
La marca es un concepto que nos brinda mucha información y que opera fuertemente en nuestra toma de decisiones, porque como bien sabe el marketing, las marcas nos pueden generan confianza, afinidad y fidelización, tanto como desconfianza y rechazo.
Al igual que sucede con cualquier producto, los países presentan su propia imagen de marca, una construcción que habla sobre todo de cómo es percibido un estado en el contexto global y que, sin lugar a dudas, incide en la toma de decisiones relacionadas con el comercio exterior.
Lamentablemente, nuestro país desde hace décadas muestra una gran inconstancia en su construcción de marca, signada por cambios de rumbo con cada nuevo ciclo político, lo que más allá de las ideologías y preferencias de cada uno, creó una imagen negativa que no solo demandará mucho tiempo cambiar, sino que no se ven en lo inmediato señales tendientes a mejorar esta situación.
Pero algo es seguro, los hechos nos muestran que hoy por hoy Argentina no es una buena marca.
En su informe Hacia el fin de las crisis en la Argentina de 2018, el Banco Mundial destacó: “La extraordinaria fertilidad de sus tierras hace de Argentina uno de los productores agrícolas más importantes del mundo. Los sectores de la carne vacuna y la soja utilizan algunas de las prácticas más modernas del mundo y son líderes en genética, maquinaria agrícola e innovación”. No por nada en algún momento fuimos el granero del mundo.
Más allá del campo, el estudio señalaba también que el país tiene grandes oportunidades en algunos subsectores de manufacturas y en el sector de servicios innovadores de alta tecnología, donde en 2018, cuatro de las seis empresas unicornio de tecnología más exitosas de América Latina eran argentinas.
Sin embargo, es claro que algo anda mal. La participación del país en el PIB mundial es ahora menor al 0,5%, cuando era del 0,78% en 2017. Y el PBI per cápita argentino, que a principios de siglo era similar al promedio del grupo de economías de altos ingresos, en la actualidad representa solo el 38% de la producción económica por persona de estos países. En la región, fue superado en 2001 por Chile, en 2014 por Uruguay y en 2019 por México.
El principal motivo de esta problemática según el Banco Mundial es el “entorno macroeconómico inusualmente inestable y las grandes oscilaciones en la actividad económica”.
Hoy podemos comprobar que lejos de encaminarnos Hacia el fin de las crisis en Argentina, como pronosticaba el organismo internacional, nuevamente cambiamos de rumbo, interrumpiendo procesos que estaban en marcha y perjudicando otra vez la tan manoseada marca Argentina.
En lo que respecta específicamente al comercio exterior, ya en 2018 pasamos de un esquema que favorecía las exportaciones a la vuelta de las retenciones. Más adelante, pasamos de pensar al Puerto Buenos Aires con un solo operador e iniciar obras y pliegos de licitación con ese fin, a continuar con el esquema anterior. También pasamos de proyectar el traslado los Depósitos Fiscales de la zona portuaria, a mantenerlos donde están.
Vivimos en un mundo volátil, incierto, complejo y ambiguo, tal como se sintetiza actualmente con la sigla (V.I.C.A.), por lo que es fundamental que los países sumen certezas y confianza en su rumbo y sus decisiones, y no agregar más incertidumbres.
Tenemos el potencial natural de crecer como agroexportadores y aprovechar ese impulso para desarrollar la industria y el gran talento de los científicos y profesionales argentinos, desarrollar las infraestructuras para tener una logística más eficiente y sumar competitividad a las exportaciones. Limitar la burocracia y agilizar los procesos vinculados al comercio exterior para estar alineados a las tendencias que marcan los mercados globales.
Pero para lograrlo es necesario consensuar un rumbo país, escuchar las necesidades y sumar la experiencia del sector privado, que es el que realmente suma valor, para finalmente trabajar fuertemente en ello.
Contrariamente a lo que solemos sentir, el mundo no nos espera y puede continuar creciendo sin nosotros. Es hora de dejar de mirarnos el ombligo y de sentar las bases de una marca argentina confiable y competitiva, no ya por nosotros, sino por el futuro de las nuevas generaciones de argentinos.
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