gravitantes en la zona del Cabo de Hornos. Para lograr encubrirla se desarrolló una gran maniobra de engaño, que incluyó falsas amenazas, simulaciones y hasta la participación de Palito Ortega y Carlos Monzón

Perder los anteojos en Tokio es una lección de convivencia y precisión
Atravesar una de las metrópolis con más habitantes en el mundo desconcierta a los extranjeros, especialmente a los argentinos

¿Eliminar el feminicidio en nombre de la igualdad?
La autonomía de este tipo penal encuentra fundamento, precisamente, en el reconocimiento de que determinadas formas de violencia contra las mujeres no pueden analizarse prescindiendo de los contextos de discriminación




