Día del Veterano de Guerra: gloria a los héroes que dieron la vida por la patria

Nos faltan los 649 civiles y militares que cayeron durante el combate en Malvinas o como consecuencia del enfrentamiento

Día del Veterano de Guerra: gloria a los héroes que dieron la vida por la patria
Día del Veterano de Guerra: gloria a los héroes que dieron la vida por la patria

Cuando caía la tarde de ese 14 de junio de 1982, tuvimos la clara conciencia de que la guerra había terminado de la peor manera. En ese silencio que envolvió a Puerto Argentino después de los combates de la noche anterior, en la lenta afluencia de tropas hacia la localidad, bajo el cielo plomizo se anidaba una mezcla de sentimientos de rabia, dolor, tristeza, alivio, incertidumbre y vergüenza, que cada uno experimentó y expresó como la falta de preparación para ese momento se lo permitió.

Hasta ese instante muchos corazones esperaban el milagro, aferrándose a su fe o al convencimiento de que alguien haría algo que revirtiera la suerte de las fuerzas cercadas en Malvinas. Nada de eso ocurrió y lo inevitable cayó como un baldazo de agua helada, más duro que la nevada y el temporal, sobre todas las esperanzas.

Miles de hombres y un puñado de jóvenes mujeres volvieron a una normalidad que les resultaba más extraña que el cañoneo naval, el frío entre las piedras o las noches de vigilia.

Desandar una guerra y la consiguiente movilización llevó tiempo. Había que ocuparse de las familias de los caídos, de los heridos en los hospitales, de recuperar la capacidad de las unidades afectadas a las operaciones, y, hasta el mes de julio, además debía resolverse la situación de los argentinos retenidos por Gran Bretaña en la Islas.

Los soldados de las clases incorporadas fueron los primeros en quedar fuera de la jurisdicción militar y volver a sus casas. Volver para la alegría del reencuentro. Pero también para explicar lo sucedido. O para empezar a vislumbrar las sospechas sobre comportamientos o sobre el equilibrio emocional consecuente. Cada uno lo afrontó solo. Como pudo. Como lo ayudaron. Y también contra sus propios miedos y fantasmas. Contra la incomprensión y el abandono.

Muchos jóvenes oficiales y suboficiales corrieron similar suerte al dejar las fuerzas por mil circunstancias distintas, donde el catalizador de la guerra amplificó problemas o desengaños.

Esa juventud sin guías ni rumbo, sin ocupación muchas veces, encontró en el otro camarada, conocido o amigo más próximo, su primer apoyo con quien poder compartir su angustia, sus recuerdos, su historia, su orgullo... Los centros de veteranos de guerra nacieron de las necesidades individuales y de pequeños grupos de argentinos desparramados por toda la geografía de la Patria continental, librados a su suerte.

Con el paso del tiempo también se cruzaron con las organizaciones de veteranos locales las organizaciones formadas sobre la base de las unidades de las fuerzas y civiles participantes en el conflicto. Los cuadros de las fuerzas que continuaron en servicio fueron uniéndose a cada organización a lo largo de los años, aunque todavía hoy hay veteranos desenganchados de toda estructura formal de veteranos.

Existen cientos de organizaciones con personería jurídica y seguramente unas cuantas más sin formalidad alguna. Pero el común denominador en todas ellas es la lucha por la soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur. Y la camaradería. Después, cada grupo adhirió a posturas políticas, a intereses particulares, se agrupó con otras organizaciones o se fragmentó en varias... O prescinde de todo ello y actúa independientemente. La comunidad del sentimiento patriótico y de afectos personales está por encima de muchas diferencias.

Con la creación de la Comisión Nacional de Veteranos de Guerra, dentro de la órbita del Ministerio del Interior, se pretendió reunir y normalizar la comunicación de todas las organizaciones con el gobierno nacional. No todas adhirieron. No fue mucho el avance.

El Ministerio de Defensa constituyó el año pasado su propio Departamento de Veteranos de Guerra, sobre la base de lo existente en las distintas fuerzas, actuando en forma centralizada para la solución de temas prácticos.

Estamos en las vísperas de los 40 años de la Gesta de Malvinas, cruzados estos dos años por la amenaza de la pandemia y con una situación de las organizaciones que no evolucionará mucho más allá de la forma en que las conocemos.

Pero lo que siempre resulta estimulante es ver el desempeño de veteranos de guerra que individualmente o en grupo continúan haciendo esfuerzos y sacrificios por la Argentina que alguna vez defendieron con las armas. No son noticias que trascienden, porque son gestos y acciones de humildes soldados o civiles sin respaldo mediático.

Sin embargo, están en todas. En las inundaciones. En los incendios. En la pandemia. En la escuelita. En el cuartel de bomberos. En los institutos de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas de Seguridad. Hace ya 39 años... Llevando su granito de arena celeste y blanco y el recuerdo permanente de nuestros héroes.

Porque los Veteranos de Guerra de Malvinas, en todo momento, en el desfile por las avenidas del país o en el Cenotafio de Plaza San Martín o de Pilar, en el Museo Nacional de Malvinas de Oliva, o en una plaza o una calle con un nombre de un héroe, estamos incompletos.

Nos faltan los 649 héroes que cayeron en combate o como consecuencias del combate en Malvinas. Desde nuestro primer muerto en Malvinas, el Capitán de Corbeta de Infantería de Marina Pedro Edgardo Giachino, caído en la reconquista el 2 de abril, hasta los de los últimos combates.

¡Ellos son los héroes, civiles y militares, que dieron la vida por la patria!

¡Gloria y honor a todos ellos!

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