
Cuando después de una fastuosa celebración de la familia Pahlevi de los cincuenta años de haber llegado al poder en Persia, en muchos medios occidentales se celebró el levantamiento de los ayatolas y la insurrección popular que terminarían con esa dinastía, ignorando las consecuencias políticas que de allí se derivarían. Khomeini y los barbados ayatolas que lo acompañaban no llegaban para instaurar una democracia (que nunca había existido) en Persia, sino para establecer una dura teocracia, con fuerte acento medieval. Shiitas fundamentalistas venían a imponer la Shaira y el gobierno del Estado por los ulemas.
El shiismo, corriente minoritaria del Islam, nace en el siglo VIII a partir de la convicción de que los imanes (sucesores de Mahoma) son doce, y que el último, el Mahadi, no está muerto, sino que fue ocultado por Dios a la vista de los hombres en el 874. Solo volverá a ser visto en el Fin de los Tiempos, cuando regrese para establecer la Justicia y la Verdad.
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El shiismo recién se convierte en religión del Estado en Persia en 1501, con la llegada al poder de la dinastía de los Safávidas, de origen azerí y artífices de la unidad de ese país. Se expande por el mundo musulmán y llega a tener una fuerte presencia en Irak, Bahréin, Azerbaiyán y el sur del Líbano, además de contar con minorías más o menos importantes en el Yemen, Siria, Pakistán y Afganistán.
Sin embargo, no adquiere importancia política hasta la rebelión contra la dinastía Pahlevi y la llegada de Khomeini al poder. Su primera ambición fue contar con la bomba nuclear. En ello jugaban dos razones: primero, adquirir un poder disuasivo hasta entonces ausente, y segundo, igualar a aquellos de sus vecinos que ya disponían del arma nuclear: Pakistán, India y a distancia de un misil, Israel. Para ello contaba con los trabajos en materia nuclear comenzados en la era Pahlevi bajo la dirección de un físico argentino, el Contraalmirante Quihillat.
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En ese proceso el gobierno iraní logró producir y acumular suficiente material fisionable como para despertar las alarmas del Director de la Agencia Internacional de Energía Atómica. Es en este punto que los Estados Unidos intervienen para pedir a Irán la neutralización de ese material y detener el proceso de fabricación del arma nuclear. La “bomba” en manos de los ayatolas no solo les otorgaría una capacidad disuasiva y un poder de presión sin precedentes sino que también llevaría su prestigio en diversos medios del mundo islámico más allá de lo conocido.
La negativa iraní a aceptar este “ultimátum” es la causa esgrimida por la Administración Trump para justificar la iniciación del actual conflicto. El ataque combinado de la aviación y de la capacidad misilística de Estados Unidos e Israel parecía suficiente para detener este proceso. No ha sido el caso: Irán ha seguido con sus planes y esto ha originado el ataque combinado de Estados Unidos e Israel a instalaciones de producción de material nuclear y a supuestos centros de almacenamiento, algunos de ellos bajo tierra. Es difícil determinar, pese a las Declaraciones del Presidente Trump si esto ha terminado con la capacidad de producción o con el material almacenado por Irán. En cambio, ha terminado con la vida del Líder Supremo, el Ayatola Jamenei y buena parte de su Estado Mayor y probablemente, en un ulterior ataque, ha herido de gravedad a su hijo y sucesor. Mientras tanto Irán ha respondido a los ataques con misiles a Israel y a las bases norteamericanas en varios países: Bahréin, Kuwait, Qatar, EAU, Arabia Saudita, Irak y Jordania. Y ha contribuido a agravar el conflicto en el Líbano con su apoyo a Ezbollah. Además, intentó cerrar al tráfico el estratégico Estrecho de Ormuz, por el que pasa alrededor del 20% del petróleo y gas que se consumen en el mundo. La respuesta norteamericana ha sido el bombardeo y posible destrucción de las facilidades de operación de combustibles en la Isla de Kharg, pero no de los centros de producción de esa isla. Al mismo tiempo, Estados Unidos ha dispuesto el envío de buques de guerra y naves de apoyo hacia Medio Oriente, con 5.000 “marines” listos para intervenir donde sea necesario y ha comenzado a desplazar hacia la región, lanza misiles instalados en Corea del Sur.
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Irán, se encuentra aparentemente corto de misiles pero tiene una fuerte capacidad de producción de drones y sus dirigentes, que saben que sería imposible intentar invadir un país de 85 millones de habitantes, han optado por una estrategia de resistencia y desgaste del enemigo. Estamos, en definitiva, frente a un conflicto que puede ser largo, costoso en vidas y posiblemente muy costoso desde el punto de vista económico, dado el fuerte aumento del precio de los combustibles que ha originado.
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