La pandemia del COVID-19, desatada ya hace más de un año, ha sido una catástrofe en términos sanitarios y, también, socioeconómicos. Según estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), la economía global se contrajo un 4,4% en 2020. Nuestro país está entre los que más han sufrido, con marcadas caídas en la producción y el empleo, y significativos aumentos en los índices de desempleo y pobreza.
Al mismo tiempo, el planeta arrastra la crisis climática, la mayor amenaza a la humanidad en el futuro previsible. Nuestra civilización se caracteriza por un perfil fuertemente contaminante, que ha impactado severamente en el ambiente.
La convergencia de estas crisis plantea una gran oportunidad. Las políticas de estímulo para la recuperación de las economías muestran una clara orientación hacia proyectos ambientalmente sostenibles, lo que permite abordar simultáneamente ambos problemas.
La Unión Europea, en su programa NextGenerationEU, un paquete de 750.000 millones de euros destinado a la reactivación, incluye lineamientos orientados a investigación e innovación, la promoción de una transición justa en materia ambiental y digital, la asignación del 30% de sus fondos para estrategias en materia de cambio climático, y la protección de la biodiversidad, en untotal que, considerando el presupuesto del bloque, alcanza a 1,8 billones de euros.

Por su parte, los Estados Unidos aprobaron un programa de estímulos directos por 1,9 billones de dólares que, en total, podrían llegar a 4 billones, considerando subsidios y créditos impositivos, con una clara orientación hacia el desarrollo de una infraestructura sostenible y la promoción de las energías renovables.
Asimismo, el presidente de los Estados Unidos Joe Biden convocó 40 países, entre ellos la Argentina, a una Cumbre de Líderes sobre el Cambio Climático, para aunar esfuerzos, movilizar financiamiento público y privado, asistir a los países más vulnerables, promover la innovación tecnológica y crear empleos ambientalmente sostenibles, entre otros objetivos. Todo ello permite ser moderadamente optimista en los meses que llevan hacia la conferencia de países sobre el cambio climático, que se realizará en noviembre en Glasgow, Escocia.
Es posible que esté comenzando una dinámica virtuosa hacia acciones más decididas en materia climática, con beneficios sociales y económicos adicionales. La Argentina no debe dejar pasar esta oportunidad.
* Claudio J. Lutzky es abogado, especialista en cambio climático y sostenibilidad. Director del Programa de Actualización en CambioClimático de la Universidad de Buenos Aires
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