
Argentina, después de 1 año y 3 meses de agonía, abandona el “Grupo de Lima” . Dicho grupo fue creado por 12 naciones latinoamericanas en el 2017 para apoyar la normalización democrática en Venezuela a través de elecciones libres y la liberación de los presos políticos, y para expresar fuertes cuestionamientos a las constantes violaciones a los derechos humanos, que incluyen miles de asesinatos ocurridos en las últimas dos décadas.
El Grupo de Lima es también un contrapeso a una actitud más intervencionista por parte de los EEUU. En ese sentido, cuestionó por unanimidad cualquier intento de irrupción militar externa bajo la premisa que la solución del drama político, económico y humanitario que sufre el país hermano solo puede resolverse por mecanismos propios de la sociedad venezolana.
Alguien podría cuestionar el resultado de las gestiones encaradas por el Grupo al no haber avanzado en una solución concreta en los últimos 4 años, desde su creación, pero sería injusto porque no es cierto.
El Grupo fue un impedimento cierto a cualquier aventura militar que desestabilizara la más que precaria situación institucional en ese doliente país que tiene más de 5 millones de personas que emigraron porque fueron expulsadas o forzadas a huir al no poder subsistir en un país que tiene índices de pobreza superiores al 80 por ciento. También permitió que esa incontenible marea humana fuera recibida con los brazos abiertos por los países integrantes del Grupo y gestionara que muchos otros hicieran lo mismo.
No será suficiente, pero tampoco se le puede pedir más que eso.
El tema no es irse del Grupo, sino a dónde vamos. Y ahí está el problema. No nos vamos para sumarnos a una propuesta mejor, sino a la hipocresía permanente de oscilar entre el apoyo al régimen dictatorial de Nicolás Maduro y una tibia critica a algunas de sus conductas.
Mientras tanto, paralizamos las negociaciones del Mercosur, criticamos a Chile, mantenemos confusas relaciones con los EEUU, la UE y China y definimos un “eje estratégico” con Bolivia y México, con la “inspiración ideológica” del “Grupo de Puebla”. Si alguien lo entiende, que me lo explique.
Los vientos soplan muy favorablemente para Argentina... Solo tenemos que entender y consensuar un rumbo. El actual nos lleva a estrellarnos sin remedio.
Diego Guelar fue embajador argentino en USA, la UE, Brasil y China
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